El Zancudo
(No mata, pero hace roncha)
Arturo Soto Munguía

Es por lo menos grotesco el despliegue de cinismo con que se está despidiendo la actual administración estatal.
La sensibilidad no fue, y eso queda claro, una de las virtudes de la misma, si acaso tuvo alguna. Pero asistir al circo de mentiras, puyas, deslindes, excusas, omisiones, desbarres y francas burlas de sus principales personeros explica por qué esos mismos funcionarios cargan, junto al voluminoso costal de dinero robado, uno todavía más grande de maldiciones y mentadas de madre que les llegan desde cualquier parte de la geografía sonorense.
Pero bueno, las mentadas de madre no tienen efectos sancionadores, así que ellos encantados con que se las rayen una y otra vez. De hecho, en estos últimos días hemos visto bastantes actitudes de provocación, en las que el gobernador Guillermo Padrés hizo escuela.
En mayo de 2013, durante la inauguración de las Fiestas del Pitic en Hermosillo, Padrés fue abucheado moderadamente por un grupo no muy numeroso de personas, integrantes del movimiento anti-tenencia mejor conocido como “Los Malnacidos”. Ante ello, el gobernador asumió su condición de animador plazuelero y pidió a todo pulmón que lo abuchearan por la izquierda. Luego por el centro. “Ahora por acá”, decía al micrófono, agitando las manos, logrando convertir la tímida mentada en un sonoro abucheo de miles de gargantas.
El espectáculo fue patético. Un acto de sublimación de la coprofagia. Un performance donde el actor principal se agiganta alimentado por las heces que le tiran.
Si alguna empatía fuera de su círculo de aduladores quedaba, allí se terminó. Lo que siguió fueron casi tres años de gobernar desde las penumbras, rehuyendo la luz de los espacios públicos no controlados por su aparato de seguridad.
Ya en enero de ese año, recién aprobado el COMUN y en vísperas de la Serie del Caribe cuya sede fue Hermosillo, el gobernador había inaugurado el estadio de béisbol, valiéndose para ello del acarreo de burócratas, precaristas urbanos y uno que otro troll mal pagado. Fue la primera y única vez que el gobernador acudió a ese estadio. Tuvo que ver los partidos por televisión, aunque los maledicentes dijeron en ese entonces, que estuvo presente en todos los partidos de México, disfrazado de Beto Coyote, la mascota del equipo.
Fuera de chascarrillos, la coprofagia hizo escuela.
Hoy, sus principales colaboradores, envueltos en escándalos gravísimos, parecen decir: “tírenme mierda, miren, me la como y ni hago gestos. Jodidos ustedes, porque yo me voy con las cuentas bancarias hasta el tope”.
El secretario de Gobierno, Prisciliano Meléndrez mintió flagrante y frescamente el día que fue a entregar el VI informe de gobierno al Congreso, cuando dijo que el gobernador no había podido asistir porque se encontraba en la ciudad de México, gestionando recursos. Nadie le creyó, desde luego, pero las mentadas aparecieron un día después, cuando Guillermo Padrés apareció en Nuevo México al lado de la gobernadora de aquel estado, con su fingidísima sonrisa, como lanzándole una trompetilla a todos los sonorenses.
Ayer, Prisciliano Meléndrez aseguró que el gobernador sí asistiría al acto de entrega de poderes el próximo 13 de septiembre, cuando debe entregar el gobierno a Claudia Pavlovich Arellano. Sin embargo, es posible que ese día Padrés aparezca en lo alto de alguna nevada montaña del Canadá, pintándonos un violín con su alienada sonrisa.
El procurador Carlos Navarro Sugich es otro caso. En medio del escándalo por el tráfico de infantes en Sonora, el señor simplemente se puso su gorra con la visera para atrás y se fue a Phoenix con sus amigos, para asistir a un partido de béisbol de los Diamondbacks.
La cleptocracia, el gobierno de los ladrones llegó al extremo de robarse no sólo el presupuesto, sino que también se robaron niños para venderlos y eso ya raya en la desmesura.
Mientras tanto en Hermosillo, el director del DIF, Agustín Blanco, y el del Registro Civil, Raúl González de la Vega salían a deslindar a las dependencias a su cargo, de un asunto del que todavía no se conocen sus reales dimensiones y mucho menos sus consecuencias.
El director del Sistema Estatal Penitenciario, Ricardo Ornelas Saavedra renunció a su cargo antier, un día antes de su comparecencia ante el equipo de entrega-recepción. Nadie sabe dónde se encuentra en estos momentos.
El tesorero estatal, Mario Cuén, es correteado en la banqueta de palacio por un proveedor al que la falta de pagos hizo quebrar su empresa. Su respuesta fue lapidaria: no tenemos dinero, que te paguen los que vienen.
La contralora María Guadalupe Ruiz dice no estar de acuerdo con que el nuevo gobierno visite las propiedades de los actuales funcionarios para confrontar sus bienes con las declaraciones patrimoniales. Afirma que especialmente a ella, no le gustaría que fueran a su casa. Y es la contralora.
Así, la burlada lectora, el pitorreado lector pueden ir sumando todos los desplantes de valemadrismo de esos y otros muchos funcionarios del moribundo sexenio de Padrés hasta integrar un voluminoso catálogo de ofensas de la más diversa índole.
Los empleados de gobierno, concretamente los del Congreso del Estado han comenzado a recibir requerimientos del SAT, para que pasen a pagar sus impuestos correspondientes al año fiscal en curso. Huelga decir que esos impuestos se les descuentan quincena a quincena de sus cheques, por parte de la Secretaría de Hacienda estatal que, evidentemente, no los destinó a la hacienda federal.
Recientemente el equipo de entrega recepción de Claudia Pavlovich detectó una deuda de 15 millones de pesos al SAT, Infonavit e IMSS en la televisora estatal Telemax. Pero el problema es mucho mayor: hay deudas con proveedores que datan de hace tres años; no hay director ni subdirector, aunque el secretario de Comunicación Jorge Morales Borbón (a quien el periodista Ruiz Quirrín rebautizó como Morrales Bribón) funge como tales y quizá también cobre en los tres cargos; hay vehículos en condiciones de chatarra, no tienen ni papel sanitario; las instalaciones son un cuchitril porque sólo hay dos señoras para la limpieza y no se dan abasto; no hay internet por falta de pago, ni gasolina y han sido frecuentes las retenciones de pago por insolvencia.
Estas son las historias que se repiten en varias dependencias estatales, a quince días de que culmine el fallido sexenio de la alternancia.
Y la pregunta se multiplica: ¿Se irán a ir impunes?
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