A una semana de iniciar el periodo ordinario de sesiones, la bancada del PAN decidió por mayoría separar de ese grupo parlamentario a los cuatro diputados que votaron a favor del paquete presupuestal propuesto por el gobierno del estado en diciembre pasado.
Lo anterior cambia radicalmente la correlación de fuerzas en la legislatura local; regresa al PAN a una posición de minoría en la que no estaba desde los 80-90, en la que aun ganado ciertos debates perdía todas las votaciones.
Lo sucedido ayer también perfilaría la creación de una minibancada que, con todo y ser pequeña, sería súperpoderosa en el sentido de que sus votos inclinarían la balanza en un sentido o en otro, dependiendo de lo que se esté negociando y con quién.
La decisión de separar a los cuatro fue tomada por nueve de los 13 legisladores del PAN; ocho de los cuales votaron a favor de la separación y una se abstuvo: Célida López.
El acuerdo se tomó en ausencia de Manuel Villegas, Lissette López, Carolina Lara y Sandra Hernández Barajas, quienes recientemente fueron sancionados por la dirigencia estatal del PAN con una amonestación. En el caso de Manuel Villegas eso no aplica, pues no es militante del partido; y en el caso de Lara Moreno, recibió dos amonestaciones extra, una por votar a favor del incremento a las tarifas de agua potable en Hermosillo y otra por declaraciones hechas a la prensa sobre asuntos internos del partido.
Los llamados ‘Cuatro Fantásticos’ no fueron expulsados del PAN, pues en todo caso esa es una facultad que sólo tienen las instancias partidistas y no la fracción parlamentaria. De hecho, el acuerdo explica que los hoy separados de la bancada tendrán en el Comité Directivo Estatal del blanquiazul una especie de ‘enlace’ para determinar el sentido de sus votos y sus posicionamientos respecto a los temas que se discuten en el Congreso.
De acuerdo con el comunicado oficial, las razones que fundamentaron la separación son “pérdida de confianza y ausencia de solidaridad” con la bancada a la que pertenecían hasta ayer.
Lo cierto es que la situación se había vuelto insostenible para el coordinador parlamentario, Moisés Gómez Reyna, que le tocó bailar con la más fea en la primera parte de esta legislatura, donde los panistas aún no terminan de asimilar la derrota electoral del año pasado y sus secuelas, especialmente aquellas que tienen qué ver con el llamado a cuentas de importantes personajes de la anterior administración que hoy enfrentan juicios administrativos y penales por presuntos actos de corrupción, entre otros.
Hay que recordar que al inicio de la actual legislatura los panistas decidieron ‘dividir’ la coordinación parlamentaria, acordando que después de un año y medio, ésta sería asumida por Luis Serrato Castell.
Apenas ayer comentábamos en este mismo espacio sobre las dificultades que enfrentará el PAN-Sonora en los tiempos venideros, pues como es natural después de una derrota tan contundente como la de junio pasado, el partido no sólo quedó en la lona, desarticulado y dividido; enfrascado en el reparto de culpas y los ajustes de cuentas internas. También parece empeñado en reciclar los mismos cuadros del padrecismo, un yugo que les está resultando demasiado pesado, pero del que por lo visto no piensan deshacerse, al menos en el corto plazo.
Con una bancada en la que cada integrante parece traer su propia agenda, con diputados enemistados entre sí, pues ya llevaron las diferencias políticas al terreno de lo personal, y por si fuera poco, con liderazgos factuales que eventualmente marchan a contrapelo de las decisiones de mayoría en la bancada, y de las del propio coordinador, la situación no podía prolongarse mucho tiempo más.
Así, el criterio que finalmente se impuso es el de cohesionar una bancada con nueve diputados que voten juntos, y no una de 13 en la que no se tenga la certeza de que las posiciones del partido sean respetadas.
“Independientemente de las filias y fobias, se debe tener respeto por cada uno de los diputados, pero no hay en estos momentos condiciones para trabajar juntos”, declaró anoche a este espacio el coordinador Moisés Gómez Reyna.
Y es que ayer, cuando todavía estaba llevándose a cabo la reunión de los nueve legisladores panistas, cuando aún no se tomaba el acuerdo, comenzó a circular un boletín de prensa en formato similar a los oficiales de la fracción parlamentaria, pero enviado desde una cuenta ajena a la bancada, en el que se daba por un hecho la expulsión de los cuatro diputados y se advertía que también serían expulsados los alcaldes panistas que solicitaron créditos en diciembre pasado.
Dicho comunicado fue desconocido por la coordinación parlamentaria, catalogándolo de apócrifo.
En redes sociales circuló la versión de que dicho boletín pudo ser enviado desde alguno de los grupos a los que pertenecen los ‘cuatro fantásticos’ lo que, en caso de confirmarse reforzaría la certeza de que la unidad entre los legisladores panistas es una quimera. La división no tiene vuelta de hoja.
El criterio que se impuso, finalmente, fue que la bancada no podía arrancar el próximo periodo ordinario de sesiones con cuatro de sus diputados marchando por la libre.
Hasta entrada la noche, se trató de localizar a alguno de los cuatro diputados para conocer su versión sobre los hechos, pero no respondieron a los llamados.
Pero es un hecho que la decisión tomada este día tendrá repercusiones en los tiempos por venir, ya que al menos Carolina Lara ha confiado, en otras ocasiones, que la andanada contra los cuatro, pero especialmente contra ella tiene su origen en la secretaría General del CEN del PAN que ostenta el derrotado candidato a la alcaldía de Hermosillo, Damián Zepeda Vidales.
Zepeda está convencido de que la derrota en Hermosillo tiene como su principal responsable al ex alcalde Alejandro López Caballero, cabeza del grupo al que pertenece Carolina Lara. Damián ha operado y dictado línea para que los cuatro rebeldes sean separados de la bancada y hasta expulsados del partido, algo que no es tan sencillo y por ello siguen siendo militantes del PAN.
Vienen días difíciles para el PAN en Sonora (de por sí estos últimos meses han sido de gatos negros, sobre todo por la carga del pasado y el llamado a cuentas de varios de sus principales personajes ligados al grupo cercano de Guillermo Padrés), y parece que las cosas se pondrán peores.
En una de esas típicas vueltas que da la vida, los panistas se encuentran ahora en una posición de extrema debilidad en el Congreso, donde han concluido que el mal menor era separar a cuatro diputados y quedar en una minoría de apenas nueve legisladores, que ahora no sólo deberán negociar en condiciones de desventaja con la mayoría del PRI y sus aliados, sino con sus propios ex compañeros de bancada.
Y quizá esa sea la negociación más difícil, pues al menos Sandra Hernández Barajas, Lissette López Godínez y Carolina Lara Moreno se consideran panistas de cepa y, en todo caso, han sido tomadas en esta coyuntura entre la espada de la derrota electoral y la pared de los ajustes de cuentas internos entre las corrientes políticas a las que pertenecen.
Todavía en la legislatura pasada, bajo la coordinación de Javier Neblina y con el PRD y el PANAL como aliados, el PAN presumía la fuerza del mayoriteo sobre un PRI que estaba en minoría, aun haciendo alianzas con un diputado del PRD y otros del Verde. Así le abrieron brecha a todas las iniciativas del entonces gobernador Guillermo Padrés y validaron toda esa política que acabó cobrándoles la factura en 2015.
Hoy, el escenario cambia radicalmente. Con sólo nueve diputados y cuatro de ellos heridos por lo que consideran una puñalada trapera por parte de la nomenklatura del partido, quedan en una posición muy débil. Ni siquiera pueden aspirar al socorrido recurso del rompimiento del quórum cuando busquen ganar tiempo en la negociación de alguna iniciativa con la que no estén de acuerdo.
La historia ha dado una vuelta de tuerca. El PAN regresa a su nicho de oposición minoritaria, que habitó durante muchos años y, considerando lo despiadada que suele ser la real politik, no hay muchas esperanzas de misericordia por parte de un gobierno del PRI que recién regresa al poder, lamiendo las heridas de la derrota en 2009.
Ahora bien, los cuatro ‘separados’ tienen la opción de constituirse en fracción parlamentaria independiente (se requieren sólo dos diputados para ello) y convertirse, a pesar de su número, en la bancada más poderosa del Congreso, pues sus votos inclinarían las decisiones más importantes, de un lado o de otro.
Esto apenas comienza.
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