Fin del asueto. Y los demonios sueltos

elzancudo 20160404

Este lunes marca el fin del periodo vacacional de Semana Santa, y el inicio de una semana de demonios sueltos.

En el plano estatal, el camino de la firma del convenio 2016 entre la dirección del Isssteson y el sindicato de esa institución se está sembrando de minas muy peligrosas al reeditar, de una parte y de otra, métodos que en el pasado reciente probaron su ineficacia para resolver problemas y, al contrario, resultaron muy efectivas para avivar enconos, sembrar odios, atizar confrontaciones y entrar en la ruta que a la postre resultó letal para el gobierno de Guillermo Padrés.

Apostarle a la guerra de troles en las redes sociales, como está sucediendo en estos momentos, no solamente no depara buen destino, también da al traste con las intenciones de la gobernadora Claudia Pavlovich, por demostrar que las cosas se pueden hacer de una forma diferente y mejor.

Cualquier diletante de las redes sociales se da cuenta en estos momentos, que el arte de la política pretende ser sustituido por la guerra sucia y la campaña negra; la visceralidad de funcionarios públicos dispuestos a batirse en una guerra de lodo sin réferi y sin reglas fue una práctica muy socorrida el sexenio pasado y, a la larga, los resultados están a la vista.

Reeditar esa historia puede resultar divertido para algunos que, como Jorge Morales y Javier Alcaraz lo hicieron en su momento, abusaron de su posición privilegiada en el gobierno aunque ahora uno está en la cárcel y otro trae un amparo bajo el brazo.

Esa idea de que la realidad se construye con los ladrillos de la percepción debe ser revisitada, porque después del padrecismo fallido, es claro que apostarle al ‘vamos bien, vamos muy bien’, mientras la cotidianidad ciudadana indica que se va muy mal, es la antesala del fracaso.

El bono democrático está posfechado en plazos cada vez más cortos y los gobiernos están obligados a dar resultados pronto. Si en lugar de ello, se reeditan historias de debilidad por los amigos y ley a secas para los enemigos, la historia puede no ser muy diferente.

Y si a eso le agregan una oposición contestataria que ya se entrenó en el gobierno, pues…

En el plano estatal, en esta coyuntura el asunto más serio es el del Isssteson, y desde el gobierno se está operando con las patas. Si Javier Acaraz fue el sepulturero de Padrés, el Gianco está llamado a ser, por lo menos, el acólito en la misa de Enrique Claussen.

No hay operación ni rienda. Se parece mucho a la debilidad por los amigos que llevó a Padrés al basurero de la historia.

En el plano municipal, al alcalde Maloro Acosta le estallaron dos temas delicados.

El primero de ellos: la publicación de un video en el que aparecen cuatro agentes de la policía municipal participando de una paliza a un detenido que se encontraba esposado. Al joven, uno de los agentes lo golpea con lo que parece ser un tablón, y otro lo manda al suelo de una patada en el pecho.

Un claro, flagrante caso de abuso policiaco que se viralizó en las redes sociales, donde no hay manera de matizar las cosas frente a lo evidente. Los policías se exhibieron como auténticos pandilleros y gandallas, lo cual resulta especialmente preocupante en un contexto en el que la seguridad pública es una de las demandas más sentidas tanto en el plano estatal como en el municipal.

Las imágenes de cuatro o cinco uniformados agrediendo salvajemente a un tipo esposado son muy fuertes. Es más fuerte la percepción que genera acerca de la profesionalización y el código de ética que el alcalde ha venido tratando de posicionar como signos distintivos de su gobierno.

El video resultó además, el oxígeno puro para las diezmadas huestes del padrecismo que estaban esperando para reactivar cuentas trolls y bots en redes sociales señalando con flamígero dedo el abuso.

La precaria calidad moral de algunos personajes que pusieron el grito en el cielo por el abuso policiaco, su omisión frente a abusos peores cuando fueron parte del gobierno de Padrés, sin embargo, no descalifican la indignación y la protesta de quienes, independientemente de su signo partidista o su condición de ciudadanos libres, conocieron como un grupo de pelafustanes uniformados de policías, se ceban sobre un tipo que, quien quiera que haya sido, se encontraba solo y esposado, frente a cuatro o cinco cholos con charola.

En automático, la pregunta que se hace, cualquiera que vea ese video es: ¿Estos son los que nos cuidan?

Hay, sin embargo, cosas que se deben saber. El video fue captado por las cámaras instaladas en la comandancia de policía. Las imágenes fueron integradas a una denuncia que el propio comisario de policía, Ramsés Arce Fierro envió a la Comisión Estatal de Derechos Humanos para que se tomaran cartas en el asunto, al mismo tiempo que el expediente de los involucrados era remitido a la dirección de Asuntos Internos de la corporación.

Raúl Ramírez, presidente de esa comisión tan omisa en el pasado, tan ciega, tan complaciente, tan validadora de los abusos (conste que esto no lo candidatea a nada) ni tardo ni perezoso, boletinó su condena al brutal ataque, adjuntó el video y ayudó a que se viralizara en redes sociales.

Vaya, hasta su jefe de prensa, Alberto José, me visitó en Facebook para compartir el video de la madriza, lo cual está muy bien, si no fuera porque desde hace años me tenían vetado en sus redes sociales, especialmente a partir de la tortura a Gisela Peraza y el asesinato de La China, en los cuales nadaron de muertito que es un encanto.

El punto es que a esta hora, los agentes involucrados en la madriza fueron reasignados a labores administrativas, donde no tienen contacto con los ciudadanos, mientras sigue la investigación del caso. Pero la medida no parece ser suficiente, y no sólo para los detractores obligados de la administración municipal, que ya preparan una andanada este día, involucrando al dirigente municipal del PAN y los regidores de ese partido.

Ellos también retomarán el caso del accidente que tuvo Francisco Rogel, director del Instituto Hermosillense de la Juventud el fin de semana antepasado en San Carlos, donde volcó su vehículo y abandonó el lugar de los hechos.

Sobre el tema se tejieron muchas historias, la mayoría surgidas de la autoridad municipal en Guaymas, de filiación panista, especialmente interesada en magnificar el asunto.

El hecho real es que se trata de un funcionario público involucrado en hechos que debieron ser aclarados en su momento y eso no pasó.

Ambas broncas, la de los policías y la del joven funcionario, le caen encima directamente al alcalde de Hermosillo, y lo obligan a tomar medidas que demuestren su condición de autoridad.

Es decir, lo que está en juego en estos casos no es la permanencia o no en la nómina, de algunos servidores públicos involucrados en hechos sobre los que abundarán las versiones encontradas, sino en el mensaje que mande el gobierno municipal a propósito de la cero tolerancia sobre acciones que todo mundo criticó en el pasado.

En fin, se acabó la Semana Santa y comenzó la verdadera Semana Diabla, como lo veremos en estos días.

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