No puede uno ausentarse un día porque todo se vuelve una picadera de ojos, periodicazos como a los perros mañosos y denuncias penales que apuntan contra el derecho a la libertad de expresión, que a su vez es esencial para que otros derechos puedan ser ejercidos. Y la gran paradoja es que esas denuncias provienen de la Comisión Estatal de los Derechos Humanos en Sonora.
Explicando, que es gerundio.
Personal de la CEDH que preside el navojoense Raúl Arturo Ramírez se percató de que unos individuos en actitud sospechosa tomaban fotografías de los vehículos estacionados fuera de las oficinas sede de esa institución.
Dichos individuos, a la postre, resultaron ser reporteros del periódico La Verdad, que en la víspera había publicado un amplio reportaje sobre la forma en que la CEDH se convirtió en refugio nominal de no pocos activos del padrecismo en decadencia, lo cual es cierto.
Ahora bien, poniéndose muy mcluhanianos, es evidente que el medio es el mensaje. El hecho de que sea el periódico La Verdad el que haya sacado a la luz pública esta información mueve a pensar que se trata de un nuevo caso de fuego amigo (aunque con esos amigos, para qué quisiera uno enemigos), toda vez que a la cabeza de ese medio de comunicación aparece de facto, el ex subsecretario de Gobierno, el también mayito Alberto Natanael Guerrero.
No es que la información en el sentido de que la CEDH es una madriguera de padrecistas carezca de veracidad o de sentido, pero también hay que apuntar que el medio que volvió sobre ese tema mantiene fuertes ligas con uno de los grupos que operan desde el gobierno del estado, lo cual debe ser la principal preocupación del ombudsman, toda vez que ya lo han puesto en la mira.
Y es que Raúl Ramírez no es precisamente uno de los personajes que conciten más simpatías en buena parte de la nueva administración estatal, habida cuenta su reconocida habilidad para el nado de muertito durante el pasado sexenio, cuando volteó hacia otro lado o de plano validó incondicionalmente asuntos verdaderamente espinosos para el padrecismo.
Entre los más sonados, el de María Jesús Llamas Coronado “La China”, cuya muerte se apresuró a hacer pasar como suicidio, aunque posteriormente peritos de la CNDH descubrieran que las heridas que le provocaron la muerte en una celda de la Policía Estatal Investigadora en Guaymas, no pudieron ser autoinflingidas. La China era activista del PAN en el puerto y fue parte de un affaire bastante tenebroso entre dirigentes de ese partido, que incluyó celada y secuestro de uno de ellos. Fue detenida y luego apareció colgada por el cuello con un cable, en la celda.
Ni qué decir del caso Gisela Peraza, en el que desacreditó pruebas que documentaron la tortura a la que fue sometida y guardó silencio cómplice sobre todas las arbitrariedades que se cometieron contra la ex trabajadora doméstica acusada de robo en casa de Gobierno, cuando la habitaba el matrimonio Padrés-Dagnino.
En la CEDH también se hicieron como que la virgen les hablaba durante todo el caso de persecución y encarcelamiento del vocero yaqui Mario Luna, a quien le montaron un teatro de lo absurdo muy al estilo del ex procurador Carlos Navarro Sugich, para acusarlo del asesinato del profesor indígena Francisco Delgado Romo, perteneciente a los grupos que capitaneaba el ex secretario de Gobierno Roberto Romero López para enfrentar a los indígenas en la polémica sobre el acueducto Independencia.
Sin contar el caso del tráfico de infantes desde el DIF-Sonora, fueron muchos los casos en los cuales Raúl Ramírez probó su profesión de fe padrecista, que hoy parece estarle pasando la factura.
La denuncia contra quienes resulten responsables, pero que en este caso apunta hacia reporteros y directivos del diario La Verdad, es por actos vandálicos, de intimidación, ataque a la vida privada, acoso y hostigamientos tanto a vehículos como al personal del organismo.
Independientemente de que hasta el momento de redactar estas líneas no encuentro la manera en que se pueda hostigar, intimidar o atacar la vida privada de un vehículo, es evidente que el titular del organismo defensor de los derechos humanos ha decidido hacer frente a los cuestionamientos sobre contratación y permanencia de cierto personal en el mismo, de una manera poco ortodoxa para una institución como la que preside.
En el boletín que hizo circular ayer la CEDH, se destaca que durante la presentación de la denuncia, su personal fue víctima de la indiferencia y trato indigno de parte del agente del Ministerio Público, Farwell Robles Montes “quien se negó a recibir la documentación y fue el secretario de acuerdos, Jesús Felipe García Vizcaíno quien procedió a integrar la averiguación previa correspondiente”.
Lo anterior, en caso de ser cierto, sólo confirmaría que efectivamente, habría alguna línea dictada desde alguna oficina gubernamental para servirle al ombudsman una de las sopas que solía guisar en el pasado reciente, cuando traía todo el ‘power’ que le ofrecía Guillermo Padrés y su grupo cercano, así como no pocos priistas, hay que decirlo, pues baste recordar que Raúl Ramírez fue electo con el voto de los tricolores que comandaba Samuel Moreno Terán en la pasada legislatura.
Por cierto, este cananense, emparentado con Padrés y que también hizo de comparsa en no pocas ocasiones, ha desaparecido prácticamente de la vida pública desde la rendición de protesta de Claudia Pavlovich Arellano, pero esa es otra historia.
Otro de los aspectos a considerar en este caso es, como decíamos al principio, el medio que detonó el asunto. El periódico La Verdad, editado hasta hace poco en Navojoa, tuvo en Hermosillo un debut más bien desafortunado al involucrar al secretario de Seguridad, Adolfo García Morales en lo que quiso ser un escándalo, pero no pasó de ser un cerillazo.
El medio acusó a un hijo del secretario, de haber usado un helicóptero de la dependencia para trasladarse a vacacionar a San Carlos. Las ‘evidencias’ mostradas fueron unas fotografías en las que aparecía el presunto posando con amigos frente a la aeronave.
El mismo día de la ‘denuncia’ se probó que el helicóptero era en realidad propiedad del gobierno federal y parte de una exhibición montada en aquel balneario, donde mucha gente se tomó fotos con esos aparatos como escenografía.
Pero el asunto sirvió para descubrir la mano del Pitillo Guerrero, a quien finalmente se le revirtió su lanzada, pues le costó el puesto de subsecretario.
En el caso de la denuncia sobre el ‘empanizamiento’ de la CEDH, hay elementos para suponer que la información es cierta, como también para suponer que la mano del ex subsecretario está moviendo los hilos contra el ombudsman.
Veremos qué rumbo toman los acontecimientos en los próximos días.
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