El Zancudo
(No mata, pero hace roncha)
Arturo Soto Munguía

No hay, como se observó en la reunión que el pasado viernes tuvieron los equipos de entrega recepción de los gobiernos saliente y entrante, mucha voluntad por parte de los primeros, para ofrecer una visión realista del estado que guarda la administración pública estatal.
Las exposiciones de los funcionarios del padrecismo sobrevolaron los etéreos paisajes del universo paralelo en el que se instalaron durante estos seis años, habitando un mundo maravilloso mientras la corrupción galopaba desbocada por todos lados, depredando el presupuesto y produciendo una comalada de nuevos ricos que ya hubiera querido el PRI para sus mejores tiempos.
Entre el ‘vamos bien, vamos muy bien’ que nomás no cuadraba con el derrumbe de la infraestructura carretera, hospitalaria, educativa y de seguridad pública, y el ‘somos el número uno’ que contrastaba con el desplome de todos los indicadores en las principales políticas públicas, Sonora es una zona de desastre.
El equipo de Claudia Pavlovich ya perfiló una respuesta que será muy puntual por lo que se pudo apreciar en ese segundo encuentro, aunque la sociedad civil no quiere quedarse al margen de este proceso y, para participar en la documentación de una realidad que no puede ser maquillada con cuentas alegres ni escondida con evasivas pueriles, ayer apareció el Hashtag #AsiEntreganSonora
Se trata de un esfuerzo para documentar en redes sociales el verdadero estado en que la moribunda administración dejó a Sonora.
La idea es aprovechar la excelente oportunidad que brindan las redes sociales como vehículo de interacción, documentación y denuncia ciudadana. En estos días, cuando todos traemos en la mano un celular con el cual tomar fotografías o videos; cuando hay por todos lados verdaderos genios en el manejo de la elaboración de gráficos y la edición digital en dispositivos móviles, la posibilidad de elaborar un compendio documental completísimo, es un hecho.
Y si somos miles quienes, en el transcurso de nuestras cotidianeidades vamos por ahí como testigos presenciales del desastre, y además tenemos acceso a las redes sociales, sería un desperdicio no ser parte de esta iniciativa ciudadana para probar, en una primera instancia, que no nos engañan con sus mentiras y cuentas alegres. Es, finalmente, una forma de ejercer ciudadanía; de reivindicar la participación ciudadana desde cualquier trinchera.
Ayer mismo comenzaron a utilizar #AsiEntreganSonora para subir a la red fotografías, sobre todo de carreteras que parecen una bombardeada Franja de Gaza.
Pero hay más. Los usuarios del transporte urbano, por ejemplo, pueden hacer una verdadera radiografía del sufrimiento al que los han sometido: paradas atiborradas a pleno sol; falta de unidades y el mal estado de las que circulan. La crónica de un viaje en ruletero por las calles de Hermosillo sería una elegía al deporte de alto riesgo en versión sardinas. Y eso incluye el olor, supongo.
Los derechohabientes de hospitales y clínicas públicas tienen en sus manos la oportunidad de regresarle al doctor Bernardo Campillo el sarcasmo expresado en la reunión del viernes, cuando se ofreció a seguir trabajando en el gobierno del estado, en el área de salud.
Cualquiera que tenga la necesidad de asistir a una de esas instituciones de salud que también parecen sacadas de una película de guerra y miseria, pueden suscribir la solicitud de que Campillo, el principal responsable del desastre, permanezca en el sector Salud, concretamente en el Hospital Siquiátrico La Cruz del Norte, pero como interno. Eso, desde luego, en caso de que sea transferido desde algún Cereso.
Los padres de familia y estudiantes que precisamente hoy lunes regresan a las escuelas, tienen material a pasto para documentar el verdadero rostro de la Transformación Educativa, ese programa que volvió millonarios a algunos privilegiados funcionarios del padrecismo que facturaron tejabanes, sanitarios y bebederos como si fueran infraestructura hotelera en Dubai.
Ni qué decir de la pavimentación en las principales ciudades del estado, pero tampoco se salvan los programas de atención a pueblos indígenas, a los municipios pequeños y las áreas rurales.
Por donde quiera hay material para decirle al gobierno que no nos engaña. Que el atraco fue mayúsculo y no debe quedar impune.
La convocatoria es amplia. Incluye desde los estudiantes que revisitarán sus escuelas y se encontrarán con el panorama de la mentira oficial, hasta los “odiadores profesionales” como los llamó la exdirectora del Isssteson Teresa Lizárraga, flamante diputada federal por obra y gracia del dedazo que la puso en privilegiado lugar de la lista de plurinominales, cuando aludió a quienes critican al gobierno de su jefe Guillermo Padrés.
Esos que manejan Twitter y Facebook con maestría y desparpajo; con creatividad y muchas ganas de darle utilidad a las redes sociales en su papel de constructoras de ciudadanía. Esos que andan estrenando Periscope, por ejemplo, y que tienen en la realidad circundante un inmejorable motivo para compartir sus experiencias en la convivencia con el servicio público.
Por material no quedamos. La realidad está en la calle. En la oficina, en la escuela, en el trabajo; en las calles y carreteras. En todas partes por donde uno ande, el sello del peor gobierno que haya existido en Sonora está presente.
Es la hora de documentarlo. Si el nuevo gobierno necesita pruebas, hay que aportárselas. Si el nuevo gobierno no hace justicia, hay que recordarle que muy pronto se estará viendo en este mismo espejo de una sociedad que ya no está muda. De ciudadanos que estamos construyendo, precisamente, ciudadanía.
Por cierto, apenas ayer comenzamos con este HT, y ya se inscribió como Trending Topic localmente. De nosotros depende posicionarlo en el ámbito nacional y alimentarlo con la participación de todos.
Hay que recordar una cosa, para aquellos que piensan que no sirve de nada la presencia en redes sociales: se genera percepción y la percepción sirve para validar ante la opinión pública, decisiones de estado. Meter al bote a unos cuantos, por ejemplo.
Si la opinión pública tiene la percepción de que un gobernante es corrupto, validará, y hasta aplaudirá el día que lo apañen y lo castiguen.
La percepción, claro, no se puede generar si no tiene un asidero en la realidad (esta fue la gran falla del nuevo sonora). Pero en este caso, la realidad está del lado de todos aquellos que, cotidianamente, nos encontramos con el desastre del padrecismo.
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