
Hay motivos para celebrar. México ganó la Serie del Caribe y Los Broncos de Denver, el equipo favorito de los rudísimos sonorenses que aún lamentan la timorata actitud de Antonio López de Santa Anna al no tirar más para acá la línea del territorio que vendió a Estados Unidos.
Hay fiesta en Hermosillo porque ganó Denver y perdió Carolina. En los patios residenciales se consume lentamente el carbón de los asadores y con cerveza se bañan los amantes del deporte que es tradición en Sonora, sobre todo entre aquellos que no jugaron ni con la caca cuando estaban chiquitos, pero que hoy despiden con lágrimas en los ojos a Peyton Manning, como quien despide a la madre que siempre les quitaba las Barbies de sus hermanas para que no se fueran a hacer putos.
Hay fiesta por los Broncos y los Venados, que ganaron la Serie del Caribe. Los pretextos sobran para olvidarse de los amigos en desgracia. Y si no eran amigos, pues con más razón.
II
Detrás de las rejas no hay más que soledad. Dentro de la cárcel el tiempo no es más que una raya en la pared cada 24 horas, una acumulación de días y años para el recuerdo, la añoranza, el recuento de los ‘hubiera’ y ‘no hubiera’ que, también dicen, no existen cuando se está frente a hechos consumados.
La gran fiesta, la ruidosa bacanal del padrecismo no tuvo un final feliz, como muchos lo anticipaban aún antes de que se dictara el auto de formal prisión contra el primer secretario del gabinete de un gobernador que sigue a salto de mata, agazapado en algún lugar del mundo, hurgando en los archivos judiciales para saber de qué tamaño es la losa que se le viene encima.
A Jorge Morales Borbón se le dictó ayer el auto de formal prisión por el delito de extorsión. Pasará por lo menos un año en la cárcel, en tanto el juez que conoce de la causa decide la sentencia, que podría ser entre 15 y 60 años, según revelara la semana pasada el fiscal especial anticorrupción, Odracir Espinoza, ya que al ex secretario de Comunicación Social también se le siguen juicios por fraude y enriquecimiento ilícito.
¿Sus amigos? Sus amigos guardan un ominoso silencio y en el caso de algunos periodistas que vivieron junto a él los tiempos de festín y derroche, festinan su cautiverio en el relato despiadado de su triste destino, más preocupados por quedar bien con el nuevo gobierno, que por guardar un mínimo de lealtad con el que hasta hace poco les aliviaba todos sus apuros, préstamos urgentes incluidos.
Del Partido Acción Nacional no se puede esperar mucho. Ha quedado claro que no meterán las manos al fuego por un tipo que ni siquiera militaba en él, pero que durante los tiempos en que gobernaba, su voz tenía más peso que cualquier dirigente formal.
“Vamos, Broncos”, escribió en su cuenta de Twitter Damián Zepeda, el secretario General del PAN nacional, horas después de conocerse el auto de formal prisión. Ni por equivocación aludió después al destino de quien no hace mucho incidía hasta en su perdedora campaña por la alcaldía.
Jorge Morales es una mancha borrosa en la agenda del partido, un referente olvidado, salvo para alimentar los argumentos del deslinde.
De sus amigos en el gabinete tampoco queda mucho. ¡Pónganse a ver el Súper Bowl, tengan una vida!, escribió ayer en su cuenta de Twitter el ex director del Registro Civil, Víctor Ramírez cuando alguien le preguntó por la suerte del ex secretario.
“El Pulga”, como le conocen sus amigos tampoco quiere saber de Jorge, aunque quizá tenga sus razones, pues él mismo fue despedido de su trabajo después de protagonizar un episodio de violencia intrafamiliar. En ese entonces, también muchos lo dejaron solo.
El principal cómplice de Jorge Morales, su fiel escudero, Luis Enrique Montejano, que también está incluido en las investigaciones por extorsión, envió su más reciente tuit el 21 de enero pasado. No es raro. La cobardía corre por sus venas con la misma fuerza de las perversidades con las que dirigía una orquesta de embozados pistoleros de las redes sociales encargados, según sus cortas entendederas, de cuidar la imagen del gobernador, aunque en realidad lo que hicieron fue construir, sistemáticamente un entorno de agravios que hoy se vuelven en su contra.
El siete de junio del año pasado, a las seis de la tarde, Montejano canceló su cuenta de Twitter en la que fanfarroneaba tanto. A esa hora ya se sabía que el padrecismo había pasado a mejor vida.
Volvió a la carga meses después, como hipotético comandante de un equipo de ‘periodistas’ que, decían, estaban llamados a reivindicar el oficio, con investigación y denuncia a través de un portal de internet, que no tiene actividad desde el pasado 3 de febrero.
No es para menos, Montejano está en la lista de investigados y con muchas posibilidades de pasar, en breve, a hacerle más llevadero su cautiverio a Jorge Morales.
Atrás quedaron aquellas imágenes que retrataban la fiesta del poder. La impunidad garantizada, la ostentación del lujo y el exceso al lado de sus iguales; las sonrisas que de pronto estallaban en carcajadas, los aires de perdonavidas, el cinismo que los contagiaba.
Para Morales Borbón ya no hay más que el frío del encierro. Quizá no tan inclemente, pues el sistema penitenciario tiene aún oferta de privilegios, caros, pero es claro que el muchacho acumuló suficiente dinero para pagarlos, aunque no hay dinero que alcance para asimilar la migración de las páginas de sociales a la nota roja, mucho menos si es la nota roja de el imparcial, el periódico donde se hizo ‘periodista’ y luego, ya como secretario, compinche en el reparto del botín que dejó la depredación presupuestal.
Pero el destino es un maricón, diría Sabina. Destino chungo, cruel y canalla, te da champán y después cazalla…
El privilegio de tener, en el Cereso, una ‘prefabricada’ (celda particular individual, con acceso a TV y señal de telefonía para celular) puede ser su contrario. En vez de privilegio, sería un tormento.
Porque eso le permitiría a Jorge saber que mientras él está encerrado, sus amigos celebran por lo alto, desbordan las cheves, se atragantan de exóticas viandas, se abrazan y gritan emocionados por el triunfo de los Broncos de Denver. Juegan al ‘no ha pasado nada’, cuando no al ‘Qué bueno, por pendejo’.
Lo curioso también es que esas celebraciones tienen un dejo de zozobra, de felicidad fingida, de alegría acotada por la incertidumbre que provoca el no saber quién será el siguiente.
Y la lista es larga: Roberto Romero López y su esposa Mónica Paola Robles la encabezan, pero también aparecen allí Luis Felipe Romero, Mario Cuén, Javier Alcaraz, Víctor Alcaraz, Vicente Sagrestano Alcaraz; Bernardo Campillo, Héctor Ortiz Ciscomani, Alejandro López Caballero, entre otros.
Hay ratones más pequeños que no alcanzarán a ser rozados por las órdenes de aprehensión, porque ni para eso tienen gracia, pero presumen que pueden seguir medrando en el PAN.
Y allí estriba un conflicto serio para ese partido, si es que quiere levantar la cabeza rumbo a lo que viene, señaladamente, las campañas electorales de 2018 donde tendrán que presentar un nuevo rostro si es que quieren recuperar un poco del terreno que Padrés y compañía les hizo perder.
De aquí a entonces se tendrá un ramillete de reos impresentables para cualquier campaña electoral. La sola marca (Guillermo Padrés) que quiso construir Javier Alcaraz como el #1, y todo lo que gira a su alrededor, incluyendo al propio contador metido a publicista, son garantía de fracaso.
Muchos de esos aprendices de bandidos, funcionarios menores del padrecismo y con militancia no en el PAN, sino en la gavilla de fascinerosos que hoy está siendo llamada a cuentas, no pisarán bote porque ‘robaron poquito’, pero estarán ahí, en la exigencia de cuotas de poder a la hora de repartir candidaturas y sumarse a los equipos aunque sea como lo que son, unos viles troles que ya probaron su ineficiencia. Son los que el PAN debe tomar en cuenta a la hora de la competencia.
Y si decide que debe seguir con ellos, pues muy bien. Seguirán siendo, en todo caso, unos buenos aprendices de troles, que seguirán jodiendo en redes sociales, especialmente al PAN, con su permanencia.
También puedes seguirnos en Twitter @Chaposoto
Visita www.elzancudo.com.mx
