POCO DESPUÉS DE LA RIATIZA que le puso Batman a Superman en la película que fui a ver con mis dos chamacos al Cinemex de la Bachoco, un poco más allá de media película en el interior de la sala empezaron a sonar las señales de alarma y se prendieron y dieron vuelta dos focos blancos o plateados colocados en las esquinas, donde están las dos puertas de salida de emergencia y que, no se quien, las abrió con facilidad.
El sonido estrambótico de la alarma no iba más allá de los decibeles permitidos, no causaban miedo, sino expectativa al advertirnos que algo pasaba (ni idea de qué pasaba) y nos urgían esa luz y sonido a abandonar la sala. Bajamos los escalones que se podían ver con claridad gracias a que la película seguía transcurriendo y salimos, todo con calma. Buscamos humo de algún lado conforme dicta la lógica pues pensamos que se quemaba y no vimos nada. Seguimos siempre al pendiente de algún atrabancado que quisiera pasarse de listo y causar mayor temor con alguna acción rara.
Los morros bien, aunque por su complexión ellos me podían cargar a mí con facilidad. Salimos y las puertas de emergencia nos condujeron a un callejón que al recorrerlo te lleva al frente del cine. Ojo: en ese callejón donde a lo sumo caben dos personas hombro con hombro en una hilera, de tan estrecho que es, se hizo un embudo de gente queriendo salir al mismo tiempo.
Ya afuera se empezó a correr la voz. Que había sido una broma. Alguien bajó una palanca que hizo que se activaran las alarmas y se iniciara el proceso de desalojo. De haber un incendio se activarían las alarmas contra incendio (supongo) y hubiéramos salido empapados de allí, pero no.
Esto pasó como a la 10:20 de la noche del sábado y en menos de uno o dos minutos.
Nunca lo había vivido pero pude comprobar que lo que se ha dicho de situaciones de crisis es cierto, sobre todo en relación a mitos tal y como lo manejo en mi tesis doctoral: lo primero que ocurre es una evaluación rápida desde el momento en que se encienden los focos plateados. El mayor de mis hijos fue el primero en captarlo y en comprender qué pasaba, de hecho, fueron dos o tres segundos que a mí me sacaron de control pues no entendía qué pasaba con la prontitud debida.
Luego vino la reacción y fue de auto control, valoración y acción. Nada de que se atropella la gente y pasa uno sobre otro, aquello fue con calma que voy de prisa.
Ello me hizo recordar que en los cines nunca, desde que tengo memoria, te indican qué hacer en caso de incendio o de cualquier otra situación crítica ocurrida dentro del cine. De hecho, ni como prende ni como suena la alarma, mucho menos nos enseñan a abrir la puerta de emergencia.
Pero pongamos otro ejemplo: ¿usted sabe qué hacer si su niño se atraganta con una palomita o cualquier otro producto que le quite la respiración?, fuera de ponerle morado el lomo a punta de manotazos y si no se alivia, a mí se me muere el chamaco, porque de aquí a que llegue una ambulancia o alguien que sepa de primeros auxilios, ahí se pone morado el morro y se asfrixia. ¿O me dirá que los empleados del cine están capacitados para apoyar en este tipo de situaciones?
Y me llama la atención al interior de la sala del cine que no se vean las flechas de ruta de evacuación. Si, a lo mejor no son necesarias pues allá abajo están las puertas abiertas de salida, pero, ¿qué les cuesta poner una raya fosforescente en el piso o en las paredes que te lleven a esa salida? O bien que se prenda una luz de emergencia que indique el camino porque si aquello hubiera sido un incendio y se llena de humo la sala, esas puertas no las veríamos y a gatas si veríamos las rayas conductoras a la salida de la sala.
Eso sí, caminamos hacia la luz blanca, como los insectos, con calma, sin aglomeraciones que son peligrosas. ¿Se imagina esto en un estadio de béisbol o fútbol?, dios libre la hora.
La película Batman vs Superman tiene una duración de dos horas y media, sin cortes de ningún tipo, de un solo tirón. Las sodas y palomitas se acabaron en los primeros cuarenta o cincuenta minutos. Aquello y las ganas de orinar son un suplicio que nadie atiende. Recuerdo que hace años en los cines había un intermedio de algunos minutos para abastecernos de más palomitas, sodas y vaciar la vejiga principalmente. Prendían la luz y ponían música de relax para estirar los engarrotados músculos por estar sentados una hora.
Pero regresando al problema en cuestión. Sería muy interesante que por motivos de seguridad, las autoridades responsables de la protección civil implementaran un sistema mediante el cual a los diferentes tipos de usuarios se nos enseñaran las medidas de seguridad colocadas en el lugar donde nos encontramos. No es nuevo, claro está y sé que no hay recursos monetarios al respecto. Pero vale la pena recordar aquella ley que impulso el Gilo, Gildardo Real, para casos de emergencia en espectáculos y en base a la cual es factible incrementar el presupuesto de los diferentes departamentos encargados de la proyección civil. Ojalá retomaran lo que dice dicha ley.
Pero regresemos a los ejemplos.
Si en el cine nos transmitieran un mensaje de medio minuto sobre qué hacer en caso de emergencia, uno ya sabría cómo responder ante una eventualidad de este tipo. ¿Usted sabe abrir una puerta de emergencias en una sala de cine oscura?… yo no. Ni las conozco, sé que se empujan pero nada más. No sé qué hacer en caso de que no se puedan abrir o estén atascadas y menos en una sala oscura. ´Por ello sería a su vez interesante que durante un tiempo determinado y por sala se organicen simulacros de evacuación obligatorios.
Lo mismo debe realizarse en el transporte urbano, hoteles, escuelas, estadios, antros, cantinas pinchis y no tantos, edificios de atención al público, hospitales, restaurantes y un largo etcétera que nos permita estar al tanto de qué hacer y cómo hacer las cosas al momento de enfrentar un peligro y claro está, qué no debemos hacer.
Hay algunos edificios donde te indican qué hacer en caso de terremoto a sabiendas de que en el caso de Hermosillo no habrá inundaciones, pero ¿quién nos educa para saber qué hacer en caso de caídas de postes de luz, de la existencia de cables con energía eléctrica?, nadie, a lo sumo lo que hemos visto en la tele.
En esta materia nos falta mucho. En Nogales si hay inundaciones y es común, –no debiera serlo pero lo es–, que cuando llueve a cántaros potentes y caudalosos arroyos atraviesan la ciudad y por lo general hay bajas en este sentido. Los niños y adultos son arrastrados por la fuerza del agua. Pero no solo en Nogales, también en los canales de Hermosillo ha ocurrido esto.
¿Quién nos educa en el tratamiento de estos fenómenos y nos advierte sobre el peligro de 30 centímetros de potente agua que pueden arrastrar su carro con todo y familia?… Nadie.
¿Quién nos indica los principales puntos de peligro de la ciudad, –atlas de riesgo le llaman algunos–, en cuanto a tiempo de secas y lluvias y dependiendo del caso?
Pero regresando al caso del cine, si mi chamaco de 18 años no me hubiera dicho que era la alarma –que yo nunca y ni por asomo sospeché que así sonaban y se veían –, a lo mejor allí me hubiera quedado sentado un ratito más pues no vi humo y no consideré que fuera una emergencia real. Claro, cumplimos con la metodología natural pues insisto, nadie nos señaló qué hacer.
Pero una vez que todo pasó y nos indicaron que había sido una broma, regresamos a ver cómo un monstruo mataba a Superman quien, junto con Batman y la Mujer Maravilla, salvaron al mundo de todas maneras. Haiga sido como haiga sido, no todos los días se vive una acción de ese tipo en el cine.
Bienvenido, ya acabaron las vacaciones.
EN FIN, por hoy es todo, mañana le seguimos si Dios quiere.

