Arturo Soto Munguia
Sé que algunos me van a querer linchar por lo que diré a continuación, pero me arriesgo: Ernesto Munro Palacio no es padrecista.
Me explico: cuando Guillermo Padrés era un mozalbete y andaba inaugurando su vida adulta, coqueteando con el priismo en su natal Cananea, Ernesto Munro ya acreditaba largas jornadas de lucha y enfrentamiento contra el gobierno del PRI, en las urnas y en las calles.
Eran los años en que luchar contra el PRI significaba la represión y la cárcel, las madrizas y hasta la vida, no como ahora, que cualquier improvisado la juega de antisistema contra un PRI que después del 1 de julio pasado, quedó como los Pumas frente al América en la semifinal.
Mucha agua ha pasado bajo los puentes desde aquellos años, hasta que llegó el 2009 y aquel mozalbete que a principios de los 90 salió del PRI luego de que ese partido le negara la posibilidad de competir como candidato a la alcaldía de Cananea, supo abrirse paso en medio de una nueva clase dirigente en el blanquiazul, a la que Manuel Espino por instrucciones de Felipe Calderón, le abrió las puertas.
Cuando Padrés llegó a la gubernatura, incorporó a representantes de casi todas las corrientes del PAN, a su gabinete y al partido. Así llegó Ernesto Munro a la secretaría de Seguridad Pública donde se mantuvo los seis años y donde, por obra u omisión, validó todo el cochinero de ese sexenio, con todo y su galería de impresentables personajes que hoy, ciertamente, Ernesto Munro ha rescatado por alguna razón, para reintegrarlos a la vida política desde la dirigencia estatal que ayer fue oficialmente presentada.
En sentido estricto y por respeto a las canas, podría decirse con mayor precisión que Ernesto Munro es menos padrecista, de lo que Padrés es “Netista”, pero para efectos prácticos y a la luz del “line up” que el nuevo dirigente estatal armó, bien se podría declarar un empate técnico.
“Nos olvidamos de los ciudadanos, nos olvidamos de los principios de solidaridad, subsidiaridad, del eminente respeto a la dignidad de la persona humana y del bien común. Perdimos nuestro propósito, nuestra razón de ser”, dijo Munro en una parte de su discurso. “Hoy quiero hacer un compromiso con ustedes, esto debe cambiar y esto va a cambiar. Nunca más un PAN dividido y dominado por los grupos de poder”, agregó.
Y allí mismo, escuchándolo muy atentos: Roberto Romero López, Mónica Paola Robles, Agustín Rodríguez, Teresa Lizárraga, Alejandro López Caballero, entre otros personajes que aparecieron ayer acuerpando al rocaportense en su toma de posesión y erosionando la credibilidad del discurso.
Presente también el candidato a la dirigencia, Jesús Ramón Díaz Beltrán, que de último momento aceptó los resultados desfavorables a su candidatura.
Munro también hizo un llamado a los panistas que abandonaron el partido en la pasada coyuntura electoral, para que regresaran a las filas blanquiazules, aunque lo más probable es que esos prófugos de la hoy diezmada nómina panista desoigan las palabras del dirigente, con sólo ver a su lado a varios de los artífices de la migración que dejó al PAN en uno de los peores momentos de su historia moderna.
Mucho menos, si esos migrantes hoy se encuentran bien posicionados como alcaldes, regidores, diputados locales y federales o funcionarios de gobierno bajo otras siglas, señaladamente las de Morena.
Sin ir muy lejos, baste recordar que en Hermosillo, el epicentro de la política en Sonora, tiene en la alcaldesa Célida López uno de los nudos más difíciles de desatar: como oposición, el PAN está obligado a asumir posiciones críticas respecto a las políticas del Ayuntamiento, cuya cabeza es acérrima enemiga de su paisano, al que le tiene varias facturas guardadas.
Ese es uno de los frentes que tiene abiertos. El otro es con un sector de la prensa al que maltrató en su anterior aparición pública, cuando los acusó de criticarlo por encargo.
Más que por encargo, “porque les están pagando para ello”, dijo, lo cual le valió el revire de un colega, quien planteó en su columna no saber si eso sea cierto, pero lo que sí se sabe con certeza es que ningún reportero trae un amparo en la bolsa; a ningún reportero le han dado un carro blindado para su esposa (que luego apareció tiroteado en un enfrentamiento entre bandas de narcos) y ningún reportero está acusado de hacer compras con sobreprecio, de escobas que, por su valor-factura bien podrían ser las usadas por Harry Potter.
Upsssss.
En fin, son muchos y muy variados los retos que tiene el nuevo dirigente del PAN. Le deseamos suerte.
II
La decisión sobre quién ocupará la titularidad de la Secretaría de Seguridad Pública finalmente se decantó por el ex director del C4, David Anaya Cooley, con tan buen tino que ni siquiera en las benditas redes sociales, donde no hay chile que les embone, se registraron mayores cuestionamientos o impugnaciones a este nombramiento.
A diferencia de la elección de la fiscal estatal, Claudia Indira Contreras, el nombramiento del nuevo secretario no tiene que pasar por el Congreso del Estado, donde naturalmente todo tiende a politizarse, sino que fue una decisión de la gobernadora Claudia Pavlovich, si bien consideró las observaciones que sobre una larga lista de prospectos hicieron los integrantes del Comité Ciudadano de Seguridad Pública.
Muchos nombres se habían barajado a lo largo de dos meses y entre ellos volvió a aparecer hasta el del ex diputado federal y ex procurador transexenal Abel Murrieta Gutiérrez, así como el del presidente de la Barra Sonorense de Abogados, Héctor Contreras Pérez y el del ex delegado de la PGR, Darío Figueroa Navarro.
También se manejó desde un principio el nombre de David Anaya Cooley, quien siempre apegado a un estilo personal de discreción, prefirió evitar los reflectores y dejar que la gobernadora evaluara su perfil y trayectoria. Finalmente fue el elegido.
Lo que algunos veían como un punto en contra de David, finalmente fue lo que quizás pesó más a la hora de tomar la decisión: su formación no es el de un policía de carrera, alguien a quien se asocie con el uso de armas o el tehuacanazo con chiltepín, o los sórdidos laberintos del sistema de justicia, sino que sus mayores méritos lo ubican en el proceso de transición del C4 al C5i.
David Anaya es licenciado en relaciones humanas por la Universidad La Salle y se ha especializado en sistemas y tecnologías de inteligencia y contrainteligencia, justamente lo que más hace falta en las instituciones de prevención y combate a la delincuencia.
Redes de telecomunicaciones y centros de monitoreo, operaciones tecnológicas de inteligencia, análisis político son algunos de los cursos de especialización que ha tomado; su experiencia en campo también es notable, de manera que podríamos estar entrando en una nueva concepción de la seguridad pública, que privilegie más la inteligencia y la tecnología sobre el poder de fuego.
Ahora bien, yo no estaría muy seguro de que al señor Anaya Cooley le hayan pasado de noche tantos años cerca de las corporaciones policiacas, y mal harían en encasillarlo, como ya lo han hecho algunos, en la categoría de un nerd hipster al que le falta barrio, más concentrado en el ciberespacio y la programación que en la cruda realidad.
Personalmente suelo tener mis reservas respecto a esos perfiles muy atildados, de delicada caballerosidad y aparentemente inofensivos, porque luego resultan unas chuchas cuereras. No vaya a ser que estemos frente al Elliot Ness de la meritita colonia Chapultepec en Ciudad Obregón.
III
Se le sigue enredando la piola a la alcaldesa Célida López con la licitación para la renta de camiones recolectores de basura. A las críticas se han sumado tres aguerridos regidores de Morena: Armando Moreno Soto, María Engracia Carrasco y Ofelia Valenzuela.
Son la punta de lanza de ese sector de la izquierda que reclama su reconocimiento en el triunfo de la ex panista, pero más allá de eso, está manifestando su inconformidad con el ejercicio de un gobierno que, sostienen, no tiene nada que ver con el proyecto de nación de Andrés Manuel López Obrador.
Esta historia apenas comienza.
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