Libertad de expresión, retos y simulaciones

El Zancudo
(No mata, pero hace roncha)

Arturo Soto Munguía

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Las redes sociales se cimbraron anoche con el anuncio del despido de la periodista Carmen Aristegui, de la empresa MVS propiedad de Joaquín Vargas, vinculado según el periodista Raymundo Riva Palacio al senador Emilio Gamboa Patrón, quien a su vez impulsó al hoy vocero de la presidencia, Eduardo Sánchez.

El asunto hizo crisis cuando la periodista y parte de su equipo se adhirieron a la plataforma MéxicoLeaks, un sitio que retoma la experiencia de WikiLeaks para documentar casos de corrupción, y que metió en serios aprietos al gobierno de Estados Unidos a partir de filtraciones de información sobre casos muy escabrosos.

MVS se deslindó de ello y acusó a los periodistas de usar su marca sin consentimiento, lo cual es comprensible, si se entiende que la empresa tiene sus derechos salvaguardados, pero la reacción fue desproporcionada. Lo primero fue el deslinde, después un intento por normar el ejercicio periodístico de sus colaboradores, algo que, también hay que decirlo, es legítimo.

Pero antes, MVS despidió a los periodistas Irving Huerta y Daniel Lizárraga, parte del equipo de investigaciones especiales, y quienes habían descubierto entre otros casos, el de la famosa Casa Blanca del presidente Enrique Peña Nieto, que salió a la luz pública justo en el momento más álgido de la masacre de Iguala, la desaparición de normalistas en Ayotzinapa y el viaje del presidente a China.

Aristegui se solidarizó con sus colegas y exigió su reinstalación. No sólo no le fue aceptada su exigencia, sino que la empresa MVS finiquitó unilateralmente su contrato, como lo había hecho en 2011, cuando la periodista difundió una entrevista con Gerardo Fernández Noroña, quien acusó al entonces presidente Felipe Calderón Hinojosa, de ser alcohólico.

El despido de Carmen Aristegui reabrió ruidosamente el debate sobre la libertad de expresión en México, que ha sido considerado en la lista de los países más peligrosos para el ejercicio del periodismo en México.

Sin duda, Carmen Aristegui pierde al salir de MVS, y también pierde la empresa, pero sobre todo, pierden las audiencias al quedarse sin una voz crítica y documentada.

Claro que esta historia no se acaba, y en los próximos días habremos de ver cómo se reacomodan las cosas en las opciones de información en México.

II

Puente largo y la semana comienza en martes. Y justo este martes estará en la plaza Emiliana de Zubeldía la candidata del PRI al gobierno del estado, Claudia Pavlovich Arellano, con un grueso expediente que documenta las presuntas irregularidades cometidas por Guillermo Padrés, Javier Gándara y otros, en varios temas que han estado en la agenda pública de las últimas semanas.

Lo anterior, como respuesta a los señalamientos contra Pavlovich, en el sentido de que recibió financiamientos ilegales por parte de funcionarios del ayuntamiento de Nogales, de lo que no hay mayores elementos que una grabación interceptada presuntamente por personal del C4, el centro de espionaje del gobierno del estado, que hasta hace muy poco estuvo a cargo de Javier Dagnino, primo de esposa del gobernador, y hoy candidato a diputado local.

Javier Gándara, por su parte, ya declaró que no asistirá a la plaza pública a discutir sobre este tema, pues se reservará para los debates que organice el Instituto Estatal Electoral, lo cual era previsible, pues difícilmente el candidato del PAN se expondrá a echarse a cuestas la serie de acusaciones que existen contra el gobernador, pues ya dijo hace tiempo que en todo caso, es el propio gobernador quien debe responder por ello.

Mucho menos habrá de entrar a un debate sobre las acusaciones respecto a operaciones presuntamente ilegales durante su administración como alcalde de Hermosillo.

III

Sin sorpresas concluyó la jornada de elección interna en el PAN de Sonora, donde resultaron ganadores los precandidatos que participaron en una contienda que constituye un ejercicio de simulación que debería ser proscrito en las prácticas de los partidos políticos, por su propia credibilidad.

Al menos, en los términos en que se llevaron a cabo esta vez, con la utilización de precandidatos ‘Juanitos’ que sólo validaron el uso –excesivo por cierto-, de recursos humanos, financieros y materiales para legitimar candidaturas que desde siempre se supo, ya venían palomeadas.

De hecho, no acudieron a las urnas ni la mitad de los afiliados al PAN en Hermosillo, algo que debería llamar la atención de los dirigentes de ese partido.

Cierto: no hay ilegalidad en las precampañas, pero en los términos en que se llevaron a cabo, quizá sí hay un mensaje no muy alentador en el sentido de que la oferta política de esos candidatos es precisamente esa, la de jugar en los linderos de la legalidad y en el libre juego de las simulaciones.

Entre esas elecciones simuladas en el PAN y los dedazos cupulares en el PRI no parece haber espacio para la esperanza de que los partidos políticos estén pensando en democratizar sus prácticas internas, lo que finalmente alimenta el desaliento y la ya de por sí muy deteriorada imagen de las instituciones políticas en el país.

Ese sería un reto para todos los protagonistas de la vida pública, aunque también tienen la opción de seguir desdeñando a los ciudadanos, considerándonos menores de edad o en el peor de los casos, una masa de pobres que de cualquier forma irán el siete de junio a las urnas a engordar una votación a cambio de una despensa, un billete, una gestión o un bulto de lámina negra.

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