Arturo Soto Munguia
La lucha por la alternancia en el país ha sido larga y dolorosa. Ha dejado una estela de sangre y muerte. Ha creado opciones y salidas de emergencia. Ha fabricado líderes de paja y falsos profetas, en todos los ámbitos.
La alternancia sonó a promesa en los 80 en Europa donde hoy nadie está a salvo. Sonó a Revolución por esos mismos años en México, donde se usaba corear la consigna “Alerta, alerta, alerta que camina, la lucha proletaria en América Latina”.
La realidad en México indica otra cosa. Indica, por ejemplo, que cuando despertó Monterroso, el dinosaurio seguía allí.
Desde que se abrió el proceso para definir candidaturas en el Estado de México, el Grupo Atlacomulco, comandado por el presidente de la República, Enrique Peña Nieto, asumieron esa elección como un reto personal.
Después de las elecciones estatales de 2015, donde el gran perdedor fue el PRI, y que derivaron en la salida de Manlio Fabio Beltrones de la dirigencia nacional de ese partido, desde Los Pinos se dieron a la tarea de sacar adelante esa elección para hacer ganador a Alfredo del Mazo, a cualquier costo.
No se escatimaron recursos de ningún tipo en esa empresa. La continuidad del PRI en el Estado de México era un asunto de vida o muerte rumbo a la sucesión presidencial 2018; la madre de todas las campañas previas, el laboratorio donde habrían de probarse todas las malas mañas, todas y de parte de todos los protagonistas de esta liza electoral, para salir victoriosos unos, para negociar posiciones de supervivencia otros.
Película repetida.
Recuerdo que hace casi dos meses, uno de los personajes clave del mando nacional priista me confiaba que la única manera de hacer ganar a Alfredo del Mazo era inyectarle apoyos (desde el PRI) a Josefina Vázquez Mota, la candidata del PAN. La estrategia era hacerla subir en las preferencias, de manera que se terciara la votación entre PRI, PAN y Morena, para evitar que se despegara la candidata del Peje, Delfina Gómez y se alzara con el triunfo.
Pero Josefina ya desde entonces consolidaba su condición de mala candidata. No levantó en las encuestas ni con el apoyo del PRI y el resultado en estos momentos es que se fue hasta un lejanísimo cuarto lugar, por debajo, con mucho, del candidato del PRD, Juan Zepeda.
Eso, desde luego, no le importa mucho, pues en ese mar de negociaciones cupulares en los partidos, la señora aseguró un escaño en el Senado para ella y una curul en San Lázaro para su hija. Josefina gana siempre, aunque pierda.
Frenar al Peje en el Estado de México es, como fue en 2006 y 2012, el espacio para el encuentro clandestino donde el PRI y el PAN se acurrucan cachondamente, mientras en público se ignoran y hasta fingen aborrecerse. La diferencia con aquellas elecciones, es que ahora el PRD hace el trío de cachonderías, aprovechando el mesianismo de López Obrador, que condicionó una alianza con ellos bajo la premisa de que ‘primero se suman y luego les digo qué les toca’.
Claro que en el PAN, y sobre todo en el PRD, conocen a López Obrador, y puestos a elegir, decidieron ir solos y anunciar una eventual alianza entre ellos dos, pero hasta 2018.
Este anuncio modificó escenarios y tendencias en el Estado de México. Aunque la alianza PAN-PRD ha sido exitosa en algunos estados antes (Oaxaca, Puebla, Veracruz, Sinaloa, entre otros) y hoy en Nayarit, la negativa a ir juntos en Edomex fue, hoy se sabe, la clave para impedir el triunfo de López Obrador en la tierra del chorizo, por la vía de Delfina.
Nadie, con dos dedos de frente, podría dudar que la negativa de PAN y PRD a sumarse a la campaña de Delfina fue en una parte orquestada desde Los Pinos, y en otra, desde el temor de panistas y perredistas a la eventualidad de que El Peje ganara en el Estado de México y consolidara su pre pre pre pre candidatura a la presidencia en 2018.
Pero retomando el hilo con el que inició este despacho, es obvio que todo el aparato de Estado se concentró en sacar adelante para el PRI la elección en el Estado de México (donde las tendencias indican que el tricolor perdió en Atlacomulco, lo que refuerza la teoría de las prioridades), y para ello sirvieron de comparsa los panistas y los perredistas.
Al filo de la media noche, el conteo rápido mostraba un triunfo para Alfredo del Mazo y el PREP daba como ganadora a Delfina. Conforme fueron avanzando las horas, la tendencia se revirtió. Con diferencias menores a un punto porcentual, el marcador dio vuelta y Alfredo del Mazo se perfila, al cierre de este despacho, como el ganador de la contienda.
Hay que precisar esto: el conteo rápido es una muestra representativa de los resultados en la contienda, según el cual a Delfina no le alcanzaría para remontar el resultado, considerando el margen con el cual está abajo. El PREP es un método que sigue contando cada voto hasta llegar a una conclusión, lo cual podría ser el miércoles.
Hasta entonces, podríamos tener resultados reales en la mano. Por lo pronto, lo único que tenemos es una intensa guerra de guerrillas en redes sociales, donde se lee y se escucha de todo.
En Nayarit, como era previsible, ganó el PAN llevando como aliado al PRD, que parece condenado por la historia a ser, para la derecha, el partido verde de un partido como el PRI, que puede ser muchas cosas, menos ecologista. Las experiencias en Sinaloa, Puebla y otros estados, indican que el PRD, aliado a la derecha, es un cero a la izquierda.
En Coahuila el resultado de la elección por la gubernatura está muy cerrado, y quizás el PAN se hubiera alzado con un triunfo inobjetable, si no es porque en las semanas previas a la jornada electoral, la opinión pública conoció el caso de los nexos entre narcotraficantes que explotaban el negocio de las minas de carbón, en una historia que involucra al ex gobernador de Sonora, Guillermo Padrés, hoy preso por delincuencia organizada y lavado de dinero.
Ni siquiera quiero referirme a los anuncios de victoria adelantados. Faltan largas jornadas de debate y movilizaciones, que seguramente las habrá para defender presuntos triunfos electorales, en historias repetidas.
El despacho de este día es nada más para poner el acento en un sistema electoral desgastado, corrompido, inviable, pero muy efectivo para reproducir hasta el cansancio, escenas ya vistas.
Y si para muchos en México, el que le iba a poner el cascabel al gato de ese sistema era el Peje, que volvió a perder, ¿Quién le pone el cascabel al gato?
Lo siento mucho, mijitos, dijera el buen Ismael Mercado, pero la alternancia en México, nacida para democratizar la vida pública y para garantizar condiciones de equidad electoral, es tan falsa como la esperanza de una revolución verdadera, esa en la que todos están de acuerdo, exceptuando el día en que les sacan las facturas de lo que cobran en el gobierno, ya sea del PAN o del PRI.
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