A propósito de…

Rastrillando
Por Mario Munguía Murillo

Violencia. El tema de moda. Parafraseando a Don Gilberto Escobosa Gámez…”cuando yo era chiquito vi…” que los domingos sacaban de barandilla –Comandancia Centro, aún- a los malandros y revoltosos del fin de semana; les daban una escoba, pala, recogedor e iban jalando un tambo de doscientos litros donde depositaban la basura que recolectaban por la calle Matamoros hasta la Serdán, y de regreso por la Juárez. Para que el pueblo los vea.

Va usted a creer que solo eran puros malandros, pues no, era todo aquel que “se portaba mal” le decían los “tamarindos” (policía) al papá cuando iba a sacarlo del bote. La noche anterior se habían peleado en el baile ranchero que era organizado por la escuela de Agricultura de la Universidad de Sonora (es un ejemplo, pues también lo hacia Ingeniería, los Químicos y Leyes y hasta la preparatoria cuando esta era parte del campus universitario).

La sirena sonaba a las nueve de la noche, todos los días, y era la señal para que los chamacos –niños y adolescentes- que andaban en la calle, volvieran al calor del hogar; hay de aquel que llegara tarde, y dependiendo de la falta, el castigo era un regaño o, unos cintarazos “pa’que entienda” nos decía el papá o la mamá según fuera el caso.

Todo el mundo conocía al mariguano del barrio, quien era temido y respetado, pero él, “el mariguas” –le decían los señores-también tenía su propio código, y entre este, su código, era ser muy respetuoso con las señoras y señores adultos, mujeres y niños y sus padres, además, muy servicial con los vecinos, pues sabía que de eso dependía si comía ese día.

Hermosillo fue creciendo, primero el auge de la Costa de Hermosillo, luego vino la industrialización de la ganadería, llegaron las maquiladoras a principio de los años ‘70s; luego, el boom de los parques industriales, así se estableció la Ford y las industrias satélites.

El pueblo creció, se transformó en ciudad. Ya no se llamaron barrios, inicialmente les nombraron colonias, hoy son fraccionamientos; la mancha urbana empezó a dividirse, a marcar los status sociales; aparecen los “mall” ya entramos a la modernización, ya casi somos iguales a Tucson.

Desaparecen los lavaderos públicos, el Casino Cuauhtémoc mejor conocido como Cua-Cua, el XX Equis, la cancha 4, el Flamingos; fueron sustituidos por el Blocki’O, el Swith-in; el Café Jardín donde comían “shopsuei” –pronunciaban los popis- los domingos las familias clase mediera, mientras en el Limoncito llegaban todos, si en el Jardín Juárez.

“Enque” –clásica expresión de los hermosillenses viejos – “la Copo”, en el mercado municipal, se compraba las lecturas obligadas para cada edad: Memín Pingüin, Hermelinda linda, lagrimas, risas y amor, periódico el Regional, Ja-Ja, Notitas musicales, y por supuesto la Alarma especializado en la nota roja nacional.

Más que la nota en sí, la gente buscaba el periódico Alarma por morbo, ahí se veían fotos de descuartizados, muertos, accidentes automovilísticos, y las cabezas de las notas eran geniales: “Matolo (de matar) por amor”, “agarrolo y estrangulolo”, “por marica matolo su amante”.

Los demás periódicos tenían su sección de nota roja, pero no pasaba de una página, incluida los anuncios. Hoy, la nota roja ha pasado a ocupar “la de ocho” y a diario.

Los hermosillenses recuerdan aún “el domingo rojo” y, más atrás “el loco del puente”; hoy, parece que todos los días de la semana “son rojos”; antes, los criminales eran mayores de edad, hoy son jóvenes y adolescentes-niños.

El departamento de investigación despareció, “las pericas” y las Harley, pistolas calibre 22, el jefe su 45, ya no existen. Ahora las patrullas son “artilladas”, hasta cámara de video y computadoras en su interior; armas más potentes, chalecos antibalas y casco.

Hermosillo acaba de cumplir 317 años; hoy, dicen que la masa humana alcanza el millón de individuos, la mayoría jóvenes. El crecimiento urbano sin control, y con ello, los problemas en los servicios y la seguridad.

El Hermosillo de ayer, se desmorona ante los ojos de la gente; cada día se derrumba una casa “vieja”, así, vamos perdiendo el patrimonio histórico tangible, pero también el intangible. Y con ello la identidad de ser hermosillense.

La violencia crece, las leyes se reforman, “se modernizan” dicen los legisladores y gobernantes. Pero no se aplican porque ya existen los derechos humanos.

Pero la vida continua, evoluciona. ¿Para mejorar? Sería la pregunta.

Bueno, también es cierto que esta semana inicia la décimo quinta edición de las Fiestas del Pitic (las inicio Poly Coronel), hoy nombrada Festival Internacional del Pitic; y del 25 al 27, habrá tertulia entre los escritores de Sonora e invitados de otras ciudades de la República y algunos del extranjero, las Horas de Junio 2017, las “invento” y bautizo el Raúl Acevedo Sabin junto al cartel (palabra de moda) de los poetas malditos; la invitada homenajeada será la poeta Elba Macía, esposa – viuda- del escritor y cuentista chiapaneco, Eraclio Zepeda Ramos.

Pero mejor a’i se las dejo…sigo en campaña…!!!SARAVAH!!!

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@mariomunguia8

www.vocesdeldesierto.com

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