Morales y Montejano: alcanzados por el destino

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El de Guillermo Padrés no fue un gobierno que se caracterizara por incorporar a su gabinete a las personas más brillantes, con las mejores cartas profesionales o mayor apego y observancia de la doctrina y principios de Acción Nacional.

Los primeros sorprendidos por el triunfo en 2009 fueron ellos mismos. Un colaborador de la campaña en aquel año reveló recientemente que, días antes de la elección, al término de un evento durante una gira por el Río Sonora, Roberto Romero daba instrucciones a sus más cercanos, entre cerveza y cerveza bajo la sombra de los árboles, para que se embolsaran todo el dinero  que pudieran porque de todos modos la elección estaba perdida.

Cuando los sorprendió la victoria, Padrés integró su equipo apresuradamente y privilegiando lealtades de secta antes que cualquier perfil profesional, con sus contadas excepciones. El resultado fue el desastre que ya conocemos.

En el área de Comunicación Social la ineptitud y el bandolerismo adquirió niveles de escándalo.

No era para menos. Lo primero que hizo el gobernador fue elevar a rango de Secretaría lo que hasta entonces funcionaba como Coordinación. Le dio la titularidad a Jorge Morales Borbón, a quien se recuerda a su paso por la carrera de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Sonora como un tipo muy apocado y de escasas luces.

Entró a trabajar como reportero a el imparcial (minúsculas deliberadas), donde no se recuerda un solo trabajo periodístico de relevancia. Su condición lacayuna y acomodaticia, sin embargo, le llevaron a escalar algunos puestos hasta ocupar la dirección editorial, donde duró algunos años antes que lo transfirieran a Mexicali para hacerse cargo de otro periódico de los Healy, donde fue despedido a los pocos meses.

El 2009 lo sorprendió sin empleo y mantenido por una mesada que le enviaba nada más y nada menos que el senador Alfonso Elías Serrano, gracias a una amiga común que intercedió a su favor porque en esos días no tenía ni para mantener a su familia.

Al comenzar la campaña electoral, Guillermo Padrés tenía como jefe de prensa a Javier Alcaraz Ortega, otro de los artífices de la derrota panista seis años después. El Chivo, como le llaman sus cercanos entró rápidamente en conflicto con reporteros que cubrían la campaña por su carácter impulsivo, prepotente y cerril. En una ocasión llegó a jalonear a la reportera de Reforma, Reyna Haydee Ramírez, a quien incluso pretendió arrebatarle la grabadora de un manazo.

Ahí le encargaron buscar a alguien que se hiciera cargo de ese trabajo y buscó a Jorge Morales. Éste pasó, de un día para otro, a convertirse en el principal artífice de las campañas negras y los ataques más bajos a quien fuera su mecenas y que por esos días ya era candidato del PRI a la gubernatura. La lealtad no ha sido, nunca, uno de los valores que profese Morales.

Investido secretario de Comunicación, de aquel muchacho apocado e inseguro surgió, como sorprendente Allien, un auténtico depredador, arrogante y presumido. Un Juan Camaney, pero sin pelo.

Como segundo de a bordo en la secretaría de Comunicación, Morales llamó a Luis Enrique Montejano, un tipo que comenzó muy joven su carrera de bandido, robando estéreos de carros en la zona de El Ranchito-Los Naranjos, donde formaba parte de una pequeña banda de cholos bicicleteros rurales pomposamente llamados Los Mongoose.

Con muchas dificultades terminó su educación secundaria, pero ya no entró a la preparatoria. Su ingreso al periodismo es más bien churriguresco. Un vecino le consiguió trabajo en el desaparecido periódico El Nacional, junto a otros miembros de la banda, como veladores en la bodega, donde cuidaban los rollos de papel y hacían mandados.

Por alguna razón se ganó la confianza de uno de los jefes en la redacción, que le dio la oportunidad de incursionar en el periodismo elaborando los horóscopos, que inventaba con más pena que gloria. De allí deambuló en esos mismos términos por dos o tres medios más, donde tampoco destacó jamás, pero hizo amistad con algunos priistas.

Fue Guillermo Silva Montoya quien lo recomendó con Bulmaro Pacheco cuando éste se desempeñaba como delegado del IMSS, para que se hiciera cargo del área de difusión de ese instituto en Ciudad Obregón. Rápidamente traicionó a Bulmaro y su salida del IMSS es una historia de la que por razones de espacio no abundaremos en este despacho, pero está llena de porquerías y deslealtades.

De allí se incorporó al gabinete de Guillermo Padrés, donde dio rienda suelta a sus traumas y rencores y, desde luego, a la depredación presupuestal que hoy lo tiene, junto con su jefe Jorge Morales, en calidad de indiciado en la Fiscalía Especial Anticorrupción, acusados de varios delitos relacionados con el uso indebido de recursos públicos.

Estos dos malogrados funcionarios públicos acudieron ayer a comparecer a esa fiscalía, acompañados de sus abogados, Carlos Navarro Sugich y Ariel López. Éstos firmaron como Procurador y Subprocurador, respectivamente, durante el sexenio padrecista, en el que tuvieron un desempeño más bien mediocre que llevó a algunos ciudadanos a plasmar en redes sociales la idea de que en realidad, lo que Morales y Montejano pretenden es aparentar que no tienen dinero para pagar buenos abogados.

El destino, al parecer, los ha alcanzado. Del manto de protección que presumían con Guillermo Padrés en el poder ya queda muy poco. Es importante destacar que estas dos personas no acudieron a la fiscalía en calidad de testigos, como lo han hecho otros ex funcionarios, sino en calidad de indiciados y sujetos a una investigación por parte del ministerio público que, por cierto, cuenta con una expediente bastante abultado, pues en la hoy coordinación de Comunicación Gubernamental dejaron bastantes huellas de sus ilícitas operaciones con recursos públicos.

Al ex gobernador le siguen muy de cerca los pasos la PGR y hasta el Departamento del Tesoro de Estados Unidos y quién sabe si el diezmado poder del que gozaba hasta hace algunos meses le alcance para salvar a otros antes que negociar su pellejo.

Ayer mismo trascendió información en el sentido de que la PGR ya consignó el expediente de José Dagnino, el cuñado del gobernador a quien catearon recientemente su casa en el fraccionamiento Los Lagos, donde encontraron armas de uso exclusivo del ejército y autos de lujo presumiblemente ilegales al encontrársele el número de serie alterado.

El cerco se va cerrando sobre algunos personeros del padrecismo y aunque existen voces exigiendo premura, conviene citar al secretario de Gobierno, Miguel Pompa Corella, quien hoy declaró al respecto que “las ruedas de la justicia a veces parecieran ser lentas, pero se están moviendo”.

Conviene también describir los rostros desencajados, nerviosos y sudorosos de Morales y Montejano, o la ensayada sonrisa de Carlos Navarro Sugich al salir de la comparecencia negándose a emitir alguna declaración y abandonando a toda prisa el lugar de los hechos.

Hasta el momento, han acudido a comparecer en la Fiscalía Especial Anticorrupción 125 funcionarios del gobierno de Guillermo Padrés, acusados de delitos de peculado, incumplimiento de un deber legal, ejercicio abusivo de funciones, abuso de autoridad, uso indebido de atribuciones y funciones, tráfico de influencias, entre otros

Pero especialmente en el caso de los funcionarios de Comunicación Social, ha trascendido que dejaron tantas evidencias de las trapacerías, que difícilmente podrán salir bien librados. Esperaremos noticias en los próximos días.

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