El Zancudo
(No mata, pero hace roncha)
Arturo Soto Munguía

Será el secretario de Gobierno, Prisciliano Meléndrez el encargado de entregar al Congreso del Estado el sexto y último informe de gobierno.
Despejada esa duda, persiste otra: ¿Dónde está Guillermo Padrés y por qué no será él quien cumpla el ordenamiento legal respectivo?
Ya ni siquiera sus escribanos a sueldo sacan la cara por él. También lo han dejado solo. El gobernador no tiene quién le escriba.
No se sabe de alguna gira por el país o al extranjero que le impida cumplir el protocolo de ley. A menos que de último momento, haya recibido un comunicado urgente de El Vaticano pidiéndole que por favor vaya a recoger la virgen de palofierro que le regaló al Papa Francisco, porque resultó que no era palofierro, sino cócona. (Chiste local sólo para conocedores de las especies forestales).
No se sabe tampoco que vaya a presidir alguna reunión de gabinete, de recepción de diplomáticos o inversionistas extranjeros que vengan a anunciar la histórica e inédita instalación de empresas o el desarrollo de programas en el estado.
Tampoco se ha informado si el gobernador estará inaugurando obras de infraestructura en alguna apartada región de Sonora, o dando el banderazo a la construcción de carreteras, hospitales, escuelas, o algún Cereso, por aquello de ‘no te entumas’. O entregando patrullas y equipamiento para los cuerpos policiacos.
No hay campañas electorales en otros estados, así que tampoco andará por allá, animando los mítines con su encendido verbo.
Tampoco se sabe de algún desastre natural en cualquier parte del planeta, a donde se haya inscrito como voluntario para labores de rescate o cosa parecida.
La falta de información sobre el paradero del gobernador lo único que hace es alimentar las especulaciones y la maledicencia popular, donde cada vez se generaliza más la idea de que Guillermo Padrés ya aventó el arpa y, una vez agotado el inventario de quesos, lo único que querría es salir de la literal ratonera.
No hay una versión oficial respecto a la ausencia del gobernador en la entrega de su último informe, si bien existen muchas explicaciones que la ciudadanía da a este hecho. Y todas tienen que ver con el tremendo desprestigio con el que llega al final de su sexenio, y las posibilidades de que su presencia en un acto público sólo desate la ira popular y lo haga víctima de rechiflas y mentadas, algo a lo que desde luego, no parece dispuesto.
Triste, muy triste final para un hombre cuya estatura moral no le alcanzó, ni de lejos, para estar a la altura de lo que significaba la alternancia después de 80 años de gobiernos priistas que agotaron la paciencia ciudadana y depositaron en él la confianza para probar que se podían hacer mejor las cosas.
La ley es muy precisa en cuanto al día fijado para entregar los informes de gobierno, pero no establece que sea el gobernador quien lo haga, de manera que puede enviar un mandadero a que cumpla con ese republicano acto, hasta hace muy poco codiciado como una gran oportunidad de ‘placearse’ entre el pueblo, darle vuelo a la parafernalia de culto a la personalidad y mostrar a la ciudad y al mundo el goce reservado para muy pocos, de la legitimidad en las urnas.
Una legitimidad que se desgastó terriblemente en el ejercicio de sólo seis años de gobierno, para escribir una historia que no tendrá un final feliz.
Me pregunto qué estará haciendo el gobernador a la hora en que Prisciliano Meléndrez acuda al Congreso, y no puedo más que acordarme del final, lapidario, de la novela de Gabriel García Márquez “El coronel no tiene quién le escriba”.
Lo reproduzco aquí de nueva cuenta porque quizás a las 11:30 de la mañana de este miércoles 26 de agosto, con sus variantes, se esté viviendo una escena similar, en algún lugar de Hermosillo:
-Qué se puede hacer si no se puede vender nada -repitió la mujer.
-Entonces ya será veinte de enero -dijo el coronel, perfectamente consciente-. El veinte por ciento lo pagan esa misma tarde.
-Si el gallo gana -dijo la mujer-. Pero si pierde. No se te ha ocurrido que el gallo puede perder.
-Es un gallo que no puede perder.
-Pero supónte que pierda.
-Todavía faltan cuarenta y cinco días para empezar a pensar en eso -dijo el coronel.
La mujer se desesperó.
-Y mientras tanto qué comemos -preguntó, y agarró al coronel por el cuello de la franela. Lo sacudió con energía-. Dime, qué comemos.
El coronel necesitó setenta y cinco años -los setenta y cinco años de su vida, minuto a minuto- para llegar a ese instante. Se sintió puro, explícito, invencible, en el momento de responder:
-Mierda.
II
Se puso feo el asunto en la región Guaymas-Empalme después de que se registrara una falla en el acueducto Río Yaqui y, como las desgracias nunca vienen solas, coincidió con el corte de energía eléctrica a los pozos Boca Abierta y San José, operados por la Comisión Estatal del Agua.
Se dijo que había sido una “falla eléctrica”, pero trascendió que en realidad fue la falta de pago a la Comisión Federal de Electricidad lo que provocó que la paraestatal cortara el suministro eléctrico. Esta versión es la que cobra mayor credibilidad, sobre todo considerando que esa dependencia estatal (CEA) tiene un negrísimo historial como usuario moroso.
Y también como malapagas. Si no, que les pregunten a los productores de Huásabas y Granados, a quienes engañaron con la compra de sus derechos de agua para validar las extracciones a la presa El Novillo, les dieron un anticipo y después desconocieron los compromisos, dejando el problema para que lo resuelva la próxima administración.
En el ocaso del sexenio (faltan menos de 20 días para que se vayan), son muchas las dependencias estatales que acusan los estragos del saqueo (en el Hospital Infantil de Hermosillo, por ejemplo, hace mucho que no hay ni papelería básica y en el Registro Público de la Propiedad no hay ni tóner ni hojas blancas para la atención a los ciudadanos.
Ni qué decir del ya muy conocido desabasto de medicinas en farmacias, clínicas y hospitales públicos. El saqueo ha sido despiadado.
El punto es que el alcalde de Guaymas, Otto Claussen Iberry solicitó ayer la ayuda de la Comisión Nacional del Agua así como de las instancias estatales, para que colaboraran con pipas para abastecer la ciudad, porque la situación se tornó crítica.
Los responsables directos del problema, sin embargo, se encuentran en la Comisión Estatal del Agua, donde la insolvencia también es notable y se ha dado el caso de que hasta en las oficinas centrales del Fondo de Operaciones de Obras Sonora Sí, que depende de ella, los dejen sin energía eléctrica por falta de pago.
Hasta donde se sabe, ayer se restableció el servicio de uno de los pozos y se continuaba trabajando en la reparación del acueducto, con lo que se pudo contar con un abasto del 30 por ciento en Guaymas. Veremos si este día se normaliza la cuestión. Y eso de ‘normalizar’ es un decir, porque en el puerto, la ‘normalidad’ son los tandeos y el desabasto, a pesar de la promesa hecha por el gobernador, de que Guaymas contaría este año con abasto suficiente y de calidad, las 24 horas del día.
Desde luego, esa fue una promesa más de Guillermo Padrés, que no se caracteriza precisamente por ser muy cumplidor.
También puedes seguirnos en Twitter @Chaposoto
