Control para convencer, no para dominar

Archivo Confidencial
Por Armando Vásquez A.

Claudia Pavlovich - jun 27

EN ADMINISTRACIÓN, una de las patas que sostienen una organización es el control que, dependiendo del tipo de liderazgo, se puede volver flexible (mediante el uso de políticas) o inflexible (utilizando normas). Y el objetivo delimita el tipo de organización: pública o privada.

¿A dónde voy con esto tan básico?

A reflexionar en el posible tipo de liderazgo que  implementará Claudia Pavlovich. Habrá quienes dentro de su equipo hablen de mando duro e inflexible para que desde el principio todos caminen derecho, rígidos, como soldaditos;  habrá otros que le hablarán  al oído sobre la necesidad de escuchar a la población y tomar decisiones conforme a lo que piensa y exige.

¿A quién hacer caso?

Si nos vamos a la historia, vemos a un Armando López Nogales que empleó la táctica de patear el bote lo más que se pudiera para luego enfrentar la problemática en un estado de crisis.

El Estado no avanzó en infraestructura –no pudo lograr la desaladora, entre otras acciones ¿alguien recuerda alguna obra de su sexenio?–, pero si en materia política, tan es así que impulsó a Eduardo Bours a ocupar su lugar.

Su estilo laxo de liderazgo permitió una rara mezcla de estabilidad socio- económica- política que inició la germinación de nuevas figuras tanto en el PRI pero más en el PAN.

Con Bours tenemos la percepción de que se hizo mucho en materia de infraestructura pero su liderazgo férreo, duro, chapo pues, lo desmereció en el aspecto político y lo del ABC es la puntilla de su sexenio de pequeño tirano.

Con López Nogales vivimos un liderazgo cuya característica fue el manejo de la política como herramienta principal de mando y con Robinson Bours preponderó el uso de esquemas normativos, rígidos, como aquel de emplear exclusivamente la ley como modelo de atención al caso ABC y dejar de lado la política como herramienta complementaria de atención. Lo envolvieron después cuando los nombres de importantes figuras cercanas al Presidente Felipe Calderón empezaron a aparecer, pero ya era muy tarde para Eduardo.

Pero Eduardo imprimió un sello especial a su administración: quiso conformar cuadros básicos, nuevos, de burócratas y casi lo logra.

Con Guillermo Padrés y con Héctor Larios como secretario de Gobierno, los tipos de liderazgos eran similares, la política como herramienta de mando prevaleció pero fueron rebasados por el ansia de riqueza de los nuevos detentadores del poder.

Aunque quiso, no pudo detener a los nuevos Guachos Domínguez porque los funcionarios se dieron cuenta de las mentiras de Memo al permitir el enriquecimiento ilícito de su familia.

Votó a Larios y colocó a Roberto Romero quien a pesar de su esquematizado modelo de toma de decisiones no pudo controlar la ola de felonías y optó por blindar al círculo rojo del gobernador y crear fortalezas alrededor del poderío económico para el manejo de futuros problemas. Total, en México todo se puede con dinero.

La toma de decisiones inflexibles, de imposición, normativo los llevó al fracaso político por un lado y al económico por otro al no ampliar el enriquecimiento más que de unos cuantos. No desparramó, difuminó, ni amplió el círculo, vaya pues, no hizo clientelismo político.

En el caso de Claudia los controles empleados en la organización embonaron a la perfección con sus integrantes porque el objetivo estaba determinado: sacar a Memo y su pandilla del poder porque un sexenio más de lo mismo, Sonora no lo aguantaría.

Le tocó a Claudia encabezar la corriente, Ernesto tuvo que esperar, pero buscaba lo mismo y más de 470  mil sonorenses también. Pero hubo 400 mil que querían el continuismo.

Esas dos grandes vertientes de control –la política (flexible) y la normativa (inflexible)–, definirán el 80 por ciento del tipo de liderazgo de gobierno, y en ese porcentaje están imbuidos los factores de poder como Manlio o Ricardo, principalmente, pero hay un veinte por ciento que es netamente de Claudia y de nadie más y que es lo que definirá en gran parte el rumbo de este Estado.

En el caso de Memo Padrés, su 20 por ciento le llevó al cinismo de hacer a un lado los valores y enriquecerse sin importar el qué dirán ni el juicio de la historia, con Eduardo Bours su veinte le llevó a encerrarse en su soberbia monarquil y con López Nogales, demostró su vicio de voluntad al sufragar importantes decisiones en el alcohol y conforme a la luna.

¿Con Claudia qué pudiera ser?

De entrada le diré que la luna de miel entre pueblo y nuevo gobernante no durará un año como se acostumbra, sino mucho menos. La gente espera una demostración de poder, que haga lo que hizo Salinas recién llegó a la presidencia: encarceló a factótums de los diferentes sectores. Aunque claro, requería hacerlo pues llegó sin la sustentabilidad electoral legítima y era necesario. La gente no se lo pedía.

A Claudia si se lo están pidiendo y no hay negociación política que detenga este derecho sonorense. A partir de su primera acción se irá encuadrando en la mente la imagen que se tiene sobre la primera gobernadora que puede ser positiva o negativa, claro está.

¿Qué quiere usted de la electa gobernadora?

Desde mi percepción no solamente será la exigencia de  castigo a los culpables, sino de que lo más pronto posible reactive la economía, cumpla con los programas sociales, inyecte  eficacia al aparato gubernamental y que su equipo de trabajo cumpla efectivamente su trabajo, ah, y sin incremento de los impuestos. Que nos convenza, que no  quiera dominarnos y obligarnos a pensar como ella.

¿Y la gobernadora electa, que querrá de nosotros? Apoyo, comprensión y solidaridad con  ella. Pero para concretar esto, debemos primero conocer cuál será el tipo de controles que manejará para bailar al mismo tiempo todos y con la misma canción.

EN FIN, por hoy es todo, mañana le seguimos si Dios quiere.

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