
El Zancudo
(No mata, pero hace roncha)
Arturo Soto Munguía
Bajo el sugerente título de “Algunas reflexiones relativas a la pasada elección”, el dirigente nacional del PAN, Gustavo Madero presentó un balance ampliamente pormenorizado (50 cuartillas) sobre lo ocurrido el pasado siete de junio.
Una especie de recuento de daños que pretende ser barnizado con optimismos tímidos basados en victorias muy localizadas, y justificaciones que lindan el terreno de la autocrítica, pero se cuidan mucho de no traspasarlas, no vaya a ser que toda la bronca le caiga encima al señor Madero, y eso sí sería como un harakiri tropicalizado, tema que definitivamente no se les da a los panistas actores del peor resultado para su partido en los últimos 30 años.
El documento es extenso, pero de ninguna manera confidencial, pues aparece incluso en el portal electrónico del PAN y ya prácticamente todos los medios han dado cuenta de él. Alude a los resultados en todas las entidades federativas; a las posibles causas de los triunfos y derrotas y a lo que desde la dirigencia del partido se tendría qué hacer para superar la crisis. Sin embargo, para efectos de la coyuntura sonorense, conviene resaltar algunos elementos contenidos en el mismo.
Decimos que la ‘tropicalización’ no se le da mucho al señor Madero, pues a juzgar por el contenido del documento, le apostó todo al descrédito del presidente Enrique Peña Nieto y a un discurso que hasta antes del año 2000 le funcionó al PAN, satanizando, no sin razón al PRI como la encarnación de todos los males del país.
Esta es una de las grandes interrogantes de esta elección: cómo con tanta reprobación al PRI, a su gobierno y al presidente Peña, ni el PAN ni ninguno de los otros partidos pudo capitalizar este rechazo, plantea el señor Madero en su documento.
Este municipal columnista no tiene los elementos suficientes para saber al detalle lo que ocurrió en otros estados de la República, pero modestamente intentaré algunas aportaciones para explicar lo que ocurrió en Sonora.
Al tratar de señalar los excesos políticos del PRI que más irritan a los ciudadanos, recibimos más críticas que respaldo por la campaña de denuncia: los relojes de César Camacho, los invitados de Peña Nieto a Londres y las lujosas casas de los priistas, dice el señor Madero, fueron el eje de la campaña del PAN en el país.
Y admite que eso no funcionó en todos los casos.
En Sonora, donde todos los relojes de César Camacho valen menos de lo que cuesta un solo caballo de Guillermo Padrés (900 mil dólares); donde la casa de la Gaviota es una pichonera del Infonavit comparada con las mansiones que se han construido hermanos, cuñados, primos, parientes y amigos del gobernador Padrés; donde a los sonorenses les vale madre si Peña se va de viaje, pero recuerdan con puntualidad a Guillermo Padrés viajando al Vaticano para regalarle al Papa una virgen de palofierro, una bolsita de coyotas y una invitación para que viniera a Hermosillo, eso no iba a funcionar.
Para completar el cuadro, en el multicitado documento, Madero se refiere a quienes no votaron por el PAN en México, como “estúpidos”. Cierto que lo entrecomilla en una especie de eufemismo que intenta asumir el calificativo como dirigido a sí mismo y a quienes piensan como él, pero el madrazo está dado:
Los ‘estúpidos’ que no entendieron que tenían que castigar al presidente Peña Nieto son los chiapanecos (69% para el binomio PRI-Verde); coahulienses (55%); duranguenses (49%); tamaulipecos y yucatecos (47%); sonorenses (43%); quintanarroenses y nayaritas (42%); sinaloenses y zacatecanos (41%) y chihuahuenses )40%), se plasma en el documento de marras.
También se mete a repetir como perico lo que sus ‘especialistas en marketing’ le dijeron que dijera:
La ‘campaña sombrilla’ del PAN unificó los mensajes en todo el país: “las buenas ideas del PAN” y “¡Claro que podemos! ¿A poco no?” se convirtieron en rúbrica y sombrilla unificadora de las campañas en todo el país. Nuestra campaña sombrilla marcó todo el proceso electoral tanto en propuesta como en formato.
Y eso está bien. Pero de nuevo, ¿Cómo hablar de buenas ideas en Sonora, donde Padrés y sus amigos saquearon el estado y traían a los enfermos en los hospitales tirándose de las camillas; a los usuarios del transporte urbano en el martirio de los 50 grados; a los padres de familia engañados con uniformes escolares que a la postre les salieron más caros; a los burócratas asaltados en sus prestaciones; a los proveedores fraudados, a los yaquis saqueados y perseguidos; a tanta gente inconforme?
Al mismo tiempo, ¿Cómo Madero puede hablar de las malas prácticas del PRI en un estado donde Guillermo Padrés institucionalizó el robo y la represión (lo sigue haciendo al perseguir a su empleada doméstica solicitando que la regresen a la cárcel); cuando el padrecismo se convirtió en el mejor horno para que salieran las comaladas de nuevos ricos que sin pudor alguno pasaron de la menos que modesta medianía al lujo de mansiones, yates, mujeres, joyas, autos?
No. Madero no es ingenuo. Madero es cómplice de Padrés. Por eso vino en la campaña electoral a decir que los priistas “se la van a pelar” y a decir que el PRI pretendía ganar a “fuerza de billetazos”, cuando los billetazos los estaba cachando él, de parte de Padrés, el que hoy le dará la espalda como lo ha hecho antes con Felipe Calderón, con Santiago Creel, con Cordero, con Josefina y con cualquiera que ya no le sirva.
En el documento citado, Madero le dedica un párrafo a Sonora. Dice: Sonora es sin duda nuestro más sentido descalabro electoral, ya que no sólo fuimos derrotados en la gubernatura sino también en la capital del estado y otros municipios, de igual manera observamos un retroceso en el número de diputados locales.
Por supuesto, los panistas sonorenses tendrán su mejor interpretación del balance que hace su líder nacional, como la tienen de su líder estatal, un gobernador que, según trascendidos, anda más ocupado en borrar evidencias de las corruptelas y en amenazar subalternos con que no protegerá a nadie.
Como buen mentiroso que es, que siempre ha sido, a Guillermo Padrés ya nole creen ni sus subalternos, esos que el mismo siete de junio soñaban con otros seis años de gobierno panista en Sonora, con su gobernador cabalgando hacia Los Pinos y con otras oníricas manualidades que ya se fueron al carajo.
Y es que si el gobernador dijo que no está en condiciones de proteger a nadie, los primeros que van a brincar son esa legión de crédulos que robaron ‘poquito’, y que serán los primeros en balconear a los que robaron mucho.
Ya falta muy poco para eso.
También nos puedes seguir en Twitter @chaposoto
