¿Qué le falta a Claudia?

Archivo Confidencial
Armando Vázquez

Claudia Pavlovich TW

UNO DE LOS factores que emanan de cualquier persona que cuenta con un foco de atención de la intensidad que guste, es la empatía que sienten quienes le rodean, así como aquellos que lo ven a la distancia y quienes le cobijan sin conocerlo. Copian hasta su modo de hablar, sus frases, sus pensamientos, su estilo de liderazgo. Y vaya que hay ejemplos de ello sobre todo en la cuestión de los artistas famosos. Claro que en política también existen referencias.

¿Quién no recuerda la corriente popular de actitud que originó Pedro Infante?, muchos querían ser como él en su forma de ser, sobre todo.

Y como le dirían al hombre araña: “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”.  A lo mejor por eso se puso máscara para rebajar la presión que ello significa. Pero los políticos no pueden esconderse tras un disfraz, una fachada sí, pero no un antifaz.

Durante su campaña nuestra gobernadora lloró en dos ocasiones ante hechos similares. Una de ellas en Nogales ante la súplica de una madre por salvar la vida de su hijo. No se publicitó, tal vez lo genios mercadotécnicos no quisieron explotar ese hecho pues lo considerarían un acto de debilidad que atentaría contra la imagen de mujer fuerte, de hierro, capaz de mandar a la cárcel a los corruptos que reflejó Claudia.

Pero ya ganó. En estos meses de aceptación popular ha demostrado que está hecha para ser una excelente gestora. El presupuesto, las visitas de grandes personajes a Sonora, un gobierno que camina a tropezones pero que ahí la lleva. Y quienes le rodean, por supuesto, cuidando su trabajo, cumpliendo sus lineamientos del tres de tres, atentos a sus decisiones, caminar rectos, sin causar olas.

Pero la gente, allá, las miles de mujeres que votaron por ella y las que no, simplemente no la conocen.

Claudia cumple con su labor de gobernante, busca traer las mejoras posibles, es una chamba para la cual nació, pero no se ha dado cuenta que el día a día la irá convirtiendo poco a poco y de manera natural porque así es el poder, en un ser humano duro, impositivo, quien mostrará la fibra de la sensibilidad en el discurso que le escribirán para cubrir las apariencias en un momento dado, pero tarde que temprano se le agotará como ocurre con los periodistas que a diario vemos cosas negativas y nos acostumbramos a ellas convirtiéndonos en seres insensibles, indiferentes, siempre hurgando en el por qué de esos acontecimiento y nos olvidamos hasta del dolor humano.

Claudia va para allá por simple lógica. Siempre estará ocupada, no tendrá tiempo ni para ir al cine con sus hijas o ir a cenar, sin agenda de por medio, con su esposo. Es la gobernadora y cualquier muestra de sensibilidad es vista con ojos profanos como la vez que abrazó a un vagabundo  en una de sus giras por la sierra.

Ella vive en estos momentos, a lo mejor, insisto, sin darse cuenta, la radiación que emana, que siempre está allí con sus estereotipos, del poder propio del varón que no permite equivocaciones, vaya, ni enfermedades en los políticos y muchos menos un llanto, por más leve que sea. Los que dominan los medios informativos, el sector empresarial, ganadero, académico y hasta que ella llegó, el político.

Es parte del vivir de la mujer sonorense. Por eso hay tan pocas que logran sobresalir. Son destellos de corta duración.

Hoy por hoy, Claudia no solamente tiene ante sí el reto de lograr empujar al Estado hacia el bienestar que todos queremos, sino que también y debe saberlo, la gran y única oportunidad de sacar de su marasmo a las miles de mujeres sonorenses que desean tener un ejemplo a seguir a parte de la Virgen de Guadalupe, por supuesto.

Y ellas lo requieren. Pero para eso necesitan verla como mujer común, madre de familia, amiga y esposa. Que se asusta si alguna de sus hijas está en una fiesta y es muy tarde y le llama a cada rato para no estar con el Jesús en la boca. Es increíble que durante su campaña tuvo que explicar sus artes personales para cambiar su fisonomía ante lo cual las mujeres que yo escuché criticarla pero  para bien, la blindaban diciendo que no había mujeres feas, sino maridos ruinos. Y aunque ella no lo sepa, su decisión al respecto tocó a muchas damas que se atrevieron por fin a buscar su mejoramiento físico así fuera con apoyos médicos. Si se vale, fue el primer pensamiento que sembró.

Cuando llegue una mujer al poder, me decía mi esposa, todo va a cambiar porque mientras el hombre planea, la mujer actúa. Y tiene razón.

Por eso decía que tiene un doble deber, no solo como gobernadora, sino como ejemplo a seguir. De allí que es necesario que la vean en el súper de compras, en el cine haciendo fila, caminando en el parque, más humana, al alcance de  la visión normal. Es increíble pero el hecho de que use vestido obliga a las damas que le rodean a utilizarlo y si no se ha dado cuenta, ya vemos en la calle poco a poco a más mujeres utilizando vestido, en lugar de pantalones,  lo cual es agradable al ojo masculino por supuesto. Es un pequeño detalle, pero significativo.

Y así empieza la empatía. Por ello es importante lo que refleja. En los hogares destrozados por la violencia intrafamiliar la denuncia y carácter de la mujer se va imponiendo. Se conforma una cultura, un estilo de vida en el que la dama se valora y refuerza su condición de género por el hecho de que llegó una mujer al poder. La misoginia persiste, está escondida y lista para recuperar terreno si las sonorenses lo permiten.

Los estudios señalan que el cambio generacional se da cada veinte años. Hoy vivimos la etapa de los hombres y mujeres de inicios y mediados de los ochentas. Más informados, conectados entre sí, con menos telarañas mentales, con capacidad de discernimiento, atados y sensibles a los cambios mundiales después de la caída del muro en 1988 que trajo tantos cambios. Pero no dejan de requerir ejemplos a seguir. Es una constante.

Si quienes rodean a Claudia  le permiten comprender y justificar la doble misión que tiene en su vida, una es gobernar, la otra ser ejemplo, dentro de seis años tendremos una gruesa capa de mujeres listas para incursionar de manera natural y no a codazos como lo han hecho hasta ahora, en los diferentes derroteros en los cuales el hombre ha impuesto su ley gracias a la tradición y costumbre que nos ha caracterizado y formado en todos los órdenes.

Y sí, todo está en ella.

EN FIN, por hoy es todo, mañana le seguimos si Dios quiere.

- Anunciante -
- Anunciante -

Últimas noticias