El Zancudo
(No mata, pero hace roncha)
Arturo Soto Munguía

Se pierde y se gana, en la política, en la vida, en todo.
Ahí estaban los que ganaron y los que perdieron. Es Navojoa, a donde llegó Claudia Pavlovich en su gira de agradecimiento que comenzó en Obregón y mañana continuará en Magdalena, su tierra.
De 11 cargos en disputa, se ganaron ocho, dijo el diputado federal electo Próspero Ibarra. Y los alcaldes y legisladores serán un apoyo para la gobernadora.
Es diferente el rostro de la victoria al de la derrota, definitivamente. A pesar de haber perdido la alcaldía en Navojoa, se ganó la diputación local y la federal. Se ganaron también las alcaldías de Álamos, Huatabampo, Etchojoa Benito Juárez.
El mensaje de la gobernadora electa se resume en las palabras que le dijo su madre, cuando supo el resultado electoral del siete de junio, cuando más de 70 mil votos le dieron el triunfo: “Que las victorias no se te suban a la cabeza y que las derrotas no se te queden en el corazón”.
Así les dijo, Claudia Pavlovich a los ahí reunidos, como para hacerles un llamado a escarmentar en cabeza ajena. A no repetir los errores de quienes se sintieron tocados por alguna divinidad extraña que los hizo creer que eran infalibles, intocables, históricos e inéditos que hoy no saben dónde meterse frente a lo que se les viene encima.
Mensaje para los que perdieron, pero sobre todo para los que ganaron. Y de entre ellos, me quedo con las palabras de Miguel Ángel Murillo: No tengo ninguna señal, ni siquiera mínima sobre mi futuro inmediato. Puede sonar demagógico, pero es exactamente como te lo estoy diciendo. Me basta con haber contribuido en esta campaña, y con haber encontrado en Claudia a una persona que me brindó su amistad y respeto. Donde quiera que esté, y si no estoy también, ella tendrá un amigo”.
Son mensajes de unidad en la victoria que llegan, como la contraparte de los que aparecen ahora del otro lado, en la derrota, como les cuento en el siguiente capítulo.
II
Vaya, vaya. Como era de esperarse, tras el desastre electoral en Sonora, lo que sigue para la agonizante ‘ala dura’ del padrecismo es el ajuste de cuentas, el reparto de culpas y el fuego amigo que hoy aparece dirigido al secretario de Hacienda estatal, Carlos Villalobos Organista.
Y no es que el señor de los dineros esté libre de pecado, ni mucho menos. De hecho, creo que ya bastantes problemas tiene con el hecho de que en el equipo de entrega-recepción de Claudia Pavlovich tenga que entregarle cuentas a Raúl Navarro Gallegos, a quien los reportes de El Zancudo ubican como uno de los más versados especialistas en materia de finanzas públicas, y a quien difícilmente le podrán salir con cuentas mochas.
Suplente de El Borrego Gándara en el Senado, Navarro Gallegos es un beltronista químicamente puro, que seguramente trae instrucciones muy precisas después de que Guillermo Padrés le levantó la mano a su jefe durante la campaña electoral, pero ese será un tema entre especialistas financieros.
El problema es que a Villalobos Organista lo están tundiendo desde dentro, al mejor estilo del ‘fuego amigo’, los operadores políticos del padrecismo, particularmente el (eufemismo incluido) jefe de jefes en materia de operación política, Roberto Romero López, donde ubican el origen de los ataques hacia el secretario de Hacienda.
Hace días circuló en redes sociales la imagen de una residencia de seis pisos ubicada en el exclusivo fraccionamiento residencial La Joya, presuntamente valuada en más de 80 millones de pesos, propiedad de Carlos Villalobos, pero a nombre de su hijo.
Lo cierto es que la casa está a nombre de Allan Alcázar, titular del despacho AA Contadores, cuyas oficinas se encuentran en Reforma y Luis Encinas, y su valor no rebasa los cuatro millones de pesos.
En fin, ese es un asunto que se aclarará pronto, pero de lo que no quedan dudas, de acuerdo a los reportes hechos llegar a esta columna, es que el operador de esta andanada contra el secretario de Hacienda es Roberto Romero López, que en su infinita ineptitud trata de levantar cortinas de humo para cubrirse las espaldas en su retirada, antes de que, como se sabe ya, los sabuesos del gobierno federal se le acerquen lo suficiente para pisarle la cola y evitar que huya.
Lo cierto es que estamos a menos de 20 días de la jornada electoral que acabó con el fallido gobierno de la alternancia en Sonora, y los ajustes de cuentas entre los principales protagonistas de la debacle panista, apenas comienzan.
III
Imposible dejar de comentar lo que sucedió anoche en el gimnasio del estado, donde debería llevarse a cabo un partido de basquetbol entre los equipos de Hermosillo y Tijuana.
Llovió en la capital de Sonora, pero llovió más dentro del gimnasio, producto de algo que no puede llamarse goteras, porque lo que caía eran chorros de agua desde el techo, sobre la duela.
El partido se suspendió y la afición reaccionó airada no sólo porque el deterioro de las instalaciones deportivas les impidió gozar de su deporte favorito, sino porque de plano se les hicieron chingaderas que en su insaciable capacidad de rapiña, al director del deporte, Vicente Sagrestano, no le haya alcanzado para evitar la pena de proyectarse como el bandido que se robó hasta el dinero para impermeabilizantes.
En serio, qué asco.
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