Arturo Soto Munguia
El 2 de mayo del año pasado, el Departamento de Justicia estadunidense notificó a la PGR que había iniciado una investigación sobre el origen y destino de un depósito de 3.3 millones de dólares en una cuenta de Guillermo Padrés Elías, aún en funciones de gobernador de Sonora.
Presuntamente, ese dinero provino de la empresa Procesos Automatizados de Manufactura, propiedad del empresario favorito del padrecismo, Mario Humberto Aguirre Ibarra. El depósito lo habría triangulado el hermano del gobernador, Miguel Padrés y correspondería a la mochada respectiva por la asignación del contrato para surtir de uniformes escolares a estudiantes sonorenses.
En México, esta investigación la realiza la Unidad de Inteligencia Financiera de la SHCP, que ubica a Mario Aguirre como uno de los relacionados con las empresas que ganaron contratos por 20 millones de dólares anuales para proveer de uniformes escolares a niños de escuelas públicas del estado.
La investigación aún sigue en curso y nadie se habría acordado de ella si no es porque algunos troles del padrecismo rampante asomaron la cabeza ayer en redes sociales para hacernos recordar la calaña que gobernó el estado los pasados seis años, y lo que hicieron.
Particularmente en el tema de los uniformes escolares, nos hicieron recordar que inicialmente se había planeado instalar maquiladoras para elaborarlos en Sonora, con lo cual se generarían empleos locales y habría derrama económica aquí; de hecho se instaló una en Benjamín Hill, pero fue cerrada casi de inmediato pues resultaba más barato (y por lo tanto más jugosa la ganancia) importarlos de China, con la probada mala calidad de las prendas.
En la infinita soberbia imperante en su universo paralelo, los genios mediáticos del padrecismo consideraron que era una excelente idea incluir en todas las prendas (hasta en las calcetas) el logo del así llamado nuevo sonora (minúsculas deliberadas), con todo y sus seis estrellitas. Las prendas resultaron tan corrientes, la entrega tan deficiente y el atraco tan evidente, que cada vez que alguien veía ese logo en ellas, afianzaba su idea de botar a esos gobernantes tan bandidos. Así pasó, finalmente, el siete de junio de 2015.
Fue algo parecido a ese momento en el que Javier Alcaraz convenció a Padrés de que, para ganar simpatías hacia la construcción del Acueducto Independencia, tendría que construir eso que llamó el ‘pabellón del agua’ y que terminó grotescamente conocido como el Monumento al Tubo.
La gran idea de Alcaraz -a quien por cierto le acaban de negar la suspensión definitiva de un amparo y podría ser detenido en cualquier momento-, fue instalar en la plaza de los 100 años, frente a la Unison, un tubo de los que se usaron en el acueducto en el que, estaba convencido, acudirían los hermosillenses en masa para plasmar con plumones o marcadores o lo que fuera, su agradecimiento al gobernador.
Lo que sucedió fue que los hermosillenses fueron a rayar en el tubo leyendas bastante ofensivas, y cuyo contenido no reproducimos en esta columna porque ya me han dicho que también la leen niños, pero lo más bajito que les dijeron fue que chingaran a su madre.
Por cierto, una de las cosas que nos hicieron recordar con esto, es que el Chito Díaz, asesorado por Javier Alcaraz, grabó un spot para su campaña, posando en ese tubo. Claro que como segundo en la fórmula, perdió y la senaduría de minoría la tiene hoy Pancho Búrquez, pero esa es otra historia, que algo tiene que ver con que el Chito sea ahora “el factor de unidad” en el PAN, lo cual está en chino.
En el caso de los uniformes escolares, ya muy pocos se acordaban de los Padrés, los Dagnino, los Aguirre. Pero algunos ex funcionarios menores que hoy rumian su efímera fama los trajeron a la memoria.
Y es que ayer, el secretario de Educación y Cultura, Ernesto de Lucas Hopkins anunció que ya se lanzó la convocatoria para licitar la elaboración de 510 mil uniformes escolares, cuyo diseño y materiales fueron seleccionados después de una consulta pública en la que participaron más de cien mil sonorenses.
Con esto se dará cobertura al 100 por ciento de los estudiantes de nivel básico; además, se instalarán en escuelas y plazas públicas una especie de módulos comparativos en los que se podrá apreciar el diseño y los materiales con los que fueron elaborados los nuevos uniformes, contrastándolos con los del sexenio pasado. El ejercicio parece buena idea, sobre todo porque padres de familia, maestros y estudiantes podrán tener una referencia clara entre el ayer y el ahora, como elementos para formar criterios propios.
La otra parte interesante de este proceso tiene que ver con la transparencia. La licitación se lanzó el 8 de mayo; sus bases son públicas y pueden ser consultadas a través del portal Compranet, y en todo este camino se harán acompañar de instituciones de transparencia locales, nacionales e internacionales.
El 7 de junio, las empresas interesadas harán una presentación de propuesta técnica y económica; el 10 de ese mes se emitirá el fallo correspondiente y la última semana de agosto comenzará la distribución, que concluirá el mes de noviembre.
II
Y a propósito de antídotos contra la desmemoria, los que han venido a relanzar los motivos para el recuerdo son los diputados locales Javier Dagnino y Célida López, al salir en defensa del ex director de Alcoholes en los primeros dos años del padrecismo, Francisco Bueno Ayup, a quien Padrés corrió el gabinete ampliado por bandido. Sáquenle cuentas.
Resulta que el señor Bueno, que poco honor le hace al apellido tenía tres años sin pagar la pensión que debería cubrir como obligación de ley para con su ex esposa y sus hijos, y por ello la señora lo demandó. Eso motivó que lo detuvieran y encarcelaran.
Ya en prisión, habrá de responder también por una demanda por violencia intrafamiliar, ya que según los trascendidos, a Paco Bueno también le daba por hostigar y golpear a su ex esposa e hijos.
Pero bueno, esos son asuntos que lindan la vida privada y no habremos de abundar en ellos. El punto es que el guaymense ha acreditado buenas cuentas como mapache electoral, y así como fue detenido en Querétaro el año pasado, ahora lo fue en Durango, donde trabajaba para la campaña del PAN. Eso, desde luego, le da un tinte político a la detención, es indudable.
Y el otro punto es que quien ha salido en su defensa es quizás el más desacreditado de los padrecistas aún en funciones: Javier Dagnino, un torvo sujeto al que Guillermo Padrés le confió el C4 durante su administración y lo utilizó como punta de lanza para la ofensa y la calumnia en redes sociales, hacia quien osara disentir del no menos desacreditado gobierno padrecista.
Incluso el PAN, institucionalmente, se ha conducido con mesura en la defensa de Paco Bueno, lo cual resulta natural en medio de la crisis de identidad por la que actualmente atraviesa ese partido, que se quiso comer la lumbre a puños en seis años y terminó quemándose las manos y la boca, y ahorita no sabe a qué santo encomendarse, porque cada vez que se encomiendan a San Guillermo, se le vienen en ramalazos todas las calamidades de un sexenio de vergüenza.
La otra que ha salido en defensa de Paco Bueno es la diputada Célida López., a quien le han tupido por su condición de mujer defensora del machismo. Ella sostiene que se trata de un ataque político, que Paco Bueno es un preso político y que la justicia está sesgada.
Y está bien. Ella es, hoy por hoy, la mejor prueba de que la incongruencia no tiene género.
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