Archivo Confidencial
Armando Vázquez

CITÓ A las siete de la tarde. Una cena en el restaurante El Dorado, buena carne, buena bebida, buena plática. En san lunes.
Javier Gándara Magaña, el candidato del PAN a la gubernatura del Estado, pasados los cuatro años, envió una convocatoria a diferentes columnistas que asistimos a su llamado. Unos por morbo, otros por conveniencia económica y otros más por mera complicidad con su persona.
La última ocasión que hizo una cita fue como alcalde de Hermosillo, cuando desayunamos un nutrido grupo de periodistas en la casa que rentaba a Gobierno del Estado contra esquina de Palacio de Gobierno. Entonces nos habló de sus proyectos modernizadores y su nueva política de comunicación. Nos botó a la mayoría, no le éramos necesarios y mucho menos cabíamos en ese nuevo esquema comunicacional. Le tocó a Anibal Pérez ser el conducto del latigazo.
En ese caso fue el último desayuno con él, ¿será la del lunes la última cena?
Llegó veinte minutos antes de las ocho. Habló de lo que ha visto en su campaña, de las localidades en las que cuentan con los servicios requeridos donde la principal necesidad es el empleo, con lo cual le dio su bajón, a lo mejor sin querer, a Moisés Gómez Reyna y sus números presuntuosos.
Habló de su vida dentro de la función pública, desde sus tiempos de priísta a la fecha. Mostró su pensamiento pragmático, empresario esquemático, sin duda alguna y de cómo si cumplía los compromisos como cuando fue coordinador de finanzas de Ramón Corral en su carrera por la gubernatura y a cuyo término él apechugó la responsabilidad. No abundó si fue dinero de su bolsa, difícil pues no es su característica principal. Lo mismo dijo de cuando terminó su alcaldía. Hubo un colega que ratificó y reforzó su dicho por su experiencia personal.
La reunión se prolongó hasta las diez y media de la noche. A eso de las ocho y minutos empezó el rosario de lamentos negros –tanto por parte de Javier como de los columnistas–, peñascazos, piquetes de ojos, reclamaciones y demás sin sabores pero civilizados, salvo los chingazos de los que se quejó el chapo Soto.
El ambiente se tensó en dos o tres momentos distintos. Javier se sintió, porque así lo vimos, abrumado en una o dos ocasiones. Hubo fuego cruzado, hasta amigo en un momento dado por parte de Viveros, hasta complicidad por parte del Pichón Arenas quien pidió un pacto favorecedor a Javier al cual nadie le hizo testera. Rodrigo, callado. Nunca habló
Se trató de respetar la calidad de anfitrión de Javier. Funcionó al principio y al final con la toma de la foto, todos sonrientes.
Pero terminada la cena y con alcohol de por medio, inició la tracatera que no se supo quién empezó primero, si el candidato con su pregunta del por qué el interés de los presentes en otros temas que no fue el que expuso al inicio o por los señalamientos de su adición, amistad, complicidad, cercanía o “candidatura oficial” otorgada por el gobernador Padrés.
Hubo en dos o tres momentos, que en ese respeto del protocolo por parte de los periodistas, que por cierto también fue trapeado, en los que se le indicó al candidato lo perjudicial que significaba para su persona la percepción y cercanía con el ejecutivo y se abrió la cortina condescendiente para que señalara su sano alejamiento, su rompimiento total, su separación del gobernador y su carga negativa. Habló, justificó, abundó sobre el tratamiento que les daría a las denuncias una vez finiquitadas, no antes y no, no pintó su raya.
Una y otra vez se le hizo ver los señalamientos. Los trató como simples estrategias mediáticas, incluida la de The Wall Street Journal. Pero son muchas denuncias, se le enfatizó, ¡cuáles!, preguntó. Se le dijeron, pero adecuo su lenguaje y señaló que la autoridad competente debe hacerse cargo de ellas. Cuando sea gobernador, subrayó, permitirá que las denuncias continúen y que el resultado final sea cobijado. “Un gobernador no puede detener una denuncia”… por favor, se le indicó, pero si no hay voluntad política no se continúan, esgrimió otro colega.
Le dio vueltas al tema, lo ensalivó, lo vadeó y ante la pregunta que le hicimos: “Es entonces un borrón y cuenta nueva” y dijo que no. Lo cual llevaba a otra pregunta lógica pero de nuevo, como planeador buscó un terreno donde aterrizar. Aún anda en el cielo volando.
¿Campañas negras?, se quejó de ser difamado, vilipendiado en los últimos tres años por el PRI, Natalia, Claudia. Explicó cada una de las acusaciones en su contra y le dio su cariz. Las minimizó. “Tan es así que en cinco meses de investigación la PGR no me ha citado”. Remachó que no es su juego el darle uso a tal tipo de estrategias, negó saber quiénes eran los causantes de las artimañas pero como bocio reventado las voces críticas, saciadas del hambre y sed de los presentes, apuntaron hacia Palacio de Gobierno.
Se lavó las manos, a propósito de Pilatos, ad hoc a los tiempos, y señaló que no era él quien las secundaba o causaba. Que era una campaña paralela. Pero te afecta Javier, fue el reclamó en buen plan de algunos presentes. Una cosa es Javier Gándara y otra el gobernador Padrés, reiteró como lo había señalado meses atrás.
Buen rato se sostuvo el toma y daca hasta que llegó a decir: “¿Y si yo fuera quien manejara las campañas negras, qué?”… silencio total de un segundo. Similar al que sucedió cuando al contestar la acusación en su contra e interpuesta ante la PGR, espetó: ¿alguno de ustedes conoce la denuncia?, surgieron palabras aquí y allá, ¿sabe de qué se me acusa?, más voces discretas, ¿sabe lo que es peculado?, y todos calladitos. Certero escopetazo.
En su segundo interrogatorio sobre el mismo tema le contestó Quirrín con un lenguaje legal entendible sobre lo que era peculado. Por cierto, cuando respondió sobre las acusaciones de corrupción sobre la venta del terreno del vado del río a su dirigente del PAN, Juan Valencia, Javier le increpó a Quirrín que le presentó las pruebas de su defensa pues su actuación jurídica como alcalde llegaba hasta cierto punto y que no escribió lo que le dijo.
Abundó un poco más señalando que el nombre de la persona que tenía la posesión del terreno, junto con el de su esposa y sus huellas digitales estaban sobre un documento, ¿cierto o no cierto Quirrín?, el periodista atinó a señalar la veracidad de tal señalamiento pero a su favor le espetó que esa información le pidió que no la manejara y cumplió su trato.
Por supuesto que trató el tema de la venta del rastro. Le dolió la forma como se trató el asunto y las barbaridades, infundios y calumnias en su contra y de su hijo. “Hay un acta de cabildo en la que se aprobó dicha venta cuyo precio se impuso conforme al mercado”.
¿Y por qué lo informas hasta ahora?, pregunté. “Siempre lo hemos explicado. Terrazas ha publicado desplegados en El Imparcial señalando la defensa”. La cara de what se reflejó en todos y llegó a esgrimir… “yo pensé qué… blablablá”, y a manera de colofón que daba para otro tema más amplio renegó del periódico de la calle Mina.
Hizo varias reflexiones entre las cuales sobresalieron tres.
El trato con los periodistas, distante, contrario a sus intereses –¡pero si tú nos corriste Javier!, pude decirle con el tacto de elefante que me caracteriza y respondió simplonamente: “esa es otra cosa”–, luego trató el tema del enojo de los presentes en contra del gobernador Padrés, sus trolles, sus funcionarios que manejan la comunicación y demás compañía y aquí brincó el Chapo Soto quien le refirió, palabras más, palabras, menos:
“Hemos sido perseguidos, golpeados, vilipendiados, acosados, hasta se burlan de nosotros en Telemax donde me crearon una marioneta, ¿cómo crees que no vamos a estar preocupados de que se queden los mismos, Jorge y compañía, que nos han estado fustigando?”… Atinó a señalar que eso va a cambiar, así como los protagonistas del affaire.
Por último enfatizó en el hecho de que la mayoría le conocemos de hace años. Que le tratemos como Javier Gándara, el de siempre y que espera que esta no sea ni la primera, ni la última reunión que tengamos. Luego vino la foto.
A la mañana siguiente, habló Claudia Vásquez al teléfono de mi oficina a invitarme a una gira de Javier por Guaymas este miércoles de todo el día. Me disculpé por estar ocupado, pero no rechacé la invitación a otra, la semana que entra si se puede.
EN FIN, por hoy es todo, mañana le seguimos si Dios quiere y le comentaré sobre el maleante que contrató Damián para promocionarlo.
