Archivo Confidencial
Armando Vázquez

RECUERDO QUE en el Benemérito Barrio del Palo Verde, allá por 1980, empezó el consumo poco a poco de la mariguana. Era una colonia catalogada como conflictiva pues hasta el 85 más o menos se presentó cíclicamente el asesinato de un joven, generalmente menor de 30 años, una vez a la semana.
En ese entonces, decir que una persona era mariguano era colocarlo en una escala infra humana, más rebajado que un delincuente y ya con el tiempo se unieron ambas figuras: delincuente -mariguano. Al paso de los años transmutó a cholo-mariguano pero ya no con mota sino con cualquier otro tipo de droga más barata que ahora conocemos como tachas, cristal o crack. A veinte pesos el globito según tengo entendido.
En aquellos tiempos el carrujo de mota costaba a valor pasado restando el valor futuro, en los mismos 20 pesos de ahora, algo así como cinco pesos de entonces, antes de que Salinas le quitara los tres ceros a la moneda, allí usted saque conclusiones.
Hoy el kilo de mota en los Estados Unidos tiene un costo de mil dólares y no ha cambiado mucho en los últimos cinco años, lo que si cambió fue el hábito de consumo y los mariguanos, conforme al precio de la oferta y la demanda o bien, pasaron a formar parte de los consumidores con mayor ingreso y por ende de otras sustancias de mayor placer como la heroína, cocaína u otras, o bien, siguieron limitados de ingresos y para ellos se fabricó la droga sintética que cuesta muy poco producirla y entre las cuales se cuentan las anfetaminas o pastillas.
Cuando Palo Verde vivió esa etapa que preponderó en Hermosillo en colonias consideradas de baja clase social, se conformaron grupitos de mariguanos que combinaban el ponerle al trago de caguama y de allí los pleitos y muertes cada semana sobre todo en los bailes. Fueron los primeros efectos. Los toleramos y hoy vivimos una etapa crítica que Vicente Fox quiso remediar con la privatización de los procesos para producir mota para reducir el mercado y con ello reducir el índice de criminalidad narcótica.
Recuerdo que lo común era que nos juntáramos en la banqueta a platicar o a jugar el chinchinahuayarriba, creo que así se escribe, y a muchos juegos grupales. Y siempre había en esos grupos banqueteros uno que le ponía a la mota, lo tolerábamos y nos pedía que no le dijéramos a su mamá. Era nuestra forma de mostrar rebeldía al orden establecido por lo papás.
Hoy los chamacos ya no se conforman en grupitos banqueteros a platicar horas. Son más introvertidos con sus maquinitas, sus pantallitas, Xbox, celulares, internet … pero de algo estoy seguro, los padres de alguna manera los tenemos más amarrados a nosotros y los preferimos así porque nos da miedo que vivan lo que de alguna manera nos tocó a nosotros ver en la infancia y juventud y no queremos eso.
También estoy seguro que si le soltamos la rienda, ante la probanza del placer que significan las drogas, el experimentar la existencia de nuevas sensaciones en el cuerpo, con toda seguridad que una sola vez que prueben cualquier droga con eso tenemos para perderlos. Es nuestro miedo.
Y somos tolerantes de alguna manera porque cuando crezcan sabemos muy bien que el acceso a la cerveza será natural y de allí al cigarro hay un paso. Ya no es tanto el deseo interno de crecer y sentirse parte de una estructura dominada por adultos en las que uno, en aquel entonces, necesitaba ingresar para contar con el reconocimiento y una nueva valoración como personas. Ahora lo van a hacer por el placer de saber qué se siente y es más peligroso pues van a sentir que están más vivos y son más aceptados.
Sociológicamente Hermosillo, como ciudad, cuenta con más de tres mil 500 lugares donde se vende cerveza y cigarros. Y justificamos su consumo con el calor, pero la verdad es que se encuentra tan a la mano que somos uno de los municipios que más los consume. Si hubiera un expendio, tienda de conveniencia o abarrotes donde se vende cerveza cada diez kilómetros, le aseguro que bajaría su consumo.
El artículo publicado en Crónica denominado “Mariguana rumbo al Oxxo” http://tinyurl.com/qeegt9d en verdad que me preocupó. La decisión de la Corte de legalizar su consumo por placer, va y pega con lo que comenté arriba sobre los jóvenes de hoy. Sabemos que la pueden conseguir en el sub mundo pero, ¿qué tanto falta para que nos la vendan en las tiendas de conveniencia?, ¿y si se tiene a la mano como la cerveza y los cigarros, cómo evitar que se propague su consumo?
Es cierto, hay muchos asegunes aun entre los procesos de producción y su llegada al público consumidor, pero si ya se abrió la puerta, ¿cuánto tiempo falta para que llegue a los Oxxos? Después de todo es un negocio.
Escuché en el programa de Quirrín a un abogado especialista en amparos quien dijo que aún puede revertirse esa decisión de otorgar el amparo a cuatro personas para que puedan consumir mota a placer (se necesitan cinco casos para ser jurisprudencia) y señalaba que conforme a la reforma del amparo en 2013 se agregó una disposición que obligaba a la SCJN a enviar su decisión a la Cámara de Diputados cuando se tratara de afectación a la salud, como en este caso.
Y agregó que los diputados contaban con 90 días para declarar inconstitucional la decisión y que, pasado ese tiempo y no lograran ese objetivo, automáticamente se permitiría tal disposición a todo el país.
Estamos en manos, pues, de nuestros diputados federales. Necesitamos hacer ruido, mucho ruido para lograr derogar esa sentencia de los magistrados. De no lograrse, que es lo que yo creo si es que nuestros gobernantes no se ponen de acuerdo, vamos a tener que apechugar nosotros como padres de familia, como siempre lo hemos hecho. Y desgraciadamente se convertirá en realidad aquello de que los pueblos tienen los gobiernos que necesitan.
Lo que nos faltaba, ser un pinchi pueblo mariguano y todo por supuestamente respetar los valores de libertades universales a cuyos pensadores se les olvidó ponerle límites.
EN FIN, por hoy es todo, mañana le seguimos si Dios quiere.
