Walking dead in Sonora

meme pan ya ganamos

Menudean, desde la tarde del domingo los análisis, interpretaciones, lecturas varias sobre el resultado de las elecciones en 12 estados de la República donde se renovaron gubernaturas, así como Ciudad de México donde se eligió una Asamblea Constituyente (con menos de30% del padrón acudiendo a las urnas) y Baja California donde se renovó sólo el Congreso y las alcaldías.

En el balance final se asume de manera generalizada que el gran vencedor en estos proceso fue el Partido Acción Nacional, y el gran perdedor, el Revolucionario Institucional, lo cual tiene cierto grado de veracidad, aunque una vez asentada la polvareda de la euforia blanquiazul, y asimilado el duro mensaje de las urnas en el tricolor, parece una desmesura anticipar que 206 es el preludio del regreso del PAN a Los Pinos.

Desde luego, eso es lo que los panistas tienen que decir públicamente, con el mismo desparpajo con que apenas cerradas las casillas, el dirigente nacional del PRI, Manlio Fabio Beltrones anticipaba la victoria de su partido en 9 de los 12 estados en disputa, cuando al final fueron sólo cinco.

Ahora bien, eso no significa que el PAN no pueda regresar al gobierno de la República, ni que el PRI por el solo hecho de detentar hoy el poder, se mantenga en Los Pinos, aunque la fragmentación de la izquierda mande una señal desalentadora en el sentido de que en México sigue prevaleciendo una alternancia de dos.

Con todas las imperfecciones y vicios de la democracia mexicana, el empuje de las fuerzas políticas y el agudizamiento de una conciencia crítica en todo el país ya dejaron constancia, desde 1988 de que la era del partido único quedó atrás.

Si bien en aquel año no se materializó la alternancia, que entonces se impulsaba desde el Frente Democrático Nacional con Cuauhtémoc Cárdenas a la cabeza, eso sólo pudo contenerse a partir del fraude electoral.

La alternancia llegó en 2000 con el triunfo del PAN, pero sucedió algo muy parecido en 2006. Primero el PRI-Gobierno con la ayuda del PAN impidió la llegada de Cuauhtémoc; luego el PAN-Gobierno con la ayuda del PRI evitó que llegara Andrés Manuel López Obrador.

De hecho, por lo menos en Veracruz y Zacatecas, de acuerdo con reportes hechos llegar desde aquellos lares, se operó de nuevo en estrategias conjuntas PAN-PRI para frenar el avance de Morena que se alzaba como favorito en esos estados. Y vaya paradoja, a esas estrategias se sumaron también los perredistas en alianza con el PAN.

El pragmatismo de esas alianzas de conveniencias electoreras, pero también de proyectos políticos, que comenzó a perfilarse en ’88, sí se puede repetir, o al menos intentar, sobre todo si ese al que siguen considerando ‘un peligro para México’ es lanzado como candidato presidencial de Morena.

Pero esa es otra historia. Estábamos con lo que sucedió en Sonora con los panistas locales que andaban de capa caída desde hace un año, tras la derrota electoral en la gubernatura. Los resultados del domingo fueron una bocanada de oxígeno aunque me parece que sobredimensionada.

Apagados, bocabajeados como estaban desde entonces, ayer sacaron la cara y el pecho; retaron y amenazaron, advirtieron que estaban de regreso y venían con todo contra el PRI; hubo quienes ya colocaron a Damián Zepeda en el senado de la República y a Ricardo Anaya como candidato presidencial y próximo ocupante de Los Pinos.

Fue un espectáculo como el del regreso de los walking dead, que vienen por todos los sobrevivientes de la elección 2016 y amenazan con no dejar vivo a uno solo de ellos.

El punto es que los padrecistas re-cargados con el resultado del domingo, de entrada, no parecen ser los más indicados para asumirse parte de esos triunfos. Sólo hay que recordar cómo el senador Javier Lozano, coordinador de la campaña de Gali en Puebla salió a desmentir rotundamente que Guillermo Padrés tenía alguna relación con la campaña en aquel estado. Lo mismo hizo la vocera del gobierno poblano.

Padrés sigue siendo, al menos públicamente, un individuo al que los panistas en el país se niegan a reconocer como cercano, excepción hecha de Damián Zepeda, Javier Dagnino, Célida López y algunos troles nostálgicos que ya se hacen otra vez cabalgando rumbo a Los Pinos.

Deben saber que para 2018 falta tiempo y sobre todo, deben saber que la prospectiva nacional no es el resultado de la suma mecánica de realidades locales y sus coyunturas particulares.

¿Esto significa que el PRI refrendará un triunfo en la presidencia en 2018? No. De hecho, buena parte de los resultados del domingo pasado son atribuibles a los errores, cuando no a los escándalos y las tragedias del gobierno de Peña Nieto, que lo tienen en el nivel de aceptación más bajo que se recuerde para un presidente de la República.

El resultado no deja de ser una bocanada de aire para el ex gobernador sonorense, cuyo partido sin duda tendrá muchas piezas de cambio a la hora de negociar impunidades.

El anuncio de que los gobernadores electos del PAN irían por quienes hoy los anteceden en el cargo, señaladamente en los casos de Veracruz, Quintana Roo y Chihuahua, donde los aún gobernadores del PRI tienen serios señalamientos de corrupción, mete a Padrés en una suerte de ‘catafixia’ en la que lo mismo puede aparecer la exoneración política que la orden de aprehensión.

De hecho, hay quien sostiene que es más factible que suceda lo primero, es decir, que no lo alcance el largo brazo de la ley, sobre todo por el nocaut técnico que significó para Manlio Fabio Beltrones el resultado electoral global, algo que lo aleja de la eventual candidatura presidencial y lo convierte en blanco de sus enemigos, dentro y fuera de su partido.

En Sonora, por ejemplo, donde Manlio Fabio Beltrones ejerce un impresionante liderazgo sobre la clase política priista, resultará muy interesante observar si lo mantiene, o éste se diluye en los próximos meses, considerando la emergencia de otros grupos que reclaman posiciones rumbo al próximo proceso electoral, señaladamente en el sur del estado y más concretamente en la corriente que desde Cajeme encabeza Ricardo Bours Castelo, que por cierto ya hizo pública su intención de buscar la candidatura del PRI a la gubernatura en 2021 y habrá que estar atentos a lo que haga en 2018.

Habrá que estar atentos también a las instrucciones que gire la gobernadora Claudia Pavlovich para mantener en la nómina estatal a una cauda de panistas del anterior sexenio que actualmente manejan un bajo perfil en aras de ahorrarle al PAN una incalculable suma de recursos.

Para el PAN eso es una maravilla, pues no sólo le ahorra una millonada que ya no tiene a la mano, sino que le permite tener en el gobierno priista a muchos padrecistas que, llegado el momento, no se van a tentar el corazón para volver, ahora sí que como walking dead, para devorar a un priismo que a pesar de su experiencia no parece asimilar que el bono democrático es cada vez más efímero.

Si no, que le pregunten a Peña Nieto y a los gobernadores que perdieron la elección en sus estados.

 

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