Antes que se me olvide, permítame extenderle una cordial invitación para que este martes al filo de las 11:00 horas nos haga el honor de acompañarnos en el Auditorio de la escuela de Psicología y Ciencias de la Comunicación donde estaremos participando en un panel sobre las redes sociales y el nuevo escenario para el ejercicio periodístico.
Allí compartiremos la mesa con los periodistas Cayetano Lucero y Juan Bernardo Díaz, y estaremos interactuando con estudiantes, profesores e invitados a este, que forma parte de los eventos con que la escuela celebra su 34 aniversario.
El tema luce más que interesante en estos tiempos en que la red social se ha convertido en la plaza pública en la que todos convivimos, para coincidir o para discrepar; para concretar acercamientos de todo tipo (políticos, académicos, amistosos y hasta sexuales), o para mentarnos sabrosamente la madre.
Las redes sociales se han colocado, además, a la vanguardia informativa frente a los formatos acartonados y lentos de los medios tradicionales, si bien tienen la desventaja de no permitir, en algunos casos, abundar en los temas con la profundidad debida. Pero bueno, el tema es amplio y mejor lo dejamos para abundar en ello mañana. Si quieren darse la vuelta por allá, los esperamos gustosos.
II
Por ahí en diciembre de 2014, Juan Bautista Valencia Durazo, entonces dirigente estatal del PAN en Sonora, convocó a un encuentro con las colegas y colegos que cubríamos la fuente política con motivo de las fiestas de fin de año.
Allí, en corto, confío a quienes lo acompañábamos en la mesa, algunas cosas a propósito del panorama preelectoral que ya se configuraba para el año siguiente, y el futuro que le deparaba al PAN. Juan Valencia mostraba confianza en que refrendarían el triunfo electoral en la gubernatura, con Javier Gándara, y en los principales municipios del estado.
En un ejercicio autocrítico, el dirigente partidista aceptó, sin embargo, que en el gabinete de Guillermo Padrés había personajes que no ayudaban. Antes bien, que contribuían notablemente a la acumulación de carga negativa debido a sus desplantes de prepotencia y los frecuentes señalamientos sobre corrupción, tráfico de influencias y enriquecimiento inexplicable.
Por ahí salieron a relucir los nombres de Roberto Romero, Jorge Morales y Javier Alcaraz, Agustín Rodríguez, entre otros.
Claro, aún no salía a la luz pública el caso de los terrenos comprados por el propio Juan Valencia al Ayuntamiento de Hermosillo en los tiempos en que Javier Gándara firmaba como presidente municipal, y que después se convirtió en un escándalo nacional, sobre todo por el procedimiento inusual con el que se realizó la transacción, suplantando la personalidad de un humilde señor que trabajaba en una cantina de Navojoa, y cuyos papeles de identificación se usaron para concretar la operación de compra-venta.
El tema ‘tronó’ meses después, durante la campaña electoral y fue clave para afianzar la percepción de que el panismo padrecista, en prácticamente todos sus niveles y con casi todos sus personajes, estaban involucrados en operaciones ilícitas o por lo menos, de dudosa legalidad.
El caso fue muy sonado, pues el cantinero en cuestión, de nombre Trinidad Ayala Valencia es un hombre muy humilde que de pronto se enteró que era propietario de un terreno de 29 mil metros cuadrados, con un valor comercial de más de 36 millones de pesos.
“Los terrenos, informó la reportera Fátima Monterrosa, le pertenecían al municipio de Hermosillo desde 1943, pero en una decisión del cabildo en noviembre de 2010, la mayoría panista autorizó la regularización de terrenos ejidales, entre los que se encontraban los que supuestamente pertenecían a Ayala Valencia, quien de acuerdo con los libros, pagó medio millón de pesos a la Tesorería para que quedara legalmente aprobada la operación. Dos años después, en febrero de 2012, Ayala Valencia, quien gana 200 pesos diarios como cantinero en “El Paraíso”, en Navojoa, vendió una parte de esos terrenos a Valencia Durazo –no tienen parentesco alguno– en dos millones de pesos”, escribió Raymundo Riva Palacio en su columna de El Financiero, el 3 de junio de 2015, cuatro días antes de la elección.
“La operación mercantil fue en libros. El cantinero de Navojoa nunca vio frente a él un peso, ni supo lo que se había hecho en su nombre, o cómo y quiénes falsificaron sus documentos, y un notario se prestó para una operación fraudulenta”.
Hace un par de meses, la síndica hermosillense, Angelina Muñoz Fernández declaró que ya se tienen integradas las averiguaciones para proceder legalmente en el tema de los terrenos del Vado del Río de esta ciudad, mismos que actualmente son propiedad de Juan Valencia Durazo, dirigente estatal del PAN y aseguró que en los próximos días volverían a ser patrimonio del Municipio.
Dijo que esta investigación contempla un recurso penal en contra del presidente de Acción Nacional en Sonora ya que se presume que se adjudicó ilegalmente estos predios, razón por la cual tendrá que responder ante la justicia.
“La verdad es que hay mucha tela de dónde cortar, ya tenemos integradas las averiguaciones, los documentales y todo y en los próximos días vamos a presentar esto ante las autoridades correspondientes y este señor va a tener que rendir cuentas de sus actos y sobre todo lo más importante es que tiene que devolver los terrenos que se robó, porque ésos son patrimonio de los hermosillenses”.
Ayer, Juan Valencia acudió a declarar en calidad de testigo, según dijo, a la Fiscalía Especial Anticorrupción a cargo de Odracir Espinoza. No se revelaron detalles de la comparecencia, pero se presume que fue llamado a declarar por el caso de los terrenos del vado del río.
La pinza parece estar cerrándose sobre uno de los personajes clave del panismo padrecista, aunque no el más importante, pero eso sí, uno de los que más información tiene sobre la participación de otros ex funcionarios que verdaderamente se sirvieron con la cuchara grande, y que actualmente andan prófugos de la justicia.
Veremos si Juan Valencia es llamado a cuentas y, en caso de que así sea, veremos si decide hundirse solo, o se lleva con él a varios personajes de la pasada administración, la estatal y la municipal. Veremos.
III
No se termina el drama en el grupo parlamentario del PAN en Sonora. La diputada Carolina Lara hizo llegar al dirigente estatal de ese partido un escrito en el que hace el recuento del proceso mediante el cual fue amonestada hasta en tres ocasiones y posteriormente expulsada de la bancada.
También de cómo impugnó en el Tribunal Estatal Electoral, que resolvió a su favor, pero su partido apeló la sentencia y obligó a que el caso se llevara al tribunal federal, que también resolvió a favor de Lara Moreno, quien considera que en su contra se han realizado actos de discriminación y censura.
Por ello, expone en su escrito que: “una vez que se ha concluido con el litigio, es trascendental para mí, como militante y como diputada del PAN, que la experiencia ocurrida sirva para retomar el camino del diálogo y la concertación, por lo que solicito de la manera más amable la intervención de la investidura que representa para dejar atrás la censura, persecución y hostigamiento que se ha observado contra mi persona.
“Ha sido, es y será mi objetivo trabajar por el bienestar de los sonorenses y sabiendo que usted también se ha fijado esa meta, espero que en lo sucesivo valoremos estas coincidencias y las traduzcamos en los resultados que la gente espera, esperando transitar por rutas que distan de tales objetivos”.
Notable, el tono comedido de la diputada, en el escrito que lleva copia a Ricardo Anaya y Damián Zepeda, uno-dos de la dirigencia nacional, así como a David Galván Cázares, coordinador nacional de diputados locales, y a Moisés Gómez Reyna, coordinador de la bancada local.
Veremos en qué para todo esto.
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