Arturo Soto Munguia
La joven ha cursado desde el jardín de niños, la primaria, la secundaria y actualmente cursa la preparatoria en el Bachillerato no Escolarizado para Estudiantes con Discapacidad, del Centro de Estudios Tecnológicos del Mar, en Guaymas.
Leslie es muy sociable y ha desarrollado habilidades como para formar parte del coro y practicar la danza, que parece ser su mayor vocación. Pero de unos años a la fecha, asegura María Mónica Félix, su madre, “se ha estancado; ahora ya está en esa etapa en la que habla sola, algo que nunca le había pasado”, dice.
Ambas se encuentran en el Delfinario Sonora, a punto de ser reinaugurado por la gobernadora Claudia Pavlovich Arellano. Bajo una pesada atmósfera de calor húmedo, la señora explica que Leslie es una de las niñas que recibían terapias asistidas en ese lugar, cerrado desde hace unos tres años como centro de atención a niños con discapacidades físicas y/o mentales.
Dice que desde entonces ha tenido que llevar a la niña con sicólogos y especialistas; ha probado con equinoterapia y otros recursos, pero nada le ha dado los resultados que obtuvo entonces en el delfinario, cuando sus habilidades mejoraron notablemente, en especial las relacionadas con el lenguaje, pues entonces comenzó a comunicarse con mayor fluidez.
Pero en el año 2014 el delfinario cerró sus puertas. Inaugurado en el sexenio antepasado, la administración de Guillermo Padrés lo sumó a la muy larga lista de obras, programas, instituciones, proyectos que se fueron deteriorando entre el olvido y el saqueo.
Leslie es una de las 20 mil pacientes que se atendieron durante el tiempo que duró en operaciones. Una de las 20 mil víctimas del padrecismo, de esas que permanecen en la invisibilidad porque nadie sabe a ciencia cierta, a cuántas personas dañó con su desastroso ejercicio de gobierno, el que hoy debe rumiar sus culpas en una celda del reclusorio Oriente.
Durante el tiempo que estuvo en operaciones, el delfinario brindó terapias a más de 20 mil niños y niñas que se quedaron sin esa opción. Leslie es una de ellas y por eso, ahora que se abrirán de nuevo las puertas de estas instalaciones, donde se invirtieron más de 78 millones de pesos en el remozamiento, modernización y rehabilitación, sonríe desde su carita redonda y luminosa. 78
Le pregunto a Mónica sobre las versiones en el sentido de que no hay evidencia científica de que la delfinoterapia funcione, y me responde: “Científicamente yo no te lo puedo decir, pero desde mi experiencia, sí te puedo asegurar que a Leslie le ha funcionado, le ha servido muchísimo y estoy encantada de que el delfinario vuelva a abrir sus puertas”.
Para Mónica, para Leslie; para cientos de personas que ayer se dieron cita en la reinauguración, el de ayer fue un día de fiesta en el que no importaron los chorros de sudor que el calor y la humedad hacían brotar de todas las pieles. Estaban allí para ver a Europa y Tana; Mauricio y Risho, los delfines que por gestiones de la gobernadora ante Profepa, fueron traídos a Guaymas, donde continuaron sus entrenamientos bajo la supervisión del personal que se mantuvo desde que fue cerrado el delfinario, esperando también este momento.
En su intervención, la gobernadora hizo un reconocimiento a Eduardo Bours Castelo y su esposa Lourdes Laborín, quienes hicieron posible el delfinario, y pidió a los asistentes y a todos los sonorenses, cuidar las instalaciones para no dejar que se deterioren, para mantenerlas funcionales.
Por cierto, supimos que ya hay una lista en la que aparecen las niñas y niños que hace tres años estaban recibiendo delfinoterapias, y serán los primeros en reintegrarse a las mismas.
II
En la parte grilla del evento, observamos al alcalde de Guaymas, Lorenzo de Cima Dworak, que quizás era el único que traía cara de pocos amigos. Parecía mortificado y a veces hasta enojado.
No es para menos. Desde el inicio de su administración no le ha encontrado la cuadratura al círculo de la gobernabilidad en el puerto y cuando no se pelea con sus adversarios políticos, lo hace con sus propios correligionarios. El diputado Manuel Villegas, por ejemplo, que ese sí andaba con la sonrisa de oreja a oreja, a pesar de un desaguisado tempranero.
Resulta que el diputado tenía programado un desayuno con mujeres militantes del PAN en la sede de ese partido, a donde llegaron decenas de señoras, pero encontraron las puertas cerradas. El dirigente municipal del PAN, Santiago Samaniego ordenó que les negaran el acceso.
Incluso, el propio diputado se encontró con las puertas cerradas y tuvo que cabildear largo rato para que le fuera permitido entrar. Trascendió que la orden de impedir esa reunión salió desde la oficina más refrigerada del Palacio de Piedra, como también se le conoce a la sede del Ayuntamiento porteño.
En la banqueta del lugar había varios funcionarios municipales, entre ellos Ubaldo García Contreras, del área de Desarrollo Social, que en horas laborales no perdía detalle de los acontecimientos, videograbando todo, especialmente los enfrentamientos verbales entre las señoras que querían entrar y las que les negaban el acceso.
Finalmente la reunión se llevó a cabo, pero fue otro capítulo en la ya larga historia de confrontaciones internas que vive el PAN en el puerto y cuya autoría se adjudica al polémico alcalde, que ayer andaba con cara de muy pocos amigos, mientras a unos metros detrás de él, a Manuel Villegas no le cabía la sonrisa en el rostro y nomás le faltaba saltar y hacer piruetas como delfín en el estanque.
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