Arturo Soto Munguia
Cuando Claudia Pavlovich llegó a las primeras filas de sillas en el auditorio de la Unión Ganadera, después del trayecto rumbo al presídium para tomar protesta a la nueva directiva de los ganaderos sonorenses, hubo de sacrificar algunos saludos.
Incluso a su esposo, Sergio Torres, apenas si le correspondió la cortesía, lo mismo que a su secretario de Gobierno, Miguel Ernesto Pompa Corella, que ocupaban las dos primeras butacas al lado del pasillo central por donde entró, en la segunda fila del auditorio.
Después de ‘El Potrillo’ estaban las diputadas Kitty Gutiérrez e iris Sánchez Chiu, así como el coordinador parlamentario del PRI, Epifanio Salido. A ellos los saludó a corta distancia agitando su mano y se volteó rápidamente a su izquierda, para retomar el camino rumbo al presídium. Se cuidó mucho de no mandar la mirada más allá de ‘El Pano’.
Y es que a la derecha del diputado estaba ubicado Agustín Rodríguez, el ex secretario particular de Guillermo Padrés y hoy diputado federal plurinominal por obra y gracia de los estertores del poder padrecista, que alcanzó a blindarlo con el fuero legislativo, por aquello de que le quisieran hacer efectiva la orden de aprehensión que un juez ha obsequiado en su contra por los delitos de tortura, abuso de autoridad y delitos contra la procuración de la justicia.
El caso es muy conocido. El señor Rodríguez, que antes de 2009 vivía en una casa prestada por la suegra en el clasemediero fraccionamiento Montecarlo en Hermosillo, hoy aparece como uno de los más prósperos ganaderos de la región, poseedor de los mejores toros de la comarca y mucho ganado de alto registro, según confiaron algunos de los rancheros allí presentes.
Agustín Rodríguez tiene una orden de aprehensión derivada de su participación en el caso de secuestro y tortura de la ex trabajadora doméstica de la familia Padrés Dagnino, Gisela Peraza, y que podría hacerse efectiva cuando abandone su curul en San Lázaro.
Por si fuera poco, al lado de Agustín, estaba la ex directora del Isssteson, Teresa Lizárraga, también diputada federal gracias a su jefe Guillermo Padrés, que le otorgó el blindaje necesario cuando todavía controlaba, por la vía del financiamiento abundante y sucio, al PAN nacional, donde ya tampoco nadie quiere saber de él.
Teresa, como se sabe, tiene mucho qué explicar acerca de los más de 4 mil millones de pesos (¡cuatro mil millones de pesos!) desfalcados al fondo de pensiones.
Pero allí estaban ambos, sonrientes y aplaudidores, quizá esperando que la gobernadora se acercara para saludarlos.
Enfrente, se apiñaban los fotógrafos esperando ese momento. Ese fugaz encuentro ansiado por las lentes, cuando la gobernadora estrechara las manos de dos de los principales indiciados de la corrupción padrecista, que se quedaron esperando.
La gobernadora los vio con el rabillo del ojo. Los ubicó. Ubicó también a la nube de fotógrafos. Dobló a su izquierda y siguió saludando gente por esa parte del auditorio, antes de subir al presídium, donde se colocó al centro.
No fue una descortesía. Fue un acto de precaución. Extender su mano a ese par de eventuales vecinos de crujía de Jorge Morales, el secretario de Comunicación de Guillermo Padrés, preso a unos cuantos metros de ahí (el Cereso I está ubicado frente a la Unión Ganadera), tendría demasiadas implicaciones políticas.
La gobernadora dejó a Agustín y a Teresa aplaudiendo de pie, esperando que llegara a saludarlos. No lo hizo. Dobló a la izquierda y siguió su camino. Los aplausos de Teresa y Agustín bajaron de intensidad. En sus rostros, desapareció esa sonrisa ensayada durante horas frente al espejo.
Luego se sentaron, para conformarse con el consuelo de saber que su presencia allí refrendaba su condición de rateros. Es decir, si se robaron la mitad del presupuesto del estado, robarse el show era cosa fácil. Lo hicieron.
Todos los medios, incluyendo esta marginal columna, hablan de ellos, lo cual está muy bien si nos atenemos a la teoría de su jefe de jefes en materia de posicionamiento mediático, Javier Alcaraz, que ese mismo día aportó su granito de arena, calificando como desvergonzados a Teresa y Agustín. Es lógico: lo importante es que se hable de ustedes, no importa que se hable muy mal.
Para los observadores serios de la realidad (y este Zancudo no se incluye en ellos), sin embargo, es claro que a las realidades virtuales que alimentaron la mediocridad de esos espíritus pequeños que gobernaron en el pasado reciente, comienza a revertirse. Y el maquillaje a descorrerse.
II
El tema de los derechos de las mujeres ocupa parte importante de la agenda por estos días. El hecho de que sea una mujer quien gobierna Sonora sin duda es una variable que influye de manera importante para que así sea, pero además se han registrado varios hechos que atrajeron la atención de la opinión pública hacia los asuntos relacionados con la defensa del género.
La orden de aprehensión contra Agustín Rodríguez por la tortura a Gisela Peraza es uno de ellos, pero no el único.
El lamentable desbarre del conductor de radio y televisión, Sergio Romano sobre el ‘perreo’ vacacional de la maestra Clarissa, le costó el trabajo en Telemax y la cancelación temporal de la anuencia que otorga el STIRT para laborar en emisoras privadas que tienen contrato con ese sindicato.
La maestra fue despedida de su trabajo en un colegio particular de Ciudad Obregón y su caso ya se encuentra en la Comisión Estatal de los Derechos Humanos bajo un expediente por discriminación; también el Instituto Sonorense de la Mujer, cuya titular, Esther Salas Reátiga se reunió ayer con la profesora y le expresó su solidaridad y apoyo.
En el marco de la jornada nacional de movilización a la que convocaron distintas organizaciones de mujeres, y que se apoyó en la campaña #MiPrimerAcoso, que inundó las redes sociales en los últimos dos días con denuncias, se expusieron casos en que los hombres ejercieron de una y mil formas su vocación por el abuso contra las mujeres; su condición de machos , típica de quien esconde en ella el verdadero costal de traumas que cargan a cuestas.
En Sonora causó revuelo la revelación de la joven Mayra Borbón, quien en su cuenta de Facebook expuso el caso de un tipo al que no menciona por su nombre, pero lo describe con tal precisión, que todas las miradas apuntaron hacia el ex director del Instituto Sonorense de la Juventud, Julio Gutiérrez.
El relato de la joven se volvió viral en unas cuantas horas y provocó la ira del hoy asesor del diputado federal Javier Neblina, quien lo rescató del desempleo y lo integró a su equipo, donde está haciendo una excelente labor para acumularle más carga negativa al legislador, que de por sí no necesita mucha ayuda para eso.
Gutiérrez no ha aclarado los señalamientos que lo ubican como un acosador sexual; en cambio, ha operado desde sus cuentas troll para descalificar y denostar a quienes replicaron los señalamientos, algo que también hizo muy bien durante su gestión como funcionario público. Tan bien, que le arrimó suficiente leña a la hoguera donde Guillermo Padrés fue chamuscado el pasado siete de junio.
La falta de respeto y la agresión hacia las mujeres no es extraña en el caso del ex funcionario y hoy promotor de Javier Neblina rumbo a una improbable candidatura. De hecho, fue la marca de la casa durante el pasado sexenio y de ello pueden dar cuenta las mujeres periodistas, activistas sociales, políticas o simples opositoras al padrecismo rampante.
Con esa condición de machitos castrados habrán de seguir por la vida, ayudando a destruir los tímidos intentos del PAN por articular un discurso más o menos coherente sobre una perspectiva de género que simplemente no encuentra asideros en la realidad de las prácticas de algunos de sus militantes, que bien podrían caber perfectamente en la siguiente descripción:
El sentimiento de inferioridad opera en forma de culpabilidad, que el acosador siente por no poseer atributos que él estima ideales. Los defectos físicos, intelectuales o emocionales generan un sentimiento de inferioridad que la persona intenta compensar superando esas carencias mediante el desarrollo de un complejo de superioridad. El complejo de superioridad hace que el acosador viva en la ficción de la posesión de valores, atributos y cualidades que en realidad no posee, negándolos en los demás de manera defensiva. Cuando surge en su entorno una persona (la víctima) que sí posee en verdad tales características, ello supone para el acosador un verdadero choque con la realidad. Su reacción ante esa dolorosa realidad suele consistir en negar, eliminándola, la fuente de la disonancia, desarrollando el psicoterror contra la víctima. El objetivo es hacer desaparecer a la víctima del horizonte psicológico del acosador porque sus capacidades suponen para éste una desestabilización psicológica.
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