Regreso al Río Sonora

ElZancudo 20160329

Bueno, pues regresamos a la vida cotidiana después de un rápido viaje por la Riviera Maya y un fugaz periplo por tierras parisinas, donde tuvimos que interrumpir el viaje, pues el plan era ir de allí a Bruselas, pero nos dijeron que andan tronando bombas como esquites, así que cambiamos la ruta y decidimos ir a Pakistán, pero las cosas allá también andan de la chingada.

Hubimos pues de interrumpir las vacaciones de Semana Santa y regresamos a Hermosillo, pero como también aquí se andan robando bicicletas chinas y madreando payasos locales, pues mejor decidimos apuntar hacia una zona más tranquila, como son los pueblos del Río Sonora, donde las cosas comienzan a entrar en la ruta de la normalidad, después de casi dos años de aquel derrame tóxico que no mató a nadie, pero resucitó a un chingo de muertos cuando se enteraron de que Grupo México repartiría más de tres mil millones de pesos a través del fideicomiso creado para indemnizar a los afectados por la contaminación originada en una de sus empresas.

Con todo, fueron meses críticos para los habitantes de esa región, pues sus actividades económicas se vieron seriamente diezmadas, y su vocación como destino turístico, como ‘marca’ para los productos locales, no sólo de elaboración artesanal, doméstica de dulces y otros alimentos, sino los grandes volúmenes de hortalizas, frutas y verduras, así como el ganado en pie y en canal o procesados, golpearon fuertemente a sus pobladores.

Y es que en los últimos años esos pueblos eran el proverbial nopal al que se visita sólo cuando tiene tunas electorales. Esto parece estar cambiando.

Quizá por ello, la gobernadora Claudia Pavlovich decidió que el reinicio de actividades después del periodo vacacional iniciara en esa zona, donde también existen necesidades urgentes sobre todo en lo que se refiere a la reconstrucción carretera, detonación de proyectos turísticos y de infraestructura hospitalaria y educativa que, ciertamente nunca han estado al cien por ciento, pero jamás, después de los pasados seis años, estuvieron en tan malas condiciones.

En Ures hubo varios anuncios importantes, pero destacó la reunión de evaluación del operativo de Semana Santa, donde los responsables de cada área involucrada en lograr un buen resultado, dieron un informe que usted podrá revisar en nota aparte http://www.elzancudo.com.mx/vernoticias.php?artid=7006&categoria=1

Destacan algunas cifras que aún se están contrastando, pero en general se observa que, con respecto al año pasado, la derrama económica por la afluencia de visitantes a esa región es superior a la del año pasado, pero la meta no es esa, considerando que ya se abrió la chequera del presupuesto para relanzar la vocación turística de esa y otras regiones del estado.

106 millones de pesos  no parecen mucho considerando el derrumbe que provocó la desatención de esa zona en los últimos años, pero el anuncio cayó bien entre los pobladores de esos pueblos. En Banámichi, por ejemplo, se invertirán 3 millones de pesos en el mejoramiento urbano de la plaza del pueblo, y otros tres millones para restaurar la cárcel de Cananea, edificio histórico ligado a la Revolución Mexicana y el Movimiento Obrero que tenía años abandonado.

El objetivo, como el avezado lector, la suspicaz lectora lo saben, no es acondicionar las instalaciones de esa cárcel para albergar a algunos nativos del mineral que aparecen en las listas de ‘más buscados’, toda vez que ese edificio desde hace mucho funciona como museo y no como Cereso, sino para remozarlo como atractivo turístico, ya que hoy está convertido en museo.

En Ures, el alcalde David Gracia solicitó a la gobernadora apoyos para reconstruir la avenida principal de ese municipio, que es la puerta de entrada a 32 pueblos del Río Sonora y la sierra alta sonorense, y que hoy se encuentra destrozada. Allí mismo Claudia Pavlovich anunció una inversión de diez millones de pesos para esos trabajos.

No sólo hubo anuncios para los pueblos del Río Sonora. También se anticiparon 15 millones de pesos para la Reserva de la Sierra de Álamos y Río Cuchujaqui, así como 25 millones de pesos más para la construcción de un Centro de Usos Múltiples en aquella colonial ciudad, que pronto contará con un edificio para la celebración de eventos con capacidad para 3 mil 900 personas, lo cual impactará fuertemente el evento cultural más importante del estado como es el Festival Alfonso Ortiz Tirado y otros.

Cuatro millones de pesos más irán a la rehabilitación y modernización del parque ecoturístico Oviáchic, en Cajeme; un millón 800 mil pesos más para la construcción de accesos al sitio arqueológico La Pintada; nueve millones de pesos más para la modernización del Mirador Escénico en San Carlos.

La gobernadora ha volteado la mirada más al sur. Más de 12 millones de pesos serán aplicados en la construcción de un parque público de playa, el primero en su tipo en el sur del estado, en Huatabampito, concretamente, donde se construirán albercas, canchas de volibol, palapas, estacionamientos, módulos con restaurantes y cafeterías; todo con accesibilidad para personas con discapacidad y de la tercera edad.

Por cierto, en Ures dieron a conocer el juego didáctico Turisteando Edición Río Sonora, que busca fomentar en la niñez sonorense el interés por esta región del estado, promoviendo sus atractivos turísticos. El juego se repartirá gratuitamente en 996 planteles de educación básica y media superior.

 

II

Y en nuestra gustada sección Ventanilla de Quejas, damos cabida al reclamo de un ciudadano sorprendido por los atracos no tan hormiga que se realizan en algunos establecimientos comerciales, aprovechando el trajín de Semana Santa, cuando todo mundo anda a las carreras realizando compras de última hora.

Resulta que este muchacho, solidario con el cooperativismo que produce los refrescos Pascual y enemigo de consumir las aguas negras del imperialismo como también se conoce a la Coca-Cola, acudió a surtir su dotación de jugos Boing a la Bodega Aurrerá, sucursal Las Placitas, que se ubica sobre el Camino del Seri.

El precio de dichos jugos estaba marcado en el anaquel en 12 pesos, pero en la caja se los cobraron a 14.90, cosa de la que no se dio cuenta hasta llegar a su casa y revisar el tícket respectivo. Otro día volvió al supermercado en cuestión, recibiendo de la gerente, Adriana Salazar una explicación más bien difusa: que seguramente el producto subió de precio y después bajó, mas no se actualizaron las máquinas registradoras.

Cualquiera pensaría que los casi diez pesos que le birlaron al quejoso son una bicoca y que gastó más en gasolina al regresar a poner su queja, pero el punto no es el mini robo disfrazado de error humano, sino la sospecha de que esa práctica pudiese ser recurrente para muchos otros productos y la gente no se da cuenta que, sumando de diez en diez pesos, esos establecimientos comerciales engordan sus cuentas a costillas de clientes que minimizan el atraco hormiga.

Cada quien tendrá sus conclusiones al respecto, aquí consignamos el hecho a manera de llamado de atención para quienes acuden a ese supermercado y probablemente estén siendo timados también por lo que ellos consideran ‘errores humanos’, que a la postre se traducen en agandalles inhumanos.

 

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