Arturo Soto Munguia
Pareciera que en Huírivis lo único que pasa es el viento. Levanta el polvo salitroso y se lo lleva lejos, lejos, en terregales de siglos que no acaban.
En Huírivis, como en todos los pueblos yaquis hace mucho que parece no pasar el tiempo, sólo el viento que por estas fechas es fresco, como si quisiera paliar el sol quemante que curte las arrugas de los viejos y calienta el suelo bajo los pies descalzos de los niños que hoy lo andan como lo anduvieron sus padres, abuelos, bisabuelos y así hasta el principio de los tiempos.
Porque en Huírivis parece que no pasa el tiempo. Sólo pasa el viento que chifla entre los mezquites y los matorrales que están allí desde siempre, como están las chozas de carrizo y adobe; de horcones y lodo seco; como la iglesia y las cruces blancas que los yaquis colocan en las calles del pueblo indicando las estaciones del Vía Crucis para los rituales de Semana Santa.
Lo que sí pasa son los gobiernos de los yoris. Uno tras otro y otro, sin que el reclamo fundamental de la tribu, que es el de la inclusión en la ruta del progreso sea cumplido. Se han paliado necesidades urgentes y no todas; se han hecho esfuerzos pero son insuficientes.
Hay casos de éxito, pero son excepcionales.
La riqueza de los recursos naturales en su territorio no es de ellos, les pasa de largo, como el viento, y se lleva sus esperanzas lejos, lejos.
Así ha sido, pero no tiene por qué seguirlo siendo.
Al menos este gobierno así parece entenderlo. El rezago de siglos no se supera en un sexenio, pero es importante reconocer la herencia, respetar la historia, asumir que no se puede ya mantener a estas comunidades sin servicios elementales como agua potable, electricidad, drenaje; sin garantizarles el derecho a la salud, a la educación, a la vida digna en el respeto de sus usos y costumbres.
La de ayer fue una gran jornada en Huírivis. Miles de habitantes de los ocho pueblos acudieron a los módulos instalados por todas las dependencias de los gobiernos estatal y federal, se acercaron a hacer trámites, a atenderse médicamente, a explorar opciones educativas y de trabajo; a conocer programas productivos y de crédito, de vivienda…
Bajo la sombra de la ramada, sede del gobierno tradicional, se reunieron los nueve gobernadores: los ocho de cada pueblo yaqui y Claudia Pavlovich Arellano.
Se volvieron a reunir, hay que decirlo, porque con esta son ya cinco veces que en otros pueblos, la gobernadora acude a dialogar con las autoridades tradicionales, a establecer acuerdos, a comprometer gestiones y a llevar respuestas concretas mediante estas jornadas integrales de atención.
Claro que hay temas añejos relacionados con el deslinde del territorio yaqui, los volúmenes de agua de la presa El Novillo, el pago por paso de vía en la carretera internacional, entre otros. Claro que hay temas de coyuntura como el gasoducto que después de episodios que llegaron a la violencia por la acción de facciones ligadas al pasado sexenio, sigue su construcción tras los acuerdos con las actuales autoridades yaquis.
Y claro que todos y cada uno de los temas fueron expuestos por esas autoridades, encontrando el oído receptivo de Claudia Pavlovich y sus secretarios, señaladamente el de Gobierno, Miguel Ernesto Pompa y el de Salud, Gilberto Ungson, lo mismo que de los delegados federales allí presentes para tomar nota y dar seguimiento a esas demandas que no son nuevas, pero que poco a poco comienzan a destrabarse.
Y a diferencia de otros años, las respuestas no fueron de saliva. El diálogo franco entre los gobernadores permitió dejar claro que la agenda es abigarrada y compleja, y tiene sus tiempos y sus rutas críticas, pero ya no puede seguir moviéndose bajo el esquema asistencialista y clientelar.
La situación en los pueblos yaquis exige soluciones concretas y de largo plazo, específicas, que resuelvan lo urgente, pero que proyecten el destino de estas comunidades que merecen algo más que el paso del viento llevándose sus esperanzas, y el relato del tiempo como un flashback que repite una y otra vez las historias de pobreza y abandono.
No. Las cosas se están moviendo.
Imposible regatear el hecho de que el Centro de Salud en Pótam será remodelado y equipado mediante una inversión de 4.5 millones de pesos y, en tanto queda listo (cuatro meses) se brindan los servicios de salud en consultorios móviles.
No se pueden desdeñar los 25 millones de pesos invertidos en la reconstrucción de la carretera San Ignacio Río Muerto-Vícam.
Ni cómo desestimar la construcción de 300 viviendas dignas (dos recámaras, sala-comedor, baños equipados con biodigestores, lavadero, etc); 247 de estas viviendas serán construidas en territorio yaqui siempre priorizando criterios de discapacidad y de vulnerabilidad, es decir, asignarlas a quienes más las necesiten.
Cuando la gobernadora hacía este anuncio, alguien entre el público interrumpió para pedir que se vigilara que las viviendas no sean vendidas por sus propietarios una vez asignadas, porque suele suceder que en esa larga tradición de asistencialismo en el que los beneficiarios valoran poco lo que el gobierno ofrece (como si no fueran recursos de todos, que el gobierno sólo administra), lo cambian, malbaratan o se olvidan de ello.
-Qué bueno que lo menciona, dijo la gobernadora. Y allí mismo giró instrucciones a los encargados de ese programa, para establecer ‘candados’ que impidan eso.
Casi cinco millones de pesos en becas para estudiantes, también fueron agradecidos por una joven universitaria de La Salle que es, precisamente, uno de esos casos de éxito que deben dejar de ser excepcionales, para multiplicarse, porque potencial en la juventud yaqui, hay.
Realmente la jornada de ayer marca un antes y un después en las políticas públicas hacia la tribu. También en la relación de su gobierno tradicional con el gobierno de los yoris, que el gobernador de Huírivis sintetizó en unas cuantas palabras, por cierto las más aplaudidas en el encuentro que cerró la jornada.
“Hay muchos agoreros del mal que quieren que se pierda esa relación de gobierno a gobierno, tribu Yaqui-Gobierno del Estado, pero se van a equivocar porque yo siempre he dicho que nosotros, la tribu Yaqui, no va a construir muros, vamos a construir puentes de comunicación con el Gobierno del Estado. Tribu yaqui, gobierno municipal y gobierno del estado, unidos vamos a lograr más.
Y al buen entendedor, pocas palabras, pues.
Colofón
Entre la multitud hay un joven indígena vendiendo papas fritas. Carga una canasta en la que caben las botanas embolsadas y dos botellas, una de salsa, otra de chamoy.
Me acerco a comprar una. Cuesta 15 pesos. Pero tengo que hacer cola, porque dos clientas están antes que yo, cada una comprando tres bolsas. El dinero pasa de manos rápidamente. El joven se lo guarda mientras atiende y sirve. Cuando toca mi turno, me extiende la bolsita de papas de mala gana. No le digo nada. El solo me explica: estoy enfadado. Es mi primer día de trabajo y ya estoy hasta la madre.
Oye -le digo- pero si te está cayendo lana, muy buena lana…
Pues sí, me dice. Pero yo quiero estar en la casa, tirado, viendo la tele…
Estas actitudes son, creo, las que el viento se debe llevar lejos, muy lejos de la tribu.
También me puedes seguir en Twitter @Chaposoto
Visita www.elzancudo.com.mx

