El Zancudo
(No mata, pero hace roncha)
Arturo Soto Munguía

No les cayó muy bien a los panistas asistentes al mensaje de la gobernadora Claudia Pavlovich, que ésta les diera una de las que solía guisar Guillermo Padrés, cuando invitaba a los informes de gobierno a sus antecesores y aprovechaba para echarles en cara que entre todos juntos no habían hecho ni la mitad de lo que su histórico e inédito gobierno hizo.
Con el tiempo, la percepción generalizada es que en el único rubro en el que Padrés superó a todos sus antecesores a la vez, fue en el del atraco en despoblado.
La gobernadora adelantó la creación de una fiscalía especial para investigar delitos de corrupción y advirtió que no habría impunidad para quienes los hayan cometido; advirtió “si alguien piensa que podrá disfrutar lo que indebidamente se llevó, que lo piense dos veces. Nadie, absolutamente nadie se va a salir con la suya”, dijo, anticipando lo que vendrá en los próximos meses y provocando que más de cuatro se incomodaran en sus asientos.
Y es que el discurso fue durísimo al calificar como “desastrosa” la realidad del gobierno que recibió de manos de Padrés Elías: una economía en ruinas que, dijo, no le preocupa tanto como la ruina moral que se manifiesta en una corrupción terrible, como nunca antes se había visto en Sonora y que estuvo presente en todos los niveles, asentó.
Hizo un puntual recuento de daños en los sectores económicos, en el transporte, en las confrontaciones sociales alentadas desde el gobierno; en los sectores educativo y de salud, prácticamente desmantelados y a “los escándalos de corrupción, de enriquecimiento ilícito, desvergonzado y cínico”, como los llamó.
Ya encarrerada, recordó el caso de la red de traficantes de niños que operaba desde instituciones del gobierno estatal y que recientemente cimbró a la opinión pública nacional e internacional. “Un crimen sin nombre”, le llamó y se comprometió a encontrar y llevar a los culpables a juicio.
En la sección VIP, frente a escenario y en el centro de la duela del CUM, los panistas locales nomás intercambiaban miradas y algún que otro codazo en las costillas. Qué pena con los correligionarios invitados de otras partes del país, habrían pensado.
Y es que por allí andaba El Jefe Diego Fernández de Cevallos que casi siempre permaneció junto a Javier Gándara Magaña. Los gobernadores panistas electos de Querétaro y Baja California Sur, Jaime Heliodoro Rodríguez Calderón y Jaime Mendoza Davis, respectivamente, y el aún en funciones, de Nuevo León, Rodrigo Medina.
Al evento en el CUM asistieron el dirigente estatal del PAN, Juan Bautista Valencia Durazo; el coordinador de la próxima bancada en el Congreso local, Moisés Gómez Reyna y los diputados locales electos Javier Dagnino, Luis Serrato, Carolina Lara; los federales Javier Neblina, Teresa Lizárraga y Agustín Rodríguez, entre otros.
El auditorio no era, ni de lejos, irrelevante: gobernadores en funciones del Estado de México, Chihuahua, Tamaulipas y Coahuila, así como los norteamericanos Doug Ducey (Arizona) y Susana Martínez (Nuevo México), estados con los que Sonora mantiene una intensa relación comercial, de negocios y turismo.
Y por si fuera poco, unas 20 mil palmas que hacían resonar aplausos cada vez que la gobernadora de Sonora aludía a sus planes de llamar a cuentas a los responsables del desastre.
Los panistas seguramente se sintieron en una emboscada, en el centro de un escenario en el que eran desnudados y exhibidos como parte del gobierno que recién terminó y al que estaban llevando al patíbulo frente a un público que celebraba ruidosamente cada paso.
Uno de ellos, Javier Dagnino -primo de Iveth Dagnino de Padrés, la exprimera dama que también está siendo investigada, como presidenta del sistema DIF, por el tráfico de infantes- de plano no aguantó y se levantó de su asiento buscando la salida cuando arreció la metralla.
Horas después, hacían circular un boletín de prensa en el que calificaron el mensaje como “populista y de golpeteo, con pretensiones mediáticas y contrario a la unidad que pregona la gobernadora”, pero la severa vapuleada no se la quitan ni con otros diez boletines.
El mensaje de la gobernadora, y no el boletín, se lo llevaron también 10 diputados federales, 31 senadores, cuatro ex gobernadores de Sonora y una veintena de funcionarios federales, incluyendo a la representante del presidente Enrique Peña Nieto, la ex perredista Rosario Robles, hoy titular de Sedatu, sin contar líderes sindicales, empresariales y autoridades eclesiásticas.
Duro discurso, sí, pero no desprovisto de razones, ni alejado del sentimiento de una población que reprobó en todos sus órdenes al gobierno estatal recién concluido, de acuerdo con datos del más reciente estudio realizado por el Centro Universitario de Estudios de Opinión, en el que la población calificó a Guillermo Padrés con 4.1.
Duro discurso, sí, pero nutrido de lo que piensa la mayoría de los sonorenses que así lo hicieron saber en las urnas el pasado siete de junio, y así lo hacen saber en las destartaladas instalaciones del sector salud y el sector educativo; en el pésimo transporte público, en las oficinas de una burocracia estatal que ya comenzó a documentar los escandalosos malos manejos administrativos y el trato prepotente de los ex jefes.
Duro discurso, sí, pero con suficientes asideros en una realidad que fueron construyendo durante seis años los personeros de esa alternancia tan fallida, que sólo duró ese lapso.
La noche anterior, miles de sonorenses se dieron cita en las afueras del Congreso del Estado, sin importar que fuera la media noche, para estar presentes durante la toma de protesta de Claudia Pavlovich, pero también, para ver de cerca al gobernador que ya se iba. Para reclamarle airadamente sus agravios, como de hecho lo hicieron, aunque fuera a la distancia, porque Guillermo Padrés no dio la cara.
Entró y salió bien custodiado, por la puerta trasera del edificio mientras la gente lo despedía con rechiflas, trompetillas y con insultos de naturaleza variopinta.
La noche del 12 de septiembre de 2015 era el preludio de lo que vendría horas después, en el Centro de Usos Múltiples, donde se plantó la gobernadora para “decir las cosas como son (porque) los sonorenses no nos andamos con medias tintas; nos decimos las cosas de frente, dando la cara y viéndonos a los ojos”.
Y con esas palabras abría la compuerta de los señalamientos, las críticas y las consideraciones sobre el estado en que recibió la administración del estado “aunque aún no sabemos a ciencia cierta lo que vamos a recibir”, dijo, como previendo que lo sabido hasta hoy en materia de desvío de recursos y otros actos de corrupción puede ser sólo la punta de una madeja de proporciones incalculables.
Claudia Pavlovich enseñó la mano firme, y lo hizo no sólo con quienes le antecedieron en el gobierno, sino frente a su equipo de colaboradores a quienes llamó a pregonar con el ejemplo y la congruencia, instruyéndolos a que así como ella lo hizo, todos presentes sus declaraciones patrimoniales, de conflicto de intereses y fiscales.
“Nada ni nadie quedará en la impunidad. Ni los de ayer ni quienes en mi gobierno sean sorprendidos en conductas ilícitas”, advirtió.
Y perfilo una agenda general según la cual “los primeros días vamos a hacer lo urgente; el primer año haremos lo necesario y, a partir de entonces, haremos de Sonora un Estado de Vanguardia”, prometiendo un gobierno austero, ordenado y administrado con mano firme.
Al hablar de la reforma para el nuevo sistema de justicia penal, tema en el que Sonora está en último lugar, ofreció ponerlo al día para que arranque sin contratiempos en junio del año entrante, comprometiendo al nuevo presidente del Supremo Tribunal de Justicia del Estado, Francisco Gutiérrez Rodríguez, a hacer lo propio para lograrlo.
Y para probar que el compromiso va en serio, Claudia Pavlovich parafraseó el juramento yaqui, rematando con las palabras que se dicen a los jefes de la tribu al recibir su encargo: “Todo habrá concluido para mí, excepto una cosa: el cumplimiento del deber en el puesto que me ha sido asignado. Aquí estaré los seis años en defensa de mi Estado, de mi gente; en defensa de sus creencias y de sus costumbres. Juro que así habré de cumplir con este mandato”, dijo y volvió a poner de pie a la concurrencia, que se deshizo en aplausos.
El bono democrático está en marcha. Del cumplimiento de las palabras depende su vigencia a través de los próximos seis años. Aquí se comienza a escribir otra historia.
También nos puedes seguir en Twitter @Chaposoto
