
HUBO LA OPORTUNIDAD de ir a realizar una serie de movimientos administrativos al Vado del Río y la clásica: el pensamiento brumoso por ver si de casualidad encontraba estacionamiento para no pagar los quince, veinte o 25 pesos que cobran por esa parte de Hermosillo.
No encontré lugar donde estacionarme y ni modo, a pagar. Pero oh sorpresa, me metí en el que está a un ladito del restaurante “Las corajudas del gordo” y una persona que cuidaba la entrada me dijo que era gratis. Casi me regreso, no puede ser, pensé. Hice dos vueltas, me ahorré 30 pesos. Vaya. Espero que no haya sido únicamente por ese día.
Platicando con uno de los tres vigilante de una empresa especializada me dijo que sería un estacionamiento público gratuito. No puede ser verdad tanta belleza. Y pues, a investigar.
De entrada, me imagino que la Comisión de Bienes y Concesiones mandó colocar unas diez mantas en los alrededores de estos terrenos, incluyendo el que está a un lado del puente trébol, con una leyenda que decía: “No traspasar. Propiedad del Gobierno del Estado”. Ah chingao, pensé, ¿pues qué acaso se pensaban traspasar, ¿a quién, cómo, cuándo, dónde y por qué? y me acorde que es una operación que podía hacerse conociendo a Mario Valenzuela, ex titular de dicha comisión y la bola de transas de los que ya se fueron.
Pero según recuerdo, cuando se construyeron los palacios del Vado del Río, en tiempos de Manlio Fabio Beltrones, se generó a su vez la empresa Grupo Duca S.A. De C.V. (de los socios Fausto Durazo y Martín Carranza) quienes construyeron, remodelaron e hicieron lo propio para explotar esa concesión hace veinte años.
Me imagino que se terminó el período y ahora retomó la concesión el Gobierno del Estado del polígono comprendido entre las calles bulevar Cultura, Galeana, Río Santa Cruz y Paseo Río San Miguel que son seis cuadros que cuentan con las siguientes claves catastrales: 360010206001 a la 006. Suman poco más de dos hectáreas.

De estas claves, hay dos predios que renta la mencionada empresa “Las corajudas del gordo”. Hay una o dos personas que según esto no han querido vender, pero su terreno –legal o ilegalmente–, están a nombre del Gobierno del Estado.
De estas seis claves catastrales la que cuenta con terminación 002, es la única que no ha pagado su predial y el adeudo es de un millón 268 mil pesos.
El otro terreno de seis mil 800 metros, se ubica en la esquina del Vildósola y Cultura, con clave catastral 360010200001. Todo bien.
Tengo entendido que, por el amor de dios, el grave problema de la búsqueda de estacionamientos y su pago leonino en esa área, va a desaparecer pues al momento en que se limite el pago en los espacios de gobierno, las otras empresas dedicadas a lo mismo deberán bajar sus precios.
Ahora bien, hasta donde tengo entendido, esta problemática tenderá a desaparecer una vez que se realicen algunos reacomodos de secretarías del Estado pues serán áreas completas de burócratas las que saldrán de allí.
Por ejemplo, en el caso de la Secretaría del Trabajo, cuya Junta de Conciliación y Arbitraje están en el Vado del Río y las áreas administrativas en otra parte, cerca de la Catedral, se deberán concentrar en un Palacio de Justicia Laboral, ya se anda buscando la compra de un edificio o reacondicionamiento de un área extensa.
Lo mismo se realizará en la Secretaría de Salud y en todas aquellas donde son insuficientes los espacios.
De hecho, la problemática de los estacionamientos es tal que cuesta dinero a gobierno. Si usted va a la Secretaría de Educación y Cultura verá que son insuficientes los cajones. Es una monserga buscar donde estacionarse. Pues todo indica que se van a reubicar algunas oficinas entre ellas las del titular que algo malo tiene pues los secretarios se enferman por algo, pues hasta el ex, Jorge Luis Ibarra, dicen que padece de cáncer (los tres anteriores murieron de eso) y la verdad es que no se merece un fin similar, Ernesto de Lucas. Toco madera.
Un sufrimiento similar por la falta de estacionamientos lo padecen quienes trabajan en la SEC pero que se encuentran en las húmedas, heladas o calientes –según el tiempo–, oficinas que están en el Cuartel Militar. Es una congoja diaria para los empleados. Fue cuartel, estimado lector, no acondicionado para oficinas. Sobra decir que no reúne ni los requisitos propios para discapacitados o salidas de emergencia. Dios nos libre de un incendio en dicho inmueble.
Y ya entrados en este tema, también vale la pena señalar la falta de estacionamientos en el edificio del Isssteson que si bien consiguieron un pequeño espacio a un lado del bar La Bohemia, también lo es que es un sufrimiento para los burócratas que arremolinan sus carros donde pueden.
Han surgido varias ideas para poder limitar al máximo esta problemática: creación de estacionamientos novedosos como el que desarrolló Víctor Arriola a un costado del Palacio de Justicia pero que los que ya se fueron le hicieron la vida imposible y se lo quisieron quitar mediante un pleito supuestamente legal que orilló a que se fuera a radicar a Guadalajara con todo y familia ante la posibilidad de que Javier Gándara y Guillermo Padrés repitieran en el gobierno.
O bien, aquella idea de que la Plaza de la Bandera o Alonso Vidal, se construyera un estacionamiento hacia abajo, proyecto que nunca prosperó. Hubo también la intención de cambiar los horarios de trabajo, hacerlos escalonados para que la atención a la ciudadanía fuera por áreas de servicio pero se quedó en intento.
Es pues, una problemática difícil que, todo indica, por fin se le buscará poner un orden y solución. Y si esos estacionamientos del Vado del Río son públicos y gratuitos como parece ser, será un alivio que le vamos a deber a Santa Claudia. Crucemos los dedos para que así sea. Yo ya le prendí una veladora. Es cosa de esperar.
En fin, por hoy es todo, mañana le seguimos si Dios quiere.
