El Zancudo
(No mata, pero hace roncha)
Arturo Soto Munguía

Si gana Javier Gándara, les van a dar una patada en las nalgas. Y si pierde, con más razón.
Así me respondió un alto dirigente del PAN en Sonora, cuando en una tertulia con representantes de medios de comunicación, varios colegas le cuestionaron sobre el proceder de ciertos funcionarios estatales que con sus evidentes actos de corrupción, pero sobre todo con actitudes de exclusión y de franca confrontación hacia cualquiera que no se plegara a sus desplantes y exigencias de incondicionalidad.
Pongámosle nombres: le preguntamos en aquellos días previos a la elección del siete de junio por oscuros personajes como Jorge Morales Borbón, secretario de Comunicación Social, que en aquellos aciagos días de 2009 andaba arrastrando la cobija, sin trabajo y viviendo de una mesada que puntualmente le hacía el favor de depositarle nada más y nada menos que el entonces senador Alfonso Elías Serrano.
Por el subsecretario de Comunicación Social, Luis Enrique Montejano, un reportero que jamás pasó de la media tabla y al que los priistas Guillermo Silva Montoya y Bulmaro Pacheco abrieron las puertas de un empleo en el área de prensa de la delegación del IMSS. Después Montejano se les echó encima como perro rabioso, aunque hoy presume, ante quien quiere oírlo, que tras la debacle del padrecismo, fue suficientemente inteligente para “afortunadamente nunca afiliarse al PAN”.
Por el responsable de la imagen institucional del gobierno del estado, Javier Alcaraz Ortega, a quien sus ex amigos con quienes solía reunirse en una mesa de Samborn’s recuerdan como un publicista tan venido a menos, que casi siempre llegaba a esos encuentros pidiendo que le ‘dispararan’ el café. Hace un par de años, Alcaraz fue declarado persona ‘non grata’ en esa mesa, después de haber intentado agredir, en uno de sus arranques de ira, a un periodista que osó cuestionar el desaseo de la administración de Guillermo Padrés.
Por Roberto Romero, el ex secretario de Gobierno que unos días antes de la elección de 2009 instaba a sus cercanos a ‘agarrar lo que se pudiera, porque la elección ya la perdimos’, aunque tras la sorpresa del triunfo de Padrés, pasó de ser un triste pelagatos a un próspero empresario que presumía (está documentado en medios) que ahora sí lo invitaban a todas las bodas de los ricos de Hermosillo.
Entre otros, los colegas preguntamos por gatos más piojosos, como Vicente Sagrestano y algunos más que terminaron el sexenio con pieles de angora, y que desde sus posiciones en el gobierno contribuyeron metódica y eficazmente para posicionar en la conciencia colectiva la imagen del gobierno más corrupto, incapaz y desvergonzado del que se tenga memoria.
La respuesta del alto dirigente panista fue esa: si gana Javier (Gándara) les va a dar una patada en las nalgas. Y si pierde, con más razón.
Después de la elección, y a la luz de los resultados electorales, pero sobre todo en la perspectiva de la llamada “regeneración del PAN” que viene levantando como bandera Ricardo Anaya en la búsqueda de la dirigencia nacional de ese partido, convendría saber si los panistas sonorenses están dispuestos a seguir dejándose acaballar por esos, y otros personajes en los que, no cabe duda, recae una gran parte de la responsabilidad por la escandalosa derrota.
Sin perder de vista, desde luego, que el jefe de jefes del PAN en Sonora sigue siendo Guillermo Padrés Elías, y que todos los aquí mencionados, más otros que por razones de espacio dejamos de lado, sólo hicieron lo que su jefe les permitió hacer, bajo la confesa debilidad del mandatario por sus amigos.
Mientras Javier Gándara anduvo recorriendo el estado como pre-precandidato cobijado por la Fundación Ganfer, sin traer encima, a pesar de la obviedad, el estigma del padrecismo, su posición en las encuestas era privilegiada. Con el único que podía perder era con su primo Ernesto Gándara. Por eso, al quedar éste fuera de la contienda como candidato del PRI, en Palacio de Gobierno hubo fiesta.
A Claudia Pavlovich la iban a hacer trizas, especialmente porque los ‘operadores políticos’ antes citados, con ayuda de los Dagnino y otros ‘estrategas’, le tenían reservados varios ‘golpes demoledores’ con los que la iban a pulverizar.
Esos ‘estrategas’ confiaban en que el uso de los aparatos de inteligencia del Estado para intervenir llamadas telefónicas acabaría con la candidata del PRI. Lo que sucedió fue un efecto inverso: nadie, ni en los sectores de clase media y baja, mucho menos en el mundo del capital, puede confiar en un gobierno que los está espiando, invadiendo sus privacidades y con la prepotencia suficiente para utilizar esas prácticas delincuenciales en aras de perpetuarse en el gobierno.
El mensaje que mandaron fue claro: si quieren seis años más de un gobierno corrupto, abusivo y delincuencial, voten por el PAN. Y el resultado está a la vista.
No extraña, de los ‘estrategas’ de Padrés, y del propio Padrés, que se hayan creído esa locura, a pesar que en 2012, en la elección intermedia, los electores ya les habían mandado un mensaje al hacerlos perder municipios y distritos muy importantes.
Extraña, sí, que Javier Gándara se haya creído esos sueños de opio y que jamás, ni por equivocación, haya asumido una posición más o menos crítica del asunto. 70 mil votos le cayeron por encima de los que pudo sacar incluso con toda la maquinaria del Estado. Desde 1991, cuando Manlio Fabio Beltrones le ganó al doctor Moisés Canale, no se había visto una diferencia tan aplastante.
El punto, ahora, es ver qué va a hacer el PAN con esos ‘estrategas’ que lo hicieron escribir el lastimoso capítulo en la historia de un partido que hasta antes de Padrés, había sido emblema de la lucha cívica, de la resistencia y el cuestionamiento permanente a la corrupción, a la impunidad y al mal gobierno, pero que en sólo seis años probó que los priistas eran unos niños de pecho, comparado con las bestias que llegaron a depredar el presupuesto.
Dudo mucho que, como dijo el alto dirigente del PAN en aquel momento, les vayan a dar una patada en las nalgas. La suma de complicidades no da para tanto, y los panistas ya probaron que en materia de sumisión, también le copiaron a los priistas.
Y mientras Guillermo Padrés y sus amigos aquí citados sigan teniendo el poder, todos, incluso el alto dirigente del PAN que advirtió de las patadas en las nalgas para los priistas infiltrados que hicieron de la oportunidad de probar que podrían ser un buen gobierno, un fracaso, se mantendrán callados.
Una buena noticia sería que Ricardo Anaya, en la búsqueda de la dirigencia nacional del PAN emitiera un posicionamiento que vaya más allá de los slogans contra la corrupción en su partido, y se deslindara del padrecismo.
Pero eso se ve lejano, sobre todo porque Anaya fue uno de los más fervientes activistas de los candidatos de Padrés en Sonora, y porque algunos de los panistas sonorenses que hoy militan en su causa, son precisamente los causantes de la debacle en Sonora.
Claro, también hay otros que están dolidos por la derrota y que pudieran ejercer un intento de tomar distancia de Padrés, pero francamente eso se antoja difícil.
En los próximos días se verá cómo evoluciona esto.
También nos puedes seguir en Twitter @Chaposoto
