Arturo Soto Munguia
La Secretaría de Hacienda y Crédito Público embargó el ya legendario rancho Pozo Nuevo de Padrés, aquel donde hay cientos de hectáreas sembradas con nogales y donde se construyó la no menos famosa presa particular que desapareció en aquellos días cuando la CNA ordenó su demolición.
Bueno, ni tan misteriosamente, porque pobladores de Bacanuchi y rancherías cercanas dijeron haber escuchado explosiones antes de que apareciera destruida la cortina de la presa.
La propiedad fue embargada desde el pasado 17 de junio por créditos fiscales que apenas rebasan el millón y medio de pesos, lo que parece una bicoca considerando la fortuna que presuntamente amasó el ex gobernador y su familia durante los últimos seis años. Sin embargo el punto fino en esta nota no es el monto de los créditos, sino el hecho de que las autoridades hacendarias ya están jalando el hilo del dinero, es decir, descubriendo la ruta por la que podrían llegar al verdadero fondo de las denuncias contra el ex mandatario.
Hace un par de días trascendió que esas mismas autoridades habían congelado, desde marzo pasado, tres cuentas bancarias del Miguel Padrés Elías, mejor conocido como “El rico de la familia”.
Inicialmente trascendió que se trataba de cuentas donde fueron depositados poco más de tres millones de dólares que corresponderían al ‘moche’ del empresario Mario Aguirre, ganador de la licitación del programa de uniformes escolares gratuitos durante el sexenio padrecista. Ese ‘moche’ sería sólo por uno de los años en que operó ese programa.
Pero no. En realidad se trata de otras cuentas a las que Miguel Padrés habría realizado transferencias por 8.9 millones de dólares, desde bancos de Europa y Centroamérica, a cuentas a nombre de Guillermo Padrés en bancos mexicanos.
Eso no significa que los depósitos de Mario Aguirre hayan quedado libres de sospecha, antes bien, constituyen otra línea de investigación, que siguen no sólo la SHCP y la PGR mexicanas, sino también el Departamento del Tesoro de Estados Unidos.
Las investigaciones de la SHCP sobre la ruta del dinero de Padrés seguramente cuentan con el apoyo de la Auditoría Fiscal de la Federación, los órganos de control interno de varias dependencias estatales y federales, así como el equipo de la Fiscalía Especial Anticorrupción de Sonora, que desde hace meses se encuentra siguiendo la huella de los presuntos desvíos de recursos por los que se acusa a varios de sus principales funcionarios, familiares y al propio ex gobernador.
Y según dicen los enterados, la ruta del dinero es la más segura para echarle el guante a alguien que, como Padrés, ha sabido borrar muchas huellas de sus pillerías, pero no podrá taparlas todas. Seguramente habrá noticias más pronto de lo que se piensa sobre este tema.
III
Se sigue calentando el terreno de la contienda interna en el PAN-Sonora. Uno de los aspirantes, Adrián Espinoza se quejó ayer de lo que intuye es una práctica de manipulación del padrón para favorecer a los otros dos contendientes, David Galván Ochoa y Ernesto Munró Palacio.
De ser así, estaríamos ante un verdadero machetazo a caballo de espadas, considerando que el Cuervo apocalíptico de la desesperanza, como también se le conoce a Espinoza Espinoza ha acumulado fama de mapache electoral, dentro y fuera del partido.
En este caso, Espinoza aparece sin embargo como el aspirante ‘rebelde’, el que va contra la línea que dice, representa Galván Cázares y en alguna media Ernesto Munró. Como el rival más débil, al cuervo no le queda sino impugnar el proceso electoral, para lo cual comienza a generar la idea del fraude en ciernes.
Una idea que por cierto, no se dificulta mucho posicionar, ya que durante la última década, los panistas sonorenses se especializaron en mapacherías y otras triquiñuelas que copiaron al PRI, mejorándolas. Y lo mismo las aplicaron en elecciones constitucionales siendo gobierno, que en las internas de su partido.
En el caso de los tres equipos de campaña, han aparecido varios de esos personajes de reconocida fama mapacheril, distribuidos eso sí, muy equitativamente.
El escenario que se visualiza es de una escalada en el conflicto interno, donde no se necesitan fuerzas de otros lados para aportar elementos que documenten el manchadero que traen todos los aspirantes. Ahí tienen por ejemplo al ex secretario de Seguridad Pública del padrecismo, Ernesto Munró, quien sin rubor alguno reveló que casi al finalizar el sexenio del que formó parte, pidió al gobernador otorgarle una Notaría Pública a su hijo, Alan Munró, que como notario quizá sea un buen músico.
En fin, formalmente, la contienda todavía no comienza y ya se están afilando los machetes. Esto, como dice el dicho tuitero, se va a descontrolar…
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