Mapaches multicolores. Y ABC, la justicia que no llega

CkO-LXFUkAMV9QFIndependientemente de los resultados obtenidos ayer en 2 estados de la República donde se renovaron gubernaturas, el desarrollo de los procesos confirma que la democracia mexicana sigue siendo una de las más caras del mundo, una de las menos confiables y quizá la más sucia de todas.

Las prácticas que instituyó el PRI en su largo ejercicio como partido prácticamente único perdieron sus derechos de autor y hoy las reproducen, corregidas y aumentadas, el resto de los partidos políticos.

La compra de votos, el uso clientelar de los recursos públicos, la coacción que raya en amenazas, secuestros y hasta asesinatos; la utilización del aparato de gobierno para orientar y sesgar los resultados electorales, para amedrentar votantes y acosar políticamente a los opositores son ahora parte importante de la ‘normalidad democrática’ en México.

Con todo, resulta claro que en el ánimo de los electores pesó la evaluación crítica que hicieron del gobierno federal priista y el hartazgo de los cacicazgos locales, y el principal beneficiario fue el Partido Acción Nacional, que se estaría alzando con la mayor cantidad de triunfos electorales.

Al filo de la media noche, los resultados preliminares arrojaban los siguientes resultados: en Veracruz aventajaba Morena con su candidato Cuitláhuac García Jiménez, aun cuando los primeros datos indicaban que en la delantera se ubicaba el candidato de la alianza PAN-PRD, Miguel Ángel Yunes Linares y que el candidato de la alianza PRI-PANAL-PVEM, Héctor Yunes Landa caía hasta la tercera posición.

Veracruz es un estado importante en la perspectiva de 2018, pues allí se disputan poco más de cinco millones de votos, nada despreciables para la elección presidencial de ese año.

Algunos resultados eran previsibles: en Chihuahua el PAN aventaja ligeramente al PRI, con poco más de un punto porcentual; en Aguascalientes el PAN le sacaba cuatro puntos de ventaja al PRI; en Durango la ventaja es para el PAN-PRD, que le sacaba más de 9 puntos al candidato del PRI.

Oaxaca, Hidalgo y Sinaloa parecen definidos a favor del PRI, lo mismo que Puebla y Tamaulipas para el PAN.

En Tlaxcala y Zacatecas, donde Morena aparecía como una fuerza importante, los datos que estaban fluyendo de los programas de resultados preliminares no parecen favorecerles. En esos estados, como en Quintana Roo, los principales candidatos se han declarado vencedores y aseguran tener datos que así lo indican.

Relevante, también el resultado de las elecciones en Ciudad de México, donde se eligió a los integrantes de la Asamblea Constituyente. Los capitalinos desdeñaron la elección y el proceso tuvo una participación que no llegó al 30 por ciento de los electores.

En ese contexto, el partido de Andrés Manuel López Obrador se perfilaba como el que lograría más escaños en esa Asamblea, cuyos integrantes habrán de redactar la nueva Constitución para la Ciudad de México. El resultado le pega al PRD, partido que gobierna la capital con Miguel Ángel Mancera a la cabeza.

El principal damnificado de esta elección parece ser el PRD, al que Morena le abrió un boquete tremendo no sólo en el DF, sino en otros estados donde decidió ir en alianza con el PAN y, salvo en Quintana Roo y Durango donde están disputando palmo a palmo el resultado, en Oaxaca y Veracruz los resultados no parecen favorecerle.

Resulta conveniente citar el trabajo publicado aquí en días pasados, acerca de una encuesta realizada entre usuarios de Facebook en todos esos estados, pues los aciertos en sus proyecciones abren una nueva ventana a los estudios demoscópicos en redes sociales.

De acuerdo con ese estudio, elaborado por Sergio Zaragoza y Aldo Campuzano, el PRI habría garantizado el triunfo en cuatro de las 12 entidades en disputa y hasta la media noche los resultados preliminares indicaban que se alzaría con el triunfo en Hidalgo, Oaxaca, Sinaloa y Tlaxcala, disputando cerradamente Zacatecas, donde se había pronosticado un triunfo de Morena, a cuyo candidato no le alcanzaron los votos.

Claro, todavía no hay nada oficialmente decidido y todavía falta esa ya reglamentaria etapa de disputa pos electoral en los tribunales.

 

II

En Hermosillo otra vez el redoble de tambores, otra vez la pesadumbre interminable, el dolor de volver a ese lugar tétrico donde hace siete años 49 bebés murieron calcinados por las llamas de la negligencia, la corrupción, el tráfico de influencias; el valemadrismo que se convierte en impunidad, en la inacción de la justicia.

Más de 40 grados a las seis de la tarde no impidieron la convocatoria, el arribo de cientos de hermosillenses que acuden otra vez, como lo han hecho en los últimos siete años, para marchar juntos, para gritar juntos “¡ABC Nunca Más!”; para levantar consignas y fotografías, recuerdos de sus niños, de los que no debieron morir.

Otra vez la marcha que huele a luto y a dolor. Otra vez el silencio que se rompe con el redoble de tambores que suenan fúnebres; con el grito que se replica en miles de gargantas: ¡Jus-ti-cia!”.

Otra vez los pasos que toman el bulevar Vildósola rumbo al norte, otra vez los globos blancos, azules y rosas. Los zanqueros, los estudiantes de la licenciatura en artes de la Universidad de Sonora que son un performance ambulante. Otra vez, como cada cinco de junio han estado allí desde hace siete años.

Otra vez la parada en la iglesia de San José, las 49 campanadas que saludan con tristeza de duelo al contingente; los globos que se elevan al cielo.

Otra vez la gente que espera la marcha en las banquetas, a lo largo del trayecto; los grupos de ciudadanos voluntarios que se organizan para regalar botellas de agua a los manifestantes; los niños sobrevivientes que viajan en la caja de un pick up rojo, mostrando en sus rostros y en sus cuerpos las marcas del fuego del que se salvaron, pero que los acompañará toda su vida.

Otra vez el arribo al museo y biblioteca de la Universidad de Sonora. Otra vez el tristísimo pase de lista en el que se menciona a los niños y las niñas que integran el catálogo de 49 motivos para no olvidar, para hacerse presente, y otra vez el grito que precede a cada nombre: “¡No debió morir!”.

Otra vez las palabras doloridas de los padres. Otra vez los reclamos de justicia. Otra vez la justicia que no llega.

 

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