Arturo Soto Munguia
La fuga de un reo del Cereso 1 de Hermosillo ha revivido el tema del sistema estatal penitenciario y la crisis que algunos parecen haber descubierto tras este caso, haciendo abstracción de la muy larga saga de historias de terror, motines, fugas, asesinatos que era cosa cotidiana en el pasado reciente.
Así nomás a vuelapluma, se nos viene a la mente aquel 21 de diciembre de 2010, cuando Guadalupe Alonso Gonzáles Arístiga desapareció de ese mismo penal. Estaba acusado de un doble homicidio perpetrado en Ciudad Obregón. Los reportes de aquellas fechas indican que el interno, de suma peligrosidad y preparación policiaca y militar en Estados Unidos, había fingido enfermedades diversas durante su reclusión en el penal de Ciudad Obregón. Las sospechas de que el interno pretendía fugarse hicieron que fuera trasladado al Cereso de Hermosillo.
Finalmente logró su objetivo, al parecer, vestido con el uniforme de un custodio cuya complexión y rasgos físicos eran muy similares.
Esa fuga estuvo llena de misterios y truculencias, pues el 21 de diciembre de 2010, día que el secretario de Seguridad, Ernesto Munró Palacios se comunicó con el director del Sistema Estatal Penitenciario, Saúl Torres Millán para comunicarle que el reo se había fugado, en realidad el reo tenía tres meses que se había evadido. Peor aún, hay registro de que ese día, 21 de diciembre, el reo pasó lista de presente.
Todos los días, el director del Sistema recibe un parte de lo acontecido en esas 24 horas. Para que el parte llegue a él, tiene que pasar seis filtros: la tropa, los custodios, el jefe de grupo, el comandante y el director general. Durante todo ese lapso, el parte indicaba “sin novedad”.
Aun así, Torres Millán pasó 15 meses en el centro de arraigo de la PGR en el DF; en el Cefereso 4 de Nayarit y en el de Sonora. Finalmente salió absuelto al no poderse comprobar ni una de las imputaciones en su contra, pero el caso permanece en un mar de dudas sobre la participación de otros implicados en esa fuga.
Tuvo que terminar el sexenio padrecista, para que el 15 de octubre de 2015, apenas iniciada la actual administración, Gonzáles Arístiga, quien también tenía una orden de localización y captura de la DEA, por tráfico de cocaína y conspiración, fuera recapturado en Sonoyta.
La verdadera historia de ese caso ni siquiera ha comenzado a contarse, y no la contarán quienes hoy se rasgan las vestiduras por la reciente fuga de Larry “N”, asunto serio, sin duda, pero hacen abstracción de las condiciones en que se encontraban los Ceresos de Sonora en aquel 2010 y años posteriores.
¿Crisis en el sistema estatal penitenciario? Sin negar los problemas por los que se pasa no sólo en Sonora, sino en los Ceresos de todo el país, hay que extender un poco hacia atrás la mirada.
El sistema estatal penitenciario de Sonora está en crisis, pero en dos años no ha habido riñas colectivas.
Está en crisis, pero en dos años se abatió de 15 mil a 8 mil la sobrepoblación penitenciaria.
Está en crisis, pero en dos años se ha registrado un solo motín, sin consecuencias, heridos graves ni muertos.
Está en crisis, pero en dos años, se han registrado tres fugas en los Ceresos de Navojoa, Obregón y Hermosillo, y todos fueron recapturados.
Está en crisis, pero en dos años se han ganado cinco premios nacionales por parte de los internos en Sonora, en concursos relacionados con la cultura y la reinserción social.
Está en crisis, pero no existe el autogobierno en ninguno de los Ceresos.
Está en crisis, pero en dos años se incrementó en 45% el sueldo del personal de custodia, se les proporcionaron uniformes dignos, equipo anti motín y armas no letales.
Es claro que, como en todo el país, falta mucho por hacer, pero ¿será que por la fuga de un reo, el sistema estatal penitenciario está en crisis?
II
Y a propósito de temas dolorosos, ayer hubo motivo para recordar el drama que viven miles de migrantes que llegan a Sonora desde otros estados del país, o del extranjero, especialmente de Centroamérica y el caribe, buscando cruzar la frontera con Estados Unidos en busca del llamado sueño americano, pero que muchas veces se convierte en la peor pesadilla.
Como estado fronterizo, Sonora recibe a miles de migrantes que tienen necesidad de alimentos, medicinas, equipamiento, albergue, proyectos productivos y/o transporte a sus lugares de origen.
Y es que el problema crece porque los migrantes que no llegan a cruzar la frontera, los que deportan, los que son víctimas de polleros o policías o narcotraficantes, no quieren regresar a sus pueblos, donde las condiciones suelen ser peores a las que pudieran encontrar en estos lares.
Y para atenderlos se requieren recursos e imaginación. Y capacidad de gestión en foros como la Conferencia Nacional de Gobernadores, donde Claudia Pavlovich ha sido insistente en solicitar la solidaridad de otros estados y de la federación, para atender las necesidades de tanta gente.
Ayer, en el albergue para migrantes localizado en la colonia San Luis, al norte de Hermosillo, la gobernadora explicó que en este año se consiguieron tres millones de pesos más, respecto al año pasado, para sumar casi 16 millones de pesos destinados a los distintos albergues que hay en Sonora con ese fin.
En su discurso, hizo un llamado a los sonorenses, resumiendo en unas cuantas palabras el espíritu de su política hacia los migrantes: “no traten a los migrantes como no quisieran ser tratados ustedes en otras tierras”.
Momentos antes, la gobernadora estuvo con el alcalde Maloro Acosta en la misma colonia San Luis, pero en un encuentro con vecinos participantes del programa EnCausa, que el director de Desarrollo Social, Carlos “El Bebo” Rodríguez comenzó a gestionar e implementar ante instancias nacionales e internacionales, y que tiene la particularidad de operar alejado del paternalismo gubernamental, y más cercano a la capacitación, la autogestión y la participación de los directamente involucrados, en la solución de sus problemas.
Allí se colocó la primera piedra de una de las 77 viviendas que se están construyendo mediante este programa, que opera en las zonas de mayor marginalidad en Hermosillo.
Como dato al margen, este programa está siendo retomado por alcaldes de otros municipios del país, por su potencial para combatir la pobreza extrema a partir del trabajo de los propios beneficiarios, y la condición de que sólo se podrá remontar las condiciones de precariedad a partir de la capacitación y el trabajo, no del asistencialismo mal entendido.
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