El Zancudo
(No mata, pero hace roncha)
Arturo Soto Munguía

No hay manual para explicarle a un niño de la Costa, que su madre está sola y enferma porque el dinero que debería aplicarse en las instituciones, hoy va de un lado a otro, en fajos de billetes de a mil, de a 500, 200 y 100, debería estar en hospitales y escuelas.
En instituciones que resolvieran la pobreza extrema, en políticas públicas que paliaran el abandono, y no en peritos especializados en corrupción, lavado de dinero, tráfico de influencias, hieleras retacadas de billetes…
Una sombra de tristeza cruzó por el rostro de Claudia Pavlovich ayer, cuando al término del evento de entrega de apoyos para vivienda en el poblado Miguel Alemán, un niño de raídas ropas y los ojos llenos de lágrimas llegó hasta ella, buscando una ayuda para su madre enferma. Lágrimas de chocolate sobre sus cachetes de tierra.
El niño, de unos 10 años, olía a solventes. Dramáticos casos que se multiplican en la zona rural de Hermosillo, donde campea la pobreza y las adicciones están haciendo estragos en la población de todas las edades. La gobernadora toma el rostro del pequeño entre sus manos, besa su mejilla mojada de llanto y llama a su personal para que atendieran el caso.
“Cuando veo esto, es cuando digo que estamos haciendo lo correcto al pedir cuentas sobre todo ese dinero que anda por ahí, en hieleras y en otras partes que aún no sabemos, pero que se debió haber invertido en esta gente”, comentaría después.
Claudia Pavlovich llega a la Calle 12 de excelente ánimo. Tiene motivos para estar feliz, después de sacar adelante la aprobación del paquete económico 2016, al que se sumaron cuatro diputados del PAN, despresurizando un tema que de no pasar en el Congreso, podría poner al estado en el peligroso escenario de la reconducción presupuestal, que lo condenaría a operar con el presupuesto del año anterior, cancelando recursos para obra pública e inversión productiva.
Igual el tema de la contratación de créditos hasta por cinco mil millones de pesos que se destinarán a esos dos rubros fue aprobado en el Congreso, a contrapelo del ala dura del padrecismo, decidida a zancadillar la marcha del estado, si en ello le va la vigencia de su agenda como oposición dispuesta a sabotear al actual gobierno, negándole el acceso a ese crédito que aparece como única opción para resarcir los daños que, paradójicamente, esos mismos padrecistas provocaron al duplicar la deuda pública haciéndola crecer a más de 21 mil millones de pesos.
El desahogo de esos temas macroeconómicos era motivo de preocupación para la gobernadora, y finalmente se resolvieron favorablemente para su causa. Quizá por ello lucía contenta.
Hasta que llegó ese pequeño para aterrizarla en la realidad de pobreza extrema, de vidas con oportunidades canceladas, con dramas personales cuyos protagonistas no saben ni les importan las mayorías legislativas; los conflictos internos de las bancadas, el ejercicio de la política para ‘planchar’ acuerdos entre partidos.
A eso se referiría momentos después la gobernadora, durante una comida con la comitiva de la gira, cuando comentó sobre los recientes cateos en oficinas y residencias de personajes del pasado sexenio, donde han encontrando documentos que acrecientan la sorpresa sobre el atraco cometido.
“Claro que me preocupa, a veces me siento mal por lo que está ocurriendo. ¿Cuándo habías visto en Sonora un gobernador persiguiendo a otro? Esto no había pasado. Me siento mal por las esposas, por los hijos, sus familias; porque debe ser duro que te cateen la casa, ver los policías, todo eso… aunque me dicen que las casas afortunadamente no estaban habitadas y en algunos casos, la familia ya no vivía allí”, cuenta, en una conversación despojada de la institucionalidad habitual de su cargo.
La plática, en un modesto restaurante de la Calle 12 donde venden comida casera. Burritos de frijol, machaca con papas, carne con chile. Cocido, tacos dorados, tortas, molletes. Todo muy rico y económico.
La austeridad va más allá del discurso. Atrás quedaron esos días en que el gobernador y su comitiva remataban sus giras entre el terregal y las estampas de pobreza extrema, con grandes comilonas en lujosos restaurantes donde descorchaban botellas de caros vinos y banquetes pantagruélicos.
Ayer fueron unos burritos y a seguirle, porque más tarde hay que entregar el Premio Estatal de la Juventud y luego madrugar para Nogales al arranque del programa Bienvenido Paisano.
Allí, en esa fonda chiquita que parecía restaurante, la gobernadora no es la gobernadora, sino Claudia Pavlovich, la que le entra macizo a los burritos frente a la mirada de reproche de Gilberto Salazar, su secretario privado que siempre está pendiente de todo, hasta de las calorías contenidas en cada tortilla de harina.
Plática informal que, sin embargo, no deja de tocar los temas de la gobernanza desde el punto de vista de una mujer a la que no parece gustarle mucho el tema de la barandilla, ineludible en estos días cuando el Ministerio Público aparece como el espacio donde se dan cita los personeros de la política; cuando las páginas de Sociales enviaron a sus clientes habituales a la crueldad fría de la página roja.
Claudia se abre: “Mira, hay muchas presiones. Hay críticas porque estamos descubriendo cosas. Entiendo a las familias de quienes hoy son parte de esos temas, es difícil, pero cuando veo los rostros como el del niño de hace rato, siento que estamos haciendo lo correcto. No es posible que aparezca una hielera con millones de pesos –y quién sabe cuántas hieleras más andarán por ahí- cuando aquí la gente tiene tantos problemas”, dice.
“Aquí no se tolera a nadie ni se fabrican culpables”, había dicho momentos antes, cuando los reporteros le preguntaron sobre el caso de Luis Arístides López Moreno, el veterinario detenido en posesión de una hielera con 3.5 millones de pesos en efectivo y algunas porciones de droga. Empleado de Miguel y Guillermo Padrés Elías, López Moreno ha sido pieza clave en el descubrimiento de nuevos elementos para documentar la corrupción del pasado sexenio.
Ayer, el padre de Luis Arístides hizo publicar un desplegado solicitando la ayuda de la gobernadora para que su juicio se lleve con estricto apego a la ley. En el texto, el señor hace alusión a la droga que presuntamente le fue encontrada, pero nunca a la hielera con el dinero.
Es muy difícil, debe de serlo. Pero yo me pregunto cuántas cosas se habrían resuelto con el dinero de la hielera y con tanto dinero que anda por ahí, y que está arrojando pistas sobre lo que ocurrió, comenta la gobernadora.
Con ella, el alcalde de Hermosillo, Maloro Acosta, que trae su propia agenda. Tiene encima el tema del incremento a las tarifas de agua potable, y tiene también una respuesta a ese tema.
La mejor manera de demostrar a los hermosillenses que esta medida era necesaria, es probar que el servicio mejore. Es comenzar a dar resultados y que lo que se cobre es lo que se consume, en su costo justo.
Por allí también andaba Carlos Rodríguez Freaner, el ex director de Codeson, hoy responsable de la Dirección de Desarrollo Social del Ayuntamiento, que trae muy buenos proyectos para el área rural de Hermosillo, precisamente para atender a niños y jóvenes, encauzándolos, pero en serio, por el camino de la competencia deportiva.
El Bebo, como le conocen, tiene experiencia en este tema, y trae agenda al respecto. Trae, además, a un jefe muy exigente, que le va a pedir resultados en el corto plazo. Estaremos pendientes de cómo evoluciona esto.
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