Telarañas mentales…

Rastrillando
Por Mario Munguía Murillo

Mario MunguiaLas comparaciones son odiosas, máxime cuando (siempre lo hacemos) nos queremos “igualar” a los gringos. Quizá se deba a que somos frontera con los Estados Unidos de Norteamérica e históricamente hemos dependido más de ellos que del centro de este país. Pero hay cosas que no tienen comparación alguna.

Por ejemplo, el salario. “Hace solo un mes se consideraba imposible. Pero en apenas dos semanas, California ha aprobado la subida del salario mínimo más grande de Estados Unidos, un 50% en los próximos seis años. La subida a 15 dólares la hora es una reivindicación de los sindicatos y del ala más izquierdista del Partido Demócrata y es considerada un peligro para la economía y la creación de empleo por parte de los republicanos y casi todas las organizaciones empresariales”. Nota firmada y publicada en El País por Pablo Ximénez de Sandoval, firmada en Los Ángeles, California el 31 marzo del 2016.

Viene a cuento porque en Sonora los meses de marzo y abril, es cuando los sindicatos revisan sus contratos y salario, previa demanda interpuesta ante la Junta de Conciliación y Trabajo donde se supone y, solo se supone, las partes involucradas deben sentarse a discutir y negociar las peticiones sindicales. La realidad es otra.

Hace ya tiempo atrás – años-, que los aumentos salariales en México no rebasan el 4 – 5 por ciento en comparación con los aumentos desproporcionados en los productos básicos y servicios.

Fue en diciembre de 1986, cuando el Congreso de la Unión y las legislaturas de los Estados aprobaron una iniciativa del Ejecutivo que reformaba “el sistema salarial”, y a partir del 1 de enero de 1987, los salarios mínimos son fijados por la Comisión Nacional, desapareciendo así, las Comisiones Regionales. Dicha reforma se publicó en el Diario Oficial de la Federación el 23 de diciembre de 1986.

La Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS) hizo el anuncio de que a partir de abril de 2015 se reducirá la brecha salarial entre las zonas geográficas.

Mire usted, en el 2015, el salario mínimo en el área geográfica A era de 70.10 pesos diarios y en el área geográfica B de 66.45 pesos, entre ambos salarios existe una diferencia en porcentaje de 5.2 por ciento y en pesos de 3.65. Si aumentara el 2.6% aprobado, la Zona B era de 68.28 pesos diarios.

Así, nuestros flamantes representantes ciudadanos, o sea, el Consejo de Representantes de la Comisión Nacional de Salarios Mínimos (Conasami) acordó que a partir del 24 de septiembre del 2015, se aplicara un solo salario mínimo general para todo el país.

¿Sabe usted de cuanto fue el “ajuste”? se lo digo. De 1.82 pesos.

Y ¿sabe usted cual fue el argumento? Se lo digo. Nuestros diputados federales, allá en el templo de la democracia, o sea, la Cámara de Diputados, dijeron: “se aprueba el dictamen por lo que se desindexa (¿?) al salario mínimo como medida para calcular el pago de servicios y multas”.

Pero bueno, dentro de este contexto, aquí en Sonora desde hace unos siete años, el incremento no ha rebasado el 5 por ciento.

Los procedimientos ante la Junta Local de Trabajo son sencillos –aparentemente-, o así deberían de ser; el sindicato “demanda” la revisión que por ley le corresponde, el “demandado”, o sea el patrón, está obligado a responder de acuerdo a las posibilidades reales del pliego petitorio, también por ley.

Se supone así debería de ser. Pero, las injerencias políticas dentro de los sindicatos echan a perder lo que se supone debería ser consensuado entre las partes para beneficio de los trabajadores y la empresa (igual, las instituciones de gobierno).

Ya amenazo el rector de la Universidad de Sonora Heriberto Grijalva que no dará nada a las peticiones del sindicato STEUS, lo mismo para los maestros del STAUS, “que se vayan a huelga, y si es así, puede durar tres años” dijo. Argumento fácil y provocador.

En sentido contrario, los trabajadores –STEUS y STAUS- piden dialogar con el señor rector, para llegar a un acuerdo que beneficie a ambas partes, y no con terceros que no tienen autoridad ni legal ni moral.

En el caso del Isssteson, la cosa se ha complicado; por un lado, las telarañas políticas de decir “tú eres panista” o “tú eres priista”, han venido a romper el dialogo entre las partes.

A los representantes sindicales los tachan de “panistas”, y ese solo hecho solo viene a complicar las buenas relaciones que la señora gobernadora a dicho decenas de veces en sus discursos.

El responsable es Enrique Claussen y no la “Junta Directiva” (sus funciones son otras), pues el sentido común de los sin voz, saben que la “información” que se maneja en los medios, solo él es quien la autoriza.

En un principio, los trabajadores habían aceptado el incremento salarial del 4% retroactivo al 1 de enero, así como un techo presupuestal del 3.4 millones de pesos en diferentes prestaciones.

¿Pero qué paso? Y aquí es donde digo que “las telarañas” políticas, son las mismas que utilizaron en la campaña y aun así, no han superado los tiempos.

Que dice el boletín enviado por el área de comunicación del instituto: “El Presidente de la Junta Directiva (que también es el Director del instituto), Enrique Claussen Iberry informó que es importante decir a toda la base trabajadora del Instituto, que la presente administración tiene el objetivo primordial de servir a los 187 mil derechohabientes a través de una escrupulosa y eficiente uso de las cuotas de los 77 mil 252 trabajadores afiliados, pues no hacerlo sería irresponsable, ya que se condenaría a la quiebra y a la desaparición al Instituto”. Igual que el rector Heriberto Grijalva, argumento fácil y provocador.

Mientras Horacio Valenzuela, responsable de mediar entre las partes, se encuentra en el dilema de la “institucionalidad política”.
El área responsable, también, de mediar es la Secretaria de Gobierno, y Miguel Pompa, el secretario, no tiene una buena relación con la CTM que lidera Javier Villarreal, producto de la intrusión de los taxis UBER, entre otras cosas.

Pero bueno, así podríamos seguir escribiendo de lo que la señora gobernadora no ve, o no quiere ver, pero que al final son serios problemas que están creciendo y, que repercute en la vida de los sonorenses. Y todo por las “telarañas mentales”.

¡Ah! Se especula de nepotismo en los sindicatos y, me pregunto ¿los esposos y esposas, amantes, compadres, hijos, hermanos, cuñados y cuñadas incrustados en los puestos directivos de gobierno (municipal y estatal), eso no es nepotismo?

Pero mejor a’i se las dejo. La gobernadora aún tiene tiempo de poner un alto al “desgobierno” de su gobierno. Lo siento, así veo las cosas…!!!SARAVAH!!!
@mariomunguia8
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