El Zancudo
(No mata, pero hace roncha)
Arturo Soto Munguía

A casi un año del derrame tóxico en los ríos Bacanuchi y Sonora, ha habido de todo, especialmente después que se conoció la creación de un Fideicomiso que inicialmente aportaría dos mil millones de pesos, lo que definitivamente despertó las ambiciones de más de cuatro que vieron en el río revuelto, ganancias para ellos.
El lector recordará que recién decretada la contingencia, el empresario Roberto Moreno (Monro Construcciones), hombre cercano al entonces secretario de Gobierno Roberto Romero López que, operando sus propias pipas y subcontratando leoninamente a piperos particulares, con lo que pretendían embolsarse unos 13 millones de pesos en unas cuantas semanas. Pequeño mordisco al gran pastel del fideicomiso, pensarían.
Esas fueron las orejas del lobo, que asomaban muy temprano. Luego siguió una larga lista de acciones que incluían la manipulación de los pobladores más pobres de los siete pueblos afectados y rancherías cercanas para exigir la entrega inmediata de más recursos, algo que se dificultó porque casi todos ellos carecían de elementos para acreditar la afectación de sus actividades, ya que se trataba de microempresarios en la informalidad.
El gobierno federal se vio obligado a acelerar los trabajos e integración del padrón de afectados y el análisis casuístico, para determinar los montos a asignarse y los tiempos de tales asignaciones. El tema se complicó por los tiempos electorales ya que los alcaldes (seis de los siete eran panistas), alentados desde el gobierno del estado incluyeron o excluyeron beneficiarios bajo criterios clientelares.
El fideicomiso, alimentado por recursos del Grupo México (que tampoco lo hizo como buen samaritano, sino bajo una fuerte presión nacional e internacional), es administrado por el gobierno federal y entre otras cosas destinaría los millonarios recursos para trabajos de remediación de suelos y aguas; indemnización de afectados, nuevas fuentes de abasto de agua; programas de empleo temporal, dotación e instalación de tinacos, análisis clínicos y bioquímicos, monitoreos, programas de salud que incluían una clínica especializada y, entre otras cosas, instalación de plantas tratadoras de agua en todos los municipios.
Los recursos han estado fluyendo, no en los tiempos y los montos acordados en algunos casos, pero también desde el gobierno del estado y los gobiernos municipales se ha mantenido una línea de confrontación (inaugurada por el gobernador Guillermo Padrés cuando solicitó el ‘destierro’ de los delegados federales); de maniobras y triquiñuelas administrativas y de azuzamiento de los pobladores.
Ayer mismo, durante una rueda de prensa en la que funcionarios federales explicarían los avances del fideicomiso que a la fecha ha aplicado mil 140 millones de pesos, se hicieron presentes un grupo de pobladores del Río Sonora y presuntos ambientalistas para reclamar la falta de cumplimiento de los pagos, y de otros acuerdos para la remediación de la zona y la atención a personas supuestamente afectadas por la contaminación.
Entre ellas, una mujer que se identificó como académica universitaria y que portaba la imagen de un niño lleno de ámpulas, de quien dijo es también habitante del Río Sonora y sufre los estragos de la contaminación por el derrame.
Las redes sociales actuaron rápido y en unas cuantas horas se supo que la imagen fue tomada de un portal electrónico http://www.empresayeconomia.es/desarrollo-sostenible/contaminacion-malformacion-y-problemas-de-salud-por-el-uso-de-agroquimicos.html y alude a un caso presentado en España. La mentira quedó al descubierto rápidamente, pero en el momento tuvo un impacto considerable en el ánimo de los allí presentes.
Total que la legitimidad de los reclamos de los habitantes del Río Sonora, muchos de los cuales tienen razón en sus exigencias, se ve mermada con este tipo de maniobras que evidencian la manipulación de la que son capaces, sin reparar en que sólo desacreditan la protesta y le restan seriedad y validez a sus acciones.
De acuerdo con los monitoreos de la autoridad federal, los niveles de contaminación por metales pesados en las aguas del río Sonora y de la presa El Molinito se encuentran dentro de los estándares internacionales para casos de consumo humanos, pero si se logra generar incertidumbre y pánico sobre la contaminación en esa presa, de donde se extraería agua para el consumo en Hermosillo, se estaría validando la operación del Acueducto Independencia, cuyo destino sigue siendo incierto, ya no sólo por las ilegalidades con las que fue construido, sino ahora hasta por las fallas técnicas.
Todo esto se inscribe en una lógica perversa cuando se ha detectado que, en un contexto más amplio, el gobierno de Guillermo Padrés busca dejar el terreno lleno de bombas a la siguiente administración, en una más de las perversidades políticas con las que intentan quizá tener armas para negociar impunidades.
El caso del Río Sonora es apenas uno de ellos. El gran desfalco financiero en el fondo de pensiones y jubilaciones del Isssteson, así como la quiebra de prácticamente todas las dependencias perfilan un escenario de insolvencia para el nuevo gobierno.
Ayer mismo se evidenció otro caso: el de los productores de Huásabas y Granados que ‘vendieron’ sus derechos de agua y a los que oficialmente ya les pintaron un violín. El propio René Luna Sugich, titular de la Comisión Estatal del Agua anunció ayer que el actual gobierno sólo les pagará 12 de los 68 millones de pesos que se les adeudan.
En el mismo caso están cientos de proveedores a quienes el gobierno de Padrés les debe casi dos mil millones de pesos con los que evidentemente no cuenta para pagarles.
Junto al conflicto del transporte urbano, donde también hay cientos de millones de pesos ‘extraviados’ y un desastre en la operación del servicio, todos estos configuran un panorama desolador para la próxima administración, cuyos primeros cien días se ven más que escabrosos.
Así, mientras el equipo de Claudia Pavlovich se ocupa en articular miles de preguntas que no serán contestadas, como ya adelantó la contralora María Guadalupe Ruiz (sólo las que podamos, dijo); el equipo de Padrés tiene tiempo suficiente para idear de qué manera terminan de quebrar el estado en los días que les quedan, para luego poner pies en polvorosa y dejarle al nuevo gobierno una zona de desastre que además, es un campo minado, sobre el que deberá caminar con mucho tiento, si no quiere volar en pedazos.
¿O alguien, a estas alturas, cree que el padrecismo va a desalojar la casa sin dejarla llena de trampas? Yo no.
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