El Zancudo
(No mata, pero hace roncha)
Arturo Soto Munguía

Ignoro cuándo fue la primera vez que un personaje de la vida pública, de esos que suelen ser fuente de información (o deberían serlo) descubrió que fingir demencia, mostrar ignorancia o de plano hacerse wey, era un buen recurso para evadir sus responsabilidades o evitar comprometerse cuando alguien de la prensa le hacía una pregunta incómoda.
Tengo un recuerdo muy difuso de aquellos años finales de los 80, cuando el sector cooperativista pesquero en Guaymas ardía en un conflicto que a la postre prácticamente lo desapareció. Cierto día de esos, llegó a Palacio de Gobierno el polémico (por decirlo amablemente) líder de ese sector, Florentino López Tapia, un icono del corporativismo priista, lleno de claroscuros.
Los reporteros lo rodearon pidiéndole una declaración respecto al tema, que estaba realmente candente. Don Flor, como también le llamaban, se detuvo, agarró aire, miró retadoramente a los colegas y farfullando las palabras desde aquella boca afectada por una embolia que le desfiguraba el rostro, soltó: “No voy a dar declaraciones”.
-¿Por qué?, le espetó un reportero.
-¿Por qué qué?, respondió don Flor.
-¿Por qué no va a dar declaraciones, don Flor?, insistió el colega.
Don Flor miró a todos en derredor suyo; esbozó una mueca que quizá pretendió ser una sonrisa y soltó, encaminando sus pasos a Palacio, un lapidario: “Porque no me conviene”.
El viejo líder saldría de ese encuentro con el gobernador, destituido del cargo como líder cooperativista.
Ese tipo de declaraciones eran lo que hoy podrían ser catalogadas en el rubro de los casos aislados pero frecuentes, o en la lista de lo histórico y lo inédito.
Ahora varios personajes han chafeado ese recurso. El gobernador mismo, Guillermo Padrés ha puesto el ejemplo a varios de sus funcionarios, de cómo pueden salir por piernas frente a preguntas incómodas, respondiendo “No sé”, “No tengo conocimiento”, “No estoy enterado”, “En cuanto me informen le respondo” o el ya típico “Mañana le mando la información por escrito”. Obviamente, esa información nunca llega.
Algunos secretarios del gabinete actual han probado esas salidas, incluso en sus comparecencias ante legisladores, a quienes les pintan un violín cuando requieren información que los funcionarios no están dispuestos a dar.
Viene a cuento lo anterior, porque el doctor Bernardo Campillo, el secretario de Salud de más lamentable paso por esa dependencia, ayer lo hizo de nuevo. Antes de salir con una barbaridad del tipo “Los pacientes del Hospital General se tiran de las camillas para llamar la atención”, optó por fingir ignorancia sobre un tema que sacudió a la opinión pública sonorense hace un par de semanas.
Al doctor Campillo le preguntaron sobre el caso del menor Kevin Fuentes Fuentes, de dos años de edad, que falleció después de haberle picado un alacrán. En la comunidad donde vivía, Mesa Tres Ríos, en lo más alto de la sierra sonorense, el Centro de Salud no contaba en su inventario con antídoto para esos casos.
Su familia lo trasladó a la comunidad más cercana, Nácori Chico, distante a unos 60 kilómetros, pero la carretera está en tan malas condiciones que el trayecto puede durar hasta tres horas. Falleció en el camino.
El caso fue ampliamente difundido en radio, televisión, prensa y redes sociales, pero el único que no supo del mismo es el secretario de Salud, a juzgar por su declaración, ya que dijo no tener información al respecto.
La respuesta del funcionario fue impecable: “No tengo la información en este momento, con gusto la voy a solicitar y también voy a corroborar que si en determinado momento, estamos abastecidos con antídoto anti alacrán”.
No. La respuesta del funcionario no denota ignorancia, sino una deliberada intención de burlarse de los sonorenses, una falta de respeto que pinta de cuerpo entero no sólo el valemadrismo de un gobierno que ya hizo y deshizo en el sector salud, y se apresta a retirarse con los bolsillos llenos de dinero y sacudiéndose el polvo de las nalgas del pantalón, silbando la alegre melodía del impune.
Bernardo Campillo no es el único, pero quizá sea el más patético caso entre los funcionarios del nuevo sonora (minúsculas deliberadas), que ya se siente en su rancho, disfrutando su afición por los caballos finos y la vida de millonario, mientras ríe a carcajadas brinda por los seis años en los que pudo amasar una fortuna que no habría podido hacer en toda su vida como pediatra, asumiendo incluso que es un buen pediatra.
II
Ayer lunes, el candidato del PAN a la presidencia municipal de Hermosillo entregó la documentación para el registro de su planilla definitiva con la que competirá en el actual proceso electoral.
Zepeda Vidales lleva como candidato a síndico al actual diputado local José Carlos Serrato Castell, y como suplente de éste a René Loustanau Molina.
Estos son los candidatos a regidores, en ese orden:
1.- Nancy Norma Olivia Burruel; suplente, Ana Patricia Ocaño Huerta.
2.- Jesús Antonio Contreras Hermosillo; suplente, Gilberto Ocaña Amparano.
3.- Madeleine Bonnafoux Alcaraz; suplente, Anahí Amavizca Montoya.
4.- Jesús Israel Moreno Durazo; suplente, Jorge Alberto Medina Rendón.
5.- Lorena Gutiérrez Landavazo; suplente, Brenda Lizeth Córdova Búzani.
6.- César Rubén Rascón Muñoz; suplente, Eduardo Alejo Acuña Padilla.
7.- Elsa María Velazco Chico; suplente, Rocío Dolores Jiménez Montes.
8.- Enrique Alfonso Martínez Preciado; suplente, Arturo Quintal Armenta.
9.- Tatiana Verushka Gómez Unger; suplente, Karla Berenice Alarcón Valenzuela.
10.- José Luis Zavala Bustamante; suplente, Ángel Guillermo García Ramírez.
11.- Diana Karina Barreras Samaniego; suplente, María Belén del Carmen Montaño Salcido.
12.- Martina Moreno Ríos; suplente, Sandra Luz Fimbres Escalante.
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