Lenta, pero llega, la justicia

corsas claudia pavlovich

En cuanto se enteraron los siempre acuciosos lectores de El Zancudo que la gobernadora Claudia Pavlovich estaría reunida con un grupo de periodistas para intercambiar impresiones sobre sus primeros siete meses de gobierno, lanzaron a través de sus cuentas de Twitter varias preguntas, dudas que tiene el respetable público sobre varios temas de la administración estatal.

Uno de ellos tiene que ver con lo que parece ser un reflujo en las acciones del combate a la corrupción del sexenio pasado; dudas que crecen en la medida en que algunos protagonistas del festín depredador del padrecismo se pasean como si no hubieran quebrado un plato por las calles de la ciudad, si bien otros andan desaparecidos y no los encuentra ni la Interpol, que supuestamente los tiene boletinados en 182 países.

Ensayando el papel de interlocutor entre la sociedad y el gobierno, este columnista canalizó un par de cuestionamientos, los más insistentes, por cierto, hacia la jefa del Ejecutivo, que llegó de buen ánimo a la mesa del Colectivo de Reporteros, donde respondió toda clase de preguntas.

Justo cuando le pregunté sobre esa ‘desaceleración’ en la presentación de resultados de la Fiscalía Especial Anticorrupción, comenzó a circular en las redes sociales la noticia de que una veintena de investigadores y peritos de ese organismo se encontraban asegurando una extensión de aproximadamente seis mil metros cuadrados, que forma parte de un terreno más grande (casi 30 mil metros cuadrados), que fueron adquiridos a precio de ganga y mediante procesos bastante malolientes, por quien fuera dirigente estatal del PAN, Juan Bautista Valencia Durazo.

“Algunos en el sexenio pasado fueron muy inteligentes a la hora de cometer los presuntos actos ilícitos que hoy están siendo investigados; eso dificulta el seguimiento de los casos y no vamos a precipitarnos en la integración de los expedientes, porque no queremos que se ‘caigan’ al no estar bien sustentados”, respondió la gobernadora repitiendo, para enfatizar, la palabra ‘algunos’.

Y con ello, dejar claro que otros no fueron tan inteligentes para perpetrar sus trácalas como, se infiere, el propio Juan Valencia, que recientemente acudió a la fiscalía especial a declarar sobre el asunto de los terrenos que ayer fueron asegurados con el fin de que no puedan ser enajenados, vendidos, divididos, destruidos o modificados en este proceso que se sigue para reintegrarse a su legítimo dueño, en este caso, el Ayuntamiento de Hermosillo.

Todo mundo recuerda la clase de maroma que se aventaron los padrecistas desde hace seis años para hacerse de toda clase de bienes, negocios, dinero y lo que se les pusiera enfrente, amparados en la impunidad que les daba el control del aparato de Estado; las instituciones al servicio de la trácala que creyeron interminable.

Juan Valencia no está solo. En la trama para apropiarse de esos terrenos ubicados en el Vado del Río participaron desde el entonces alcalde Javier Gándara Magaña, su sucesor Alejandro López Caballero y funcionarios de sus administraciones municipales, y hasta Roberto Dagnino Acuña, cuñado de Guillermo Padrés y uno de los principales cabilderos del moche y el atraco.

A través de una empresa a nombre de su esposa, Alma Quijano Cano, Roberto Dagnino fue pieza clave para triangular operaciones que incluyeron el robo de identidad a un humilde cantinero de Navojoa para hacerlo aparecer como comprador y luego vendedor de esos terrenos, sin que el pobre hombre supiera siquiera en qué lío lo estaban metiendo.

La historia es ya muy conocida y no tiene caso abundar en ella. Baste señalar que las investigaciones sobre este tema no solamente no están detenidas, sino que muestran un buen avance y los involucrados en el mismo deben estar sintiendo muy cerca el tintinear de las esposas. Las de metal, no las que solían remudar cuando la fortuna y el poder les sonreían.

Con esto, Juan Valencia se posiciona a la cabeza del top ten de ese entretenido juego que algunos han dado en llamar “Atínale al preso”. Y con él, probablemente caigan otros más.

Ese fue sólo uno de los temas que abordó la gobernadora, que comenzó con un recuento de hechos, una especie de corte de caja en el que subrayó las ruinas que recibió en todos los ámbitos de la administración estatal y lo que ha tenido que hacer para, poco a poco, reconstruir Sonora en materia de carreteras, sector educativo, salud, finanzas públicas, pero sobre todo, en lo que respecta a la reconstrucción del tejido social, pues tanto abuso, tanto atracó acabó por polarizar a los sonorenses, a enfrentarlos unos contra otros.

Algunas de las cifras que manejó en este encuentro ya han sido citadas en notas periodísticas diversas; pero acaso la mejor parte de esta entrevista colectiva fue al término de la ronda de preguntas y respuestas, cuando la gobernadora se aflojó el ropaje de la solemnidad institucional y, relajada y coloquial le entró con fe a su plato de machaca con verdura y frijolitos, compartiendo con los periodistas anécdotas y vivencias que la han impactado como servidora pública, pero sobre todo como mujer, como hija, como madre, como esposa…

La hora de los ‘bomberazos’, como llamó a las diarias situaciones de emergencia que se presentan todas las tardes en sus funciones como gobernadora y que la hacen recordar la gran responsabilidad que tiene sobre sus hombros; los pequeños detalles cotidianos en sus encuentros con la realidad de pobreza, marginación, desempleo, enfermedades; los dramas que siempre le hacen recordar su condición humana, de la que un gobernante no debe desprenderse, o está perdido.

De los equilibrios entre esa condición humana y la condición de jefa del Ejecutivo, obligada a tomar decisiones no siempre fáciles, pero siempre consultadas con su equipo más cercano, dos de los cuales la flanqueaban en este encuentro: la jefa de su Oficina, Natalia Rivera Grijalva y el secretario de Gobierno, Miguel Ernesto Pompa Corella. Más allá, en un discreto apartado, su secretario particular, Gilberto Salazar, siempre atento hasta de las miradas de su jefa.

En fin, un buen acercamiento al lado humano de la gobernadora, ese que en el trajín del día a día sale de foco, se pierde en los implacables vericuetos de la política-política, que es importante, pero obviamente, no lo es todo.

 

II

Reportan un excelente ambiente en el priismo guaymense, con la presencia allá de su dirigente estatal Gilberto Gutiérrez Sánchez, que en las últimas semanas ha venido recorriendo los municipios del estado, especialmente aquellos en los que su partido perdió la elección por la alcaldía, como Agua Prieta, San Luis Río Colorado y ayer le tocó a Guaymas.

Allí, Gutiérrez Sánchez llevó un mensaje de unidad, no sólo hacia el interior del priismo, sino que definió eso como el primer paso para avanzar en la recuperación de la presidencia municipal y las posiciones que se hayan perdido, subrayando que una vez alcanzado ese objetivo, se debe extender el ejercicio unitario hacia la sociedad: “El gobierno que aspira a dividir no es del PRI, pues el gobierno que divide es el gobierno que pierde, por lo que es la unidad la que ayudará a recuperar la presidencia municipal en Guaymas y la elección completa en el 2018”, dijo.

Este viernes, el dirigente estatal del PRI sostendrá un encuentro con la militancia en Ciudad Obregón, donde más tarde participará en la inauguración de la oficina de enlace de los diputados federales del tricolor, que correrá a cargo de Sylvana Beltrones.

Un evento de mucho contenido político, considerando que la diputada federal ‘suena’ como posible candidata al senado en 2018; un cargo al que también ha sido postulado por los adelantados, el ex alcalde cajemense Ricardo Bours Castelo, así que resultará interesante sondear los ánimos por aquel municipio, en el que estaremos mañana para reportarles lo que suceda.

 

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