
Hace algunas semanas nos tocó estar en Huírivis, uno de los ocho pueblos yaquis, para cubrir la firma de un acuerdo con los gobiernos estatal y federal para cumplir ancestrales compromisos con la etnia y desarrollar nuevos proyectos que impacten positivamente en la integración de la tribu al progreso, mediante programas de vivienda, salud, educación, agua potable, drenaje…
No pude evitar preguntar al subsecretario de Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación, Roberto Campa Cifrián, sobre las veces que el gobierno había adquirido esos mismos compromisos con los yaquis, sin que hasta la fecha se observen mejorías en la calidad de vida de los integrantes de esa tribu.
El funcionario federal esgrimió un discurso también muy recurrente a propósito de gestiones intersecretariales, cabildeos y mesas de trabajo. Luego todo mundo se despidió y el pueblo de Huírivis se quedó como estaba, como postal del abandono y el olvido; con sus cruces y su iglesia, sus casitas de lodo y carrizo, sus mezquites y sahuaros y sus indios curtidos de sol y viento.
Fue más puntual el secretario de Gobierno de Sonora, Miguel Pompa, cuando anunció que en breve se darían las primeras contrataciones para la maquiladora de uniformes escolares que se instalaría en esa región. Eso ya sucedió y, aunque está lejos de resolver los problemas de empleo e ingresos en la etnia, al menos perfila voluntad para comenzar a andar ese camino tan olvidado.
El pasaje me vino a la mente ayer que estuvimos en el área rural poniente, en la zona costera: Bahía Kino y Kino Viejo, donde también campea el olvido de los gobiernos y sobre todo, las promesas de campaña que convierten esas poblaciones en nopales que se van a ver sólo cuando tienen tunas electorales.
Porque a lo largo de los años que nos ha tocado cubrir eventos políticos o gubernamentales por esos lares, una y otra vez se han repetido las promesas, revestidas de palabrería que al final se traducen en nada más que no sea la postergación de la esperanza y la multiplicación de los problemas.
Desde que empezó la administración de Maloro Acosta y Claudia Pavlovich hace seis meses, en el ayuntamiento y en el gobierno del estado, respectivamente, esta zona del municipio ha sido visitada en varias ocasiones y se han perfilado intenciones de articular, por fin, un plan integral para comenzar a reconstruir lo que el desgano y el tiempo se han encargado de ir derruyendo.
El más reciente intento por lograr eso fue durante la administración municipal de Ernesto Gándara, que verdaderamente le metió ganas a los apoyos para la zona rural del municipio, no sólo en la región costera, sino en el sector oriente. Lamentablemente sus proyectos no tuvieron la continuidad que requerían, al llegar al gobierno dos administraciones panistas que privilegiaron cualquier cosa, menos el desarrollo de esas regiones.
Ayer, la gobernadora y el alcalde anunciaron el arranque del proyecto Kino Mágico, que contempla una inversión de cien millones de pesos con los que se prevé construir palapas, áreas deportivas, alberca, jardín botánico, chapoteaderos, canchas de futbol y volibol, hotel, asadores, baños, áreas sombreadas, áreas de usos múltiples y estacionamiento, entre otros.
Los trabajos comenzarán en mayo, para concluir su primera etapa en septiembre de este año. En esta primera etapa se invertirán 62.5 millones de pesos y el resto será una inversión asociada para áreas concesionadas.
Notable el estilo de la gobernadora. Mujer al fin, es capaz de lanzar con la suavidad de un gesto y el candor de una sonrisa, la advertencia más letal: “quiero que me entreguen estas obras así como están -dijo, dirigiéndose al secretario de SIDUR, Ricardo Martínez Terrazas y aludiendo a las imágenes de las maquetas impresas en las lonas con que ‘vistieron’ el encuentro en el Centro Hábitat de Kino Viejo-; porque luego me dicen que van a ser así y me entregan otra cosa. Eso no va a ocurrir y aquí quiero hacer el compromiso con todos”, advirtió.
Y los varones en el presídium, con una sonrisita nerviosa y un gesto de asentimiento, pues aplaudieron al son que les marcaron los aplausos de la gente del pueblo que estuvo allí, convocada para ver si ahora sí, de las palabras se pasa a los hechos.
Lo que por cierto ya está ocurriendo. Inició con la rehabilitación y raspado de 250 kilómetros de caminos y terracerías en la zona rural de Hermosillo; limpieza y rehabilitación de la plaza pública del lugar, instalación de palapas, luminarias, baños, regaderas, señalamientos y poda de árboles y palmeras como parte del operativo Semana Santa 2016 en Bahía de Kino.
El Programa Kino Mágico incluye plaza de acceso, estacionamiento para 189 autos, jardín botánico, canchas de futbol y volibol, andador central, área de chapoteaderos, asadores y malecón.
Los habitantes de esa región y los visitantes de esta que será en breve la segunda playa incluyente en el país, se lo merecen. Playa incluyente significa que todas las obras están proyectadas para dotarlas de accesibilidad a personas de la tercera edad y discapacitados.
Vienen, por lo visto, buenas cosas para Bahía de Kino.
II
El desastre financiero que provocó el huracán Teresa a su paso por el Isssteson obliga a la nueva administración a tomar medidas de austeridad como las que anunció ayer el director Enrique Claussen Iberri, y que implican la suspensión del pago de compensaciones al personal de confianza, y que provocaban una considerable sangría al presupuesto de la institución.
Y es que los pasivos del Isssteson alcanzan los 6 mil millones de pesos, entre el desfalco al fondo de pensiones y las deudas con proveedores diversos, lo que generó una crisis de liquidez que no permite mantener el tren de gastos derivado de contratos hechos durante la administración pasada.
Así pues, a partir del primero de abril se suspenderá el pago de esas compensaciones, con el objetivo de reorientar esos recursos a la atención de necesidades prioritarias de Instituto.
Tan sólo en el mes de marzo, el costo de la nómina alcanza los 314 millones de pesos, que incluye pago a pensionados y jubilados; 5 días de sueldo de apoyo al personal y 30 días de sueldo de incentivos anuales a los empleados.
Para el mes de abril se pagarán 21 millones de pesos de incentivos trimestrales al personal, lo cual proviene de contratos celebrados con anterioridad y que se entrega cada trimestre como pago adicional a su ingreso, señaló.
“He venido no sólo a administrar la crisis, sino a darle una solución al lamentable endeudamiento que vive el Instituto y que lo pone al borde de la quiebra actualmente, debido a las malas decisiones de la administración pasada. Sería una irresponsabilidad de mi parte no actuar”, comentó Claussen Iberri.
Lo que no dijo, es cuando van a llamar a cuentas al huracán Teresa, que ya se degradó a tormenta tropical y se estacionó plácidamente en una curul de San Lázaro.
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