Arturo Soto Munguia
Solidaridad es el nombre del juego. Vivimos en una sociedad ensimismada en sus propias inmediateces, con agendas personales saturadas por la cotidianeidad individual, con gente que va por ahí con la mirada clavada en la pantalla de sus celulares ilustrando esa gran paradoja de la conectividad que nos hace convivir con todo el mundo y al mismo tiempo nos aísla en nuestros propios egos.
La fraternidad, el mutualismo, la solidaridad son conceptos que adornan los discursos y provocan coincidencias que, lamentablemente no van más allá de un “me gusta” en Facebook o un retuit y un fav en las cuentas de tuiter, que pueden servir para liberar la carga de conciencia, pero se traducen en nada a la hora de mejorar el entorno, reconstruir relaciones sociales o adelantar un paso en el avance del colectivo.
No es casual que desde hace tiempo, la gobernadora Claudia Pavlovich venga insistiendo en la necesidad de retomar ciertos valores: disciplina, trabajo, honorabilidad, respeto y tolerancia para reconstruir ese tejido social deteriorado por la confrontación y el encono; por el interés personal antes que el colectivo.
Ayer lo volvió a repetir durante el anuncio de la campaña México de Pie, que habrá de cerrar con el Teletón 2017 los días 6 y 7 de octubre. La ocasión, propicia para enviar ese llamado a la solidaridad entre todos, sin distingo de credo ni raza; de posición social o económica, buscando el bien de los demás y dejando atrás el egoísmo, el materialismo y la exclusión de los más necesitados.
El mensaje debió llegar a muchas partes, pero especialmente a quienes han tratado de levantar barricadas a obras sociales que vendrán a beneficiar a las grandes mayorías. Como el hospital de especialidades, por ejemplo.
Es, dijo la gobernadora, momento de dejar atrás el egoísmo y el materialismo, y ser más solidarios e incluyentes. Y lo dijo bien.
II
Y a propósito, el que no se ha quedado atrás es el alcalde de Hermosillo, Maloro Acosta, que ayer por la tarde encendió el nuevo alumbrado público con lámparas Led en el circuito 1 del Camino del Seri, donde anunció que ya comenzaron los trabajos para iluminar las colonias Jacinto López, Solidaridad y Los Olivos, todo dentro de ese programa que inicialmente recibió críticas y objeciones, pero que poco a poco viene demostrando el impacto en la calidad de vida de los hermosillenses.
Más allá de las cuestiones estéticas, que por cierto están incluidas, una mejor iluminación en las colonias se traduce en mayor seguridad para los vecinos y en el rescate de espacios públicos donde los niños y jóvenes tenían vetada la posibilidad de convivir una vez que caía la tarde.
En las colonias mencionadas, y otras más de Hermosillo, se ve a todas horas las máquinas trabajando en labores de pavimentación y recarpeteo, lo que quizá no sean buenas noticias para quienes apuestan su resto a que la ciudad se siga deteriorando, pero sí lo son para los vecinos beneficiados con esas obras.
Por cierto, si se fijan bien, en prácticamente todas las calles que han sido recarpeteadas y pavimentadas últimamente, las lluvias no provocaron mayores daños. Donde siguen brotando baches y socavones, es en otras vialidades donde su mantenimiento se abandonó por años y la mala calidad de los materiales y trabajos, naturalmente, las hicieron sucumbir frente a los aguaceros más recientes.
No voy a decir que eso se debe a las administraciones anteriores, porque luego se sienten aludidos algunos, pero en todo caso, el ciudadano es el que tiene la mejor opinión. Y también tiene memoria.
III
Lamentable, por donde quiera que se le vea, la troleada de que está siendo objeto la colega y amiga Leticia Cuesta, hoy en receso de las lides periodísticas por encontrarse al frente de la AC Sonora Ciudadana, dedicada fundamentalmente a estudiar e incidir en temas relacionados con la transparencia, la fiscalización y la rendición de cuentas.
Leticia renunció a su nombramiento como integrante de la Comisión de Selección que eligió a los miembros del Comité de Participación Ciudadana del Sistema Estatal Anticorrupción, después de que en la fase final se presentaran algunos inconvenientes que derivaron en la renuncia de Reyna Elizabeth García Moraga, quien por cierto fue la segunda mejor calificada de los cinco integrantes.
Su renuncia se debió al descubrimiento de que hace algunos años militó en el PRI, y en un acto de honestidad y congruencia decidió declinar. Después vino la renuncia de Leticia Cuesta a la Comisión, y a partir de allí, menudearon los ataques en su contra, desde cuentas troll en redes sociales.
Presumiblemente, esos ataques provienen desde el gobierno del estado o desde el PRI, como podría indicar la lógica simple. Si así fuera, desde esas instancias se estaría enviando una ominosa señal en el sentido de que las prácticas odiosas que fueron la constante en el sexenio pasado, se estarían retomando desde el gobierno actual.
Otra lectura, que tampoco carece de lógica, es que desde el anonimato de esas cuentas se estuviera bombardeando a Leticia, precisamente para generar la percepción de que las cosas no han cambiado en el manejo sucio de las redes sociales.
Es decir, golpear a Leticia para victimizarla frente al gobierno, puede ser una táctica de los propios enemigos de este gobierno. Esa es una práctica ‘de librito’ entre quienes manejan las perversidades en redes sociales, y en eso tienen posgrado los que hace dos años se fueron.
No estoy exculpando ni incriminando a nadie y estoy convencido de que en eso del manejo de redes hay de todo, menos santos. Sólo digo que es una posibilidad.
Si los ataques vienen del actual gobierno, es deleznable, ocioso y contraproducente. Si viene de la otra parte, han conseguido medianamente el objetivo. Cualquiera que sea el caso, qué tristeza.
Les cuento un caso personal. Uno de los troles que me trae de encargo desde hace años, difamando, insultando y amenazando fue monitoreado con ayuda de un especialista en estos menesteres, que logró ubicar su domicilio, una casa abandonada en la colonia Las Granjas, de Hermosillo.
Pero eso no es todo. También ubicó la cuenta de internet desde donde lanza sus ataques. El correo electrónico desde el cual fue creada su cuenta. ¿Y saben qué? Resultó ser el correo de un amigo, por cierto también activista en temas de transparencia.
¿Es él quien me trolea? No. El asunto es más grave. Hackearon su cuenta de correo y desde allí crearon el troll. ¿Preocupante? Mucho, especialmente para mi amigo, porque su correo está intervenido y allí sí, no hay lugar a dudas, por los operadores cibernéticos del pasado gobierno. Aguas.
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