Cuando Crisóforo Valenzuela Ahumada comenzó a leer las demandas del pueblo yaqui al gobierno de los yoris, parecía que bajo la ramada tradicional de Huirivis se desgranaban otra vez siglos de olvido, marginación, pobreza, despojos, abandono…
El secretario de Rahum, uno de los ocho pueblos que conforman la Nación yaqui fue el encargado de los rigurosos protocolos que rigen estos encuentros de las autoridades tradicionales de la etnia y representantes de los gobiernos estatal y federal.
Las presentaciones, la bienvenida, la explicación de los motivos del encuentro, todo en la lengua yaqui, que los yoris escuchan con respetuoso silencio y algunos no pueden ocultar su ‘cara de what’. Esto siempre sucede. Luego Valenzuela Ahumada lee el convenio que presentaron a Miguel Pompa Corella, secretario de Gobierno estatal y Roberto Campa Cifrián, subsecretario de Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación.
Bajo las secas cañas de maíz que techan la ramada, pasan los rayos del sol como han pasado esos siglos de abandono.
Los yaquis piden respeto a sus derechos sobre la tierra y el agua; reclaman inversión en caminos y programas de vivienda; una universidad indígena, un hospital; escuelas; apoyos para proyectos productivos, reactivación económica de la región en actividades agrícolas, pesqueras…
Le toca el turno al secretario de Gobierno Miguel Pompa, que da los buenos días en la lengua. Hay un rumor como de risas ahogadas bajo la ramada, donde hombres, mujeres y niños se amontonan detrás de los tablones habilitados como bancas, sobre bloques de cemento, dispuestos al centro para los gobernadores y demás autoridades.
Y es que ya pasan de las 12 del mediodía y el funcionario debió dar las buenas tardes y quizás el Potrillo apenas está aprendiendo algunas palabras en la lengua. La pifia fue tomada con humor y sirvió para relajar un poco la solemnidad siempre pesada de los esos ceremoniosos actos.
“El Potrillo”, como después lo llamaría “ya en confianza, como nos dijo” el secretario de Rahum, recuerda que la administración de Claudia Pavlovich está dispuesta a replantear la relación con la etnia; una relación que en el pasado reciente se significó por la siembra de discordia, el divisionismo, la persecución y el encarcelamiento de líderes yaquis.
Antes como antes y ahora como ahora, les dijo. Y recordó que en los próximos días se estarán anunciando importantes inversiones para generar empleos en la región.
Luego habló Campa Cifrián. También citó que la última vez que se vieron con una representación de la etnia en Ciudad de México fue para tratar el tema de la liberación de Mario Luna y Fernando Jiménez, presos por su oposición al acueducto independencia, durante el sexenio de Guillermo Padrés.
Dijo traer instrucciones precisas del secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, para atender los reclamos de los indígenas y se comprometió a abrir una mesa de diálogos con titulares de las diferentes dependencias federales, para ver de qué manera se atendían esos reclamos.
Debajo de sus sombreros y sus rebozos, con la piel curtida los hombres y las mujeres yaquis escuchaban a los yoris hablar, comprometerse, asegurar que ahora sí, llegó la hora de que los indígenas sean incorporados al progreso, atendiendo sus necesidades en materia de salud, educación, empleo, derechos humanos…
Al término del encuentro, Campa Cifrián ofreció una rueda de prensa en la que este columnista le preguntó por qué habrían de creer, los yaquis, después de siglos de oír las mismas promesas, que esta vez sí se cumplirían.
El funcionario federal se puso serio. Recordó que no era la primera vez que se reunían con los yaquis y dijo que su compromiso era el de poner todos sus esfuerzos para coordinar con titulares de otras dependencias la canalización de apoyos.
-Muy buena pregunta, comentó alguien allí mismo.
-Sí, pero muy mala respuesta. No dijo nada, terció otro.
Por lo menos en materia de cordialidad y buen trato entre indígenas y funcionarios de gobierno, sí se nota diferencia respecto al sexenio anterior. El hecho mismo de haber tenido tan buena convocatoria con la presencia de prácticamente todos los gobernadores yaquis, a pesar de la cuaresma, un periodo en que normalmente no se realizan encuentros de corte político, pues los gobernadores ceden el mando a la autoridad religiosa, habla de que soplan nuevos aires en la Nación yaqui.
En ese encuentro estaban presentes también el alcalde de Cajeme, Faustino Félix Chávez; el de Bácum, Eusebio Miranda Guerrero; el de Guaymas, Lorenzo de Cima envió a un representante. El coordinador de delegados federales y a la vez delegado de Gobernación, Wenceslao Cota Montoya también estaba atento, lo mismo que Antonio Cruz Casas Igualmente de Antonio Cruz Casas, Coordinador de CEDIS; José Luis Germán, delegado de CDI; Jesús Guillén, alcalde de San Ignacio Río Muerto, entre otros funcionarios del gobierno de los yoris.
También Tomás Rojo y Miguel Cota Tórtola, voceros de la etnia durante la resistencia al acueducto independencia, así como integrantes del Movimiento Ciudadano por el Agua como Martha Luz Parada.
Todos pasaron después a la conversación en corto, que es donde se ‘amarran’ los mejores acuerdos en torno a platos de birria y wakabake…
Recado urgente para El Maloro
No descubro el hilo negro si aseguro que el de la seguridad pública es el problema que con mayor saña azota a los hermosillenses de todos los niveles socioeconómicos.
Tampoco si digo que las tareas de prevención del delito y de procuración de justicia para casos de robos, asaltos y otros episodios de violencia urbana marchan a paso de tortuga, mientras la delincuencia desorganizada (de alguna manera hay que llamarla) corre veloz como la proverbial liebre, llevándose consigo lo que no es suyo y dejando el amargo sabor de la vejación en las víctimas de su vandalismo.
No hay colonia, barrio, privada, fraccionamiento, residencial o invasión que se salve, pero algunas zonas se han convertido en tierra de nadie. Los vecinos a veces se organizan y otras se arman con lo que pueden para defender lo poco o mucho que tienen, pero sobre todo para salvaguardar la integridad y la vida de sus hijos, de sus familias. Pero esa es un arma de doble filo y ya no tarda en registrarse alguna desgracia, pues en varias colonias son los propios vecinos quienes atrapan a los amantes de lo ajeno, ya para entregarlos a la policía, ya para darles un escarmiento por su propia mano.
En la colonia Lomas de Linda Vista, al norponiente de Hermosillo, la situación se ha vuelto insoportable, pero concretamente en la calle Divisaderos, los vecinos se han organizado para vigilar, activar alarmas y hasta una lona de advertencia colocaron en un lugar visible. (Debo decir que en El Cortijo Periodistas los vecinos hicieron lo mismo, colocaron una lona y los ‘rastrillos’ se la robaron).
Pero volviendo con los vecinos de Lomas de Linda Vista, éstos solicitaron una audiencia con el alcalde Maloro Acosta, y los mandaron a una fila que tiene más de 300 solicitantes antes que ellos. El problema en esa colonia se acrecienta porque también existen allí tiraderos de droga que, según los vecinos, sí son visitados por patrullas de la Policía Municipal, pero al parecer se trata de visitas de cortesía o sólo para saludar, porque llegan y al cabo de unos minutos se van y no pasa nada.
Entiendo que situaciones similares se repiten por toda la ciudad, pero los vecinos han acudido a este espacio para hacer del conocimiento de las autoridades esta denuncia, ya que temen que pueda presentarse una situación aún más lamentable en ese sector.
Los vecinos, alcalde, le estarán muy agradecidos si el gobierno municipal, en coordinación con las autoridades de seguridad pública estatal toman cartas en este asunto.
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