Arturo Soto Munguia
El zafarrancho que armaron unos jóvenes en el antro conocido como Jakarta sirvió para varias cosas, entre ellas para probar que, cambiando lo que haya qué cambiar, la exclusividad que presupone el dinero en esencia no se diferencia mucho del desmadre popular en los bailes de la zona rural, donde también rola el alcohol y la droga; se desbordan pasiones y los chavos terminan trenzados a madrazos.
Nada de qué espantarse, considerando que así ha sido durante décadas. Incluso el hecho de que algunos de los protagonistas de este sainete sean hijos de connotados personajes de la vida política y/o empresarial, pero especialmente uno de ellos, que fue el que acaparó la atención por ser el primogénito del ex gobernador Guillermo Padrés Elías.
Hay versiones que indican que el zafarrancho se suscitó después de que algunos de los presentes comenzaron a increpar al joven, gritándole cosas que aludían a su condición de hijo del ex gobernador más corrupto que ha parido Sonora.
Debe ser terrible el vacío social que resiente la ex primera familia del estado, pero más aún el odio que concitan en cualquier parte donde se paren; la revancha, la venganza, el preocupante gusto por mentarles la madre después de haber hecho del ejercicio de gobierno un emblema de abusos y desplantes de prepotencia, corrupción y cinismo.
De ninguna manera se puede validar la violencia como vía para dirimir diferencias, pero es obvio que las cosas en el pasado sexenio se hicieron tan mal, que polarizaron gravemente a la sociedad sonorense, y la lentitud del nuevo gobierno para llamar a cuentas a los responsables del desastre hace que los ánimos desborden el cauce de la civilidad, sobre todo en entornos donde se cataliza la euforia con el alcohol y las drogas.
El zafarrancho sirvió también para comprobar que Guillermo Padrés Dagnino tenía, sigue teniendo, influencia sobre el grupo de jóvenes que durante el pasado sexenio servían de troles en redes sociales para la calumnia, el denuesto, los ataques vulgares y despiadados contra quienes consideraban enemigos políticos, una práctica que a la postre se les revirtió de fea manera, pues durante esos años atizaron los odios compulsiva, enfermizamente y hoy cosechan las tempestades de esos vientos que sembraron.
Fue muy obvia la operación en redes, a través de las cuentas troll que manejó el padrecismo. Primero tratando de confundir diciendo que el proteagonista del zafarrancho había sido el hijo del actual secretario de Seguridad Pública, Adolfo García Morales, reviviendo un asunto similar en el que se vio involucrado hace un par de años.
Luego, endosándole la bronca a la hija de un funcionario del gabinete estatal. La difusión del video del zafarrancho en el Jakarta tocó a uno de los jefes de troles: el hijo del ex gobernador, y por consigna o por oficio, se reactivaron los sicarios de la red a su servicio. Los mismos, ciertamente, que en el pasado no muy lejano suponían que le estaban haciendo un favor a los Padrés-Dagnino, cuando en realidad estaban cavando la fosa del desprestigio y preparando el cadalso para su ejecución política sumaria.
Eso no lo entienden aún. Al defender causas tan perdidas, con métodos tan asquerosos como en sus tiempos de gobernantes, se parecen mucho a quienes, chapoteando en el estercolero de la historia, intentan salpicar con lo que les chorrea en el rostro a una sociedad que ya los dejó muy atrás y cuando mucho, voltea a verlos para lanzar algún escupitajo como al desgano.
Y no estoy hablando de los priistas, o sólo de los priistas, sino de quienes, desde trincheras apartidistas finalmente fueron convocados el pasado siete de junio para no permitir que el padrecismo siguiera gobernando.
Simplemente hay que ver cómo le fue, hace un par de semanas, a la hija del ex gobernador, cuando hizo publicar en el periódico Reforma algunas fotografías compartiendo espacios con millonarios practicantes de equitación en una competencia donde se jugaban varios millones de pesos.
Para pronto, no faltó quién rescatara el tuit publicado por Nicole Padrés Dagnino, como se llama la muchacha, a propósito de la resistencia ciudadana al cobro del impuesto oficialmente denominado COMUN, pero popularmente conocido como ‘tenencia disfrazada’: “Me da demasiado coraje ver las calcas de No a la tenencia #SiempreLoHanPagado #Codos #LuegoSeQuejan #DeQueNoHayNada”
Es paradójico. El propio gobernador Guillermo Padrés se ha perdido del cuadrante, ha desaparecido de la escena pública, optando por un bajísimo perfil, litigando su situación -que no es nada halagüeña- en los tribunales y las cúpulas políticas, pero no en los medios. Ha sido su familia, concretamente sus hijos, los que siguen viviendo en el universo paralelo que Javier Alcaraz les hizo creer que era real, y dando motivos para que la sociedad sonorense recuerde su malhadado paso por el gobierno.
El zafarrancho en el Jakarta no es nada nuevo, y mucho menos un asunto de gravedad. Diariamente hay peores casos de violencia juvenil en el estado, sin que haya respuestas institucionales, lo que verdaderamente es el punto fino, y en el que las autoridades deberían estar aplicándose.
El asunto no es sencillo. Los temas de seguridad pública tienen un carácter estructural; vienen de muchos años atrás y se han complicado en los últimos tiempos.
Es alentador saber que en el nivel municipal se ha puesto manos a la obra con el programa Hermosillo Seguro, y en el nivel estatal con el programa Escudo Ciudadano. Es demasiado temprano para evaluar sus resultados, y hay que estar pendientes de su desarrollo.
Finalmente el voto del pasado siete de junio fue un voto de castigo al padrecismo, pero también un voto de confianza para quienes venían; y éstos tienen la obligación de dar resultados, y les conviene hacerlo pronto.
Es bueno saber que ya se encuentran en prisión los agresores del payaso Tony Tambor, y uno de los asaltantes del expendio Frente Frío, de Solidaridad y Paseo del Sol, dos asuntos que fueron ampliamente difundidos en redes sociales, y cuyo impacto mediático es notable.
Hay, sin embargo, demasiadas asignaturas pendientes en materia de seguridad, sobre las cuales la ciudadanía está esperando resultados. Esa es la tarea de los gobiernos actuales.
Del zafarrancho en el Jakarta, el reporte que tengo es que no pasó de unos arañazos guajoloteros. En fin…
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