Arturo Soto Munguia
Después de una intensa jornada de negociaciones, las comisiones unidas de Hacienda dictaminaron una propuesta de paquete presupuestal 2019 superior a los 68 mil millones de pesos, que deberá ser votada en el pleno en sesión extraordinaria que está por definirse.
Fueron días de intenso cabildeo entre las distintas fuerzas políticas representadas en el Congreso del Estado y cada una de ellas propuso modificaciones a la propuesta original para que los recursos sean aplicados en áreas y sectores prioritarios, buscando ejercer una política municipalista en los egresos, y no cargarle la mano al contribuyente con los ingresos.
De hecho, la Ley de Ingresos presenta una reducción de 24 millones de pesos por concepto de impuesto sobre hospedaje, que estaba propuesto para incrementarse del 2 al 3 por ciento, pero el aumento no prosperó.
Otro tema polémico fue el del impuesto por juegos con apuestas quedó en 10 por ciento y esos recursos habrán de orientarse a programas de prevención y tratamiento de la ludopatía.
El problema en Sonora no parece estar en el presupuesto estatal, sino en el federal, donde la propuesta presentada por el ejecutivo contempla recortes en áreas estratégicas como salud y educación y desarrollo social, destacando la desaparición de algunos programas a los que se asignó cero pesos y otros a los que se redujo sustancialmente lo asignado el año anterior.
El recorte al presupuesto de las universidades será un tema que dará mucho de qué hablar en lo sucesivo, porque el recorte viene fuerte y si tradicionalmente el gobierno del estado entraba al quite para resolver conflictos (sobre todo salariales y contractuales), el próximo año eso se antoja difícil por las limitaciones financieras derivadas, entre otras cosas, de la reducción en el flujo de recursos federales, y el limbo en el que todavía permanecen los criterios para el manejo de esos recursos por parte de los nuevos funcionarios federales.
Las universidades públicas, de donde provinieron una parte importante de los votos que llevaron a Andrés Manuel López Obrador a la presidencia, fueron maltratadas en la propuesta presupuestal del presidente. Y los conflictos que se generen en ellas van a golpear, antes que a la federación, a los estados. Al tiempo.
En cambio, el presupuesto federal privilegia las grandes obras de infraestructura como el tren maya, el corredor transístimico, el aeropuerto de Santa Lucía, así como los programas asistenciales: becas para adultos mayores, discapacitados, estudiantes y los llamados ninis.
Todavía falta que ese presupuesto pase por la cámara de diputados federales, aunque por su composición, lo más probable es que sólo tenga modificaciones mínimas. Las repercusiones de los recortes en prácticamente todos los rubros se comenzarán a ver el próximo año, pero no hay buenos augurios.
El asunto luce complicado. Mientras universidades, Conacyt, centros de investigación y colegios en el sector educativo y de cultura; instituciones de salud y programas sociales presentan una drástica reducción presupuestal (nada más a la UNAM le reducirán alrededor de mil millones de pesos), los programas de infraestructura y los asistencialistas se llevarán más de 251 mil millones de pesos.
¿Cuáles fueron los criterios para determinar estas asignaciones presupuestales?
Eso no parece quedar claro a la luz de las promesas de campaña hechas por el hoy presidente, pero tendiendo a malpensar, se puede intuir una buena dosis de capricho si no es que de perversidad.
Todavía no está resuelto el tema de las consecuencias que traerá la cancelación del aeropuerto en Texcoco y ya se habla de más de cien mil millones de pesos perdidos, pero el aeropuerto de Santa Lucía va. Como van la refinería en Tabasco, el tren Maya, el corredor transístmico, y otras obras de infraestructura, señaladamente las carreteras y caminos rurales.
El consejo asesor empresarial del presidente seguramente lo aconsejará muy bien en materia de licitaciones y asignación de obra, y probablemente le enseñe algunos “truquitos” para hacer rendir el presupuesto. Son gente con experiencia en eso: Ricardo Salinas Pliego (TV Azteca), Bernardo Gómez (Televisa), Olegario Vázquez Aldair (Imagen TV, Excélsior), Carlos Hank González (el nombre lo dice todo), Miguel Alemán Magnani (también), entre otros.
Pero por otro lado se destinarán cientos de miles de millones de pesos a programas asistencialistas (por no decir clientelares) que sin lugar a dudas tienen la intención de ampliar la base social de beneficiarios, mayoritariamente de las clases más bajas: colonias marginadas, pensiones para discapacitados y para adultos mayores, becas para preparatorianos (ya en edad de votar o a punto de llegar a ella), “ninis” que pomposamente son llamados “jóvenes construyendo el futuro”, créditos a la palabra (prácticamente recursos a fondo perdido) y precios de garantía a productos alimentarios básicos.
Y para cerrar la pinza, un generoso presupuesto para medios de comunicación, del que seguramente los mismos de siempre seguirán llevándose la mayor tajada y no gratis.
Parece demasiado pronto para adelantar conclusiones y habrá que esperar a ver cómo funciona el nuevo gobierno federal, ya en el ejercicio como tal, con presupuesto nuevo. La gran apuesta parece ser a la erradicación de malas prácticas relacionadas con la corrupción, que desaparecerían al conjuro de la cuarta transformación.
Pero finalmente el gobierno está integrado por hombres y mujeres que no vienen del castillo de la pureza, sino en su mayoría, de una escuela de servicio público donde aprendieron a ser parte del anquilosado engranaje del sistema político mexicano que permanece prácticamente intacto.
Sólo basta darle una rápida ojeada a la integración de los gabinetes municipales en Sonora (o una mirada al Congreso del Estado), para darse cuenta de que no hay gran diferencia respecto a lo que hubiera pasado si en vez de la coalición que encabeza Morena, hubiera ganado el PRI o el PAN.
Con el agregado de que algunos de los “nuevos” ya frente a la generosa ubre gubernamental, comienzan a presentar indicios del Síndrome del Gavilán, que si agarra y suelta, pues no es gavilán.
II
Y a propósito de gobiernos municipales, ayer la alcaldesa de Hermosillo, Célida López Cárdenas anunció la reestructuración de su aparato administrativo con una serie de movimientos con los que proyecta lograr un ahorro de 52 millones de pesos el próximo año.
Para empezar, anote usted el recorte de 600 empleados de confianza y sindicalizados (ya van 150), y una serie de medidas de austeridad republicana que incluyen dejar de pagar comidas y teléfonos celulares para empleados, así como la renta de oficinas donde funcionaban algunas dependencias.
Así, la Dirección de Seguridad Ciudadana se convierte en Dirección de Prevención del Delito; la Dirección de Desarrollo Social en Dirección de Bienestar Social y se crea la Dirección de Transformación Social “que se dedicará a generar la cultura de la paz a través de la mediación” (sic).
Las direcciones del Deporte y la Juventud se fusionarán en una sola, para regresar al esquema que operaba hace más de una década; desaparecerá la dirección de Salud Municipal y algunas de sus atribuciones pasarán al DIF municipal.
La secretaría del Ayuntamiento, a cargo de Alfredo Gómez ampliará su radio de acción, pues además de los animalitos con los que usualmente le toca lidiar, ahora tendrá a su cargo los trabajos propios del Centro de Atención Canina y Felina. En descargo, hay que apuntar que también absorberá las funciones que tenía la Comisión de Desarrollo Económico y Turístico, dependencia que desaparecerá.
Si el buen Alfredo Gómez no se la acababa con la chamba de la Secretaría como estaba, no quiero imaginarlo organizando una Expo Perro Adoptado para generar empleos y promover el turismo. Tampoco al buen Güero Sallard, que, entiendo, se hará cargo de la Dirección de Transformación Social generando la cultura de la paz a través de la mediación (cualquier cosa que eso signifique), cuando ni siquiera pudo sacar la chamba de un conciertito del grupo Elefante, en el que por cierto, se gastaron algunos milloncitos de pesos y no asistieron más de 200 personas.
La Unidad de Transparencia y el área de Comunicación Social (que pertenecía a la Secretaría Técnica) pasarán a ser direcciones Generales.
En fin, a ver si no revuelcan mucho la gata para que siga siendo la misma gata, nomás que revolcada.
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