Archivo Confidencial
Armando Vásquez

PARA VARIAR, durante el gobierno de Guillermo Padrés la relación con la Iglesia Católica no solamente fue cortante, sino irrespetuosa. En variadas ocasiones dejaban al arzobispo Ulises Macías sentado en una sala de esperar, a veces hasta por dos horas, con una secretaria que le preguntaba que si a qué se dedicaba y hubo hasta un momento en que le dijeron que regresara mañana, a la misma hora, que el funcionario no lo podía atender de momento. Le faltaron al respeto a la figura que representa.
Eso sí, cuando requerían un sacerdote para alguna ceremonia religiosa particular, mostraban el otro rostro.
Con la llegada de Claudia Pavlovich a gobierno, hubo en la lista de reuniones, una con el arzobispo que como jefe de un poder fáctico, de manera natural era necesaria. Pero no solo eso, en una ocasión, a inicios del mes pasado, le entregaron a Claudia una serie de sobres de los que reparte la Iglesia para pedir el diezmo bajo la petición de que se podía donar lo que la persona quisiera.
La gobernadora los repartió entre todos sus funcionarios, de primer y segundo nivel, así como entre los secretarios particulares y demás que sirven de apoyo. Todos colaboraron, le fue bien a la Iglesia.
En otra ocasión el arzobispo Macías se presentó a la oficina de Ernesto de Lucas, en sábado por la mañana, y sin previa cita. Fue atendido de manera inmediata. Es la diferencia de sexenios.
Ahora, con la llegada del Papa Francisco a la ciudad de México, no me extraña ver la foto en la que el Papa saluda a nuestra gobernadora, más allá del aspecto político.
Por esta razón, quien sea el próximo arzobispo de Hermosillo –recuerde que se jubiló don Ulises Macías y que al terminar el Papa su estancia nombrará a su sustituto–, encontrará muy buen apoyo gubernamental.
Solo como detalles: la Arquidiócesis de Hermosillo (donde está el arzobispado) mantiene control administrativo sobre las diócesis (obispados) de Nogales, Obregón y Culiacán. En el caso de Sonora, el número de sacerdotes no rebasa los 400 que atienden a más de dos millones de feligreses, algo así como un sacerdote por cada cinco mil habitantes.
De ese número están en vías de jubilación poco más de cien presbíteros que se van a sus casas de retiro o bien, con algún familiar o bien, que el Seguro Social pague su jubilación pues conocido es que todo sacerdote gana mil pesos semanales, es decir, el salario mínimo, prácticamente.
Hubo la intención de que los hospitales y clínicas adoptaran sacerdotes, de preferencia jubilados o en vías de, y lograran un poco más de ingresos para mayor decoro de sus últimos días, pero allí está la iniciativa, es cosa de que el factor político maniobre adecuadamente para lograr ese objetivo. Ni se diga de los centros de reclusión y apoyo a pueblos indígenas.
El hecho que la gobernadora Claudia Pavlovich fue parte de las autoridades que encabezó el Presidente Enrique Peña Nieto para dar la bienvenida oficial a México al Papa Francisco. En Palacio Nacional Claudia le externó al Papa Francisco los deseos de que su estancia sea de provecho para fieles de la iglesia Católica. El Papa Francisco por su parte le expresó a la Gobernadora su reconocimiento a los sonorenses, a quienes calificó como hombres y mujeres valientes.
Por eso pienso que ahora que hay una nueva relación entre Iglesia y gobierno, ello repercutirá en Sonora donde, por si no lo sabía lector, de los 800 mil sonorenses en extrema pobreza, más del 60 ó 70 por ciento acuden a la Iglesia Católica para recibir ayuda. Vienen cosas nuevas en esta relación entre gobierno estatal e iglesia sonorense. Y qué bueno.
EN FIN, por hoy es todo, mañana le seguimos si Dios quiere.
