Para maletas, en la Secretaría de Salud. Y la miopía geográfica

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El Zancudo
(No mata, pero hace roncha)

Arturo Soto Munguía

 

La muerte de un pequeño en la lejana comunidad de Mesa Tres Ríos, camino arriba de Nácori Chico, en lo más alto de la sierra sonorense descorrió dramáticamente y de nueva cuenta el deplorable estado en que se encuentra el sistema de salud pública en Sonora.

El niño, de dos años de edad fue picado de un alacrán y fue llevado al centro de salud de esa población ‘remontada en el monte’, donde se carece de los más indispensables servicios, pero no había antídoto, así que fue trasladado a Nácori Chico, la cabecera municipal que se encuentra a unos 60 kilómetros de distancia, pero el camino está hecho pedazos y el recorrido puede durar hasta tres horas. El pequeño murió en el trayecto.

Hay luto en aquella población y también hay mucha indignación por el abandono de un gobierno que padece de ‘miopía geográfica’, un mal que aqueja a los gobernantes que no ven más allá de los límites de Hermosillo, y para quienes no existen ni la sierra, ni los valles, ni el desierto sonorense. Sólo la capital, donde florecen sus negocios inmobiliarios y de todo tipo.

Para el anecdotario de lo insólito queda aquella declaración del secretario de Salud, Bernardo Campillo, quien interrogado acerca de algunos pacientes que en el Hospital General de Hermosillo aparecieron fotografiados en el piso de los pasillos del nosocomio, se defendió diciendo que algunos enfermos, para llamar la atención, “se tiraban de las camillas”.

El asunto sería cómico, si no fuera tan trágico.

Ayer por la mañana, la candidata del PRI al gobierno del estado, Claudia Pavlovich estuvo en la explanada del Hospital General, donde diariamente se escriben los dramas más agobiantes de una sociedad desatendida y olvidada; donde los más pobres son vistos con desprecio, por encima del hombro de una élite insensible y un personal que a su vez sufre los agobios por la falta de medicinas, equipo, instalaciones. De lo más elemental para curar enfermedades simples.

Ahí platicó con Francisca Barragán, vecina de Villa de Seris que en una breve exposición la puso al tanto del problema por el que pasa su hermana. Ella tuvo una infección en la uña del pie. La desatención provocó una gangrena que avanzó hasta que no hubo más remedio que amputarle la pierna. La operación será mañana.

Pero la noche anterior, María Elena, como se llama la paciente que vela en la sala de urgencias desde hace días, dejó por un momento la silla de ruedas en que se movía, para ir al baño ayudada por otros pacientes que forman legión de pobres en esa sala maloliente y sucia.

Cuando volvió, la silla de ruedas ya no estaba. Se la habían robado.

Rápidamente, una de las asistentes de Claudia se entrevista con Francisca, toma sus datos y la remite a las oficinas de campaña en Yáñez y Serdán, Allí le resolverán el problema.

Fue menos de una hora el tiempo que Claudia estuvo en esa antesala de la tristeza. Allí la abordaron cuatro personas más; todos ellos esperando atención por lesiones, pues fueron víctima de robos y asaltos a mano armada en distintos puntos de la ciudad.

Como esos, uno y mil casos se repiten en el Hospital General, donde se carece de lo más indispensable para atender a los pacientes, mientras su director presume residencias de playa y caballos pura sangre cuyo costo se cuenta en millones de dólares.

Y mientras suceden todos esos dramas cotidianos, al secretario de Salud se le observó de compra en conocido centro comercial, muy en el estilo ‘urban cowboy’, hasta con las espuelas puestas.

Una insensibilidad apenas comparable con la de la contralora estatal, María Guadalupe Ruiz Durazo, que en su cuenta de tuiter preguntó, a propósito de la tragedia en Mesa Tres Ríos, sobre lo que uno puede encontrar en “esa bonita zona de la sierra sonorense”. O sea.

 

 

 

II

El conflicto en la región del Rio Sonora no cesa. La polémica por la distribución del millonario fideicomiso creado por el Grupo México, a instancias del gobierno federal, entre los afectados por el derrame tóxico de septiembre del año pasado, ha generado pugnas incluso entre gobernantes panistas.

Hace unos días, el alcalde de Aconchi, Pedro Armando Lugo vertió algunas declaraciones en el sentido de que el secretario de Gobierno, Roberto Romero López lo había conminado a que no siguiera haciendo declaraciones que pudieran dinamitar los acuerdos que se están alcanzando institucionalmente para darle una salida a la crisis en esa región.

Por supuesto que las actitudes caprichosas y sin sustento del señor Pedro Lugo molestarían a algunos personajes y los efectos no se han hecho esperar.

A nuestro correo ha llegado información que involucra al alcalde de Aconchi en la comisión de algunos delitos que le han acumulado ciertos antecedentes penales, ante los cuales palidecen otros que ya habían sido citados en esta columna hace algunos meses, pero que no pasaban de ciertas travesuras al calor de la euforia en las fiestas regionales.

Claro, los informes nos los hicieron llegar de manera anónima, por lo cual no estamos en condiciones de atribuirles veracidad, pero les daremos seguimiento para ver hasta qué punto está operando el ‘fuego amigo’ entre panistas de esa región y sus jefes en Hermosillo.

 

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