El Zancudo
(No mata, pero hace roncha)
Arturo Soto Munguía

Hay que reconocer al candidato del PAN, Damián Zepeda Vidales, que ayer salió a reconocer que los resultados le fueron adversos, asumiendo la responsabilidad de la derrota, aunque evitando profundizar en el análisis de los motivos que llevaron a los hermosillenses a votar masivamente por la fórmula priista, que se llevó el carro completo en la capital de Sonora.
Un acto de madurez política, sin duda, aunque algunos de los presentes no vieron con buenos ojos su negativa a asumir el cargo de regidor que le corresponde, si bien dijo que compitió por la alcaldía y, si no pudo ganarla, regresará a concluir su periodo como diputado federal.
Algún colega le preguntó por el ‘voto de castigo’ hacia las administraciones del PAN y subrayó que no podría asegurar que así haya sido, pues podría interpretarse como una declaración con la que estaría responsabilizando a otros de la derrota, pero sí manifestó que los hermosillenses dejaron claro con su voto que ya no querían ser gobernados por el PAN, ni en el ayuntamiento ni en el estado.
Como sea, Damián Zepeda aguantó a pie firme el encuentro con la prensa y asumió una actitud serena, aunque obviamente estaba compungido, admitiendo sorpresa ante resultados tan contundentes como no se los esperaban.
Por su parte, durante el mediodía de ayer circuló la versión de que Javier Gándara haría lo propio, saliendo a reconocer el triunfo de Claudia Pavlovich, pero eso no sucedió. Extraoficialmente se supo que desde Palacio de Gobierno habían girado instrucciones para no hacerlo.
Este martes a las 11:00 horas, el dirigente estatal del PAN, Juan Valencia Durazo ofrecerá una rueda de prensa, en la que presumiblemente anunciará la impugnación de la elección, aunque no se auguran buenos resultados en un litigio de esa naturaleza, porque en el balance, los panistas fueron vapuleados de fea manera por los electores.
Fue tan fuerte el golpe que asestaron los sonorenses al proyecto de Guillermo Padrés y sus candidatos, que los dejó en estado de shock por casi 24 horas que permanecieron sumidos en el silencio. Ayer por la tarde comenzaron a circular las versiones de impugnación de la elección, cuando ya el propio Instituto Estatal Electoral del estado cerró el programa de resultados preliminares y anunció la victoria de Claudia Pavlovich Arellano.
El ala dura del padrecismo, sin embargo, no parece haber quedado conforme y se prepara para impugnar la elección, en una nueva lanzada que sólo augura una palada más de tierra a la tumba de un proyecto fallido, reprobado en las urnas y sobre el que pesan muchas denuncias de corrupción, tráfico de influencias, peculados, entre otras.
Suena francamente grotesco que los padrecistas se apresten a impugnar el proceso en el cual fueron descalificados a punta de votos, sobre todo porque fueron ellos quienes usaron y abusaron de las malas artes para intentar retener el poder. Y eso incluyó las prácticas más deleznables como la compra de votos, de credenciales y hasta el uso de jóvenes contratados para que, encapuchados y armados de palos, tubos y cuchillos reventaran casillas, robaran urnas y atacaran a ciudadanos pacíficos, incluyendo a funcionarios de casilla.
La imagen que proyectan es, como escribió el colega y amigo Luis Alberto Medina en su cuenta de Twitter anoche, la de unos malos gobernantes que además, son malos perdedores.
Y es que concretamente en la elección para gobernador, la diferencia entre Javier Gándara y Claudia Pavlovic es de casi siete puntos, lo que se traduce en más de 50 mil votos, una ventaja aplastante, superior a la que en su momento tuvo Guillermo Padrés sobre Alfonso Elías hace seis años, cuando los priistas tuvieron que salir a reconocer el triunfo del panista.
Hundido en el desprestigio de un gobierno que ya fue calificado en las urnas, el de Guillermo Padrés no tiene más que perder y quemará su último cartucho en el litigio poselectoral, fiel a ese estilo que ha practicado en otras ocasiones y que se conoce como “huida hacia adelante”. Total, ya están perdidos y suponen que algo pueden rescatar en esta nueva lanzada, aun a costa de terminar de perder el poco respeto que la mayoría de los sonorenses les ha retirado.
Los padrecistas van a encontrarse, sin embargo, no sólo con el repudio de una sociedad que ya los está despidiendo, sino con conflictos al interior de su propia gente, especialmente de aquellos que ya asumieron el mandato de las urnas y se están planteando como corregir errores para enfrentar futuras contiendas políticas y electorales.
Por ejemplo en Hermosillo, el equipo de Damián Zepeda ya adelantó que no interpondrá recursos legales para impugnar el resultado de la elección; en Cajeme, donde el PAN fue superado en toda la línea, dejándolos sin una sola posición, tampoco se prevén impugnaciones.
No parece ser así con la división de mapaches más viscerales que comandaron la campaña en el sur del estado: Navojoa, Etchojoa, Huatabampo y Álamos, donde también perdieron todo (excepción hecha del ayuntamiento en la Perla del Mayo, perdieron el resto de las alcaldías, las diputaciones locales y la federal).
En esa región operaron el ex secretario de Gobierno Roberto Romero López (que al parecer se quedó también sin su diputación federal plurinominal); su esposa y otros connotados bandoleros como César Bleizzeffer y Max Othón Zayas.
Los panistas ganaron Guaymas y el distrito local con cabecera en ese municipio, aunque perdieron el federal; ganaron Nogales, pero se espera un litigio poselectoral allí, debido al cúmulo de irregularidades presentadas. También ganaron en agua Prieta, rompiendo la hegemonía de la familia Terán, y recuperaron Puerto Peñasco y retuvieron San Luis Río Colorado, donde ganaron todo, incluyendo el distrito federal 01.
También ganaron los distritos federales 02 de Nogales y el 03 de Hermosillo.
Fueron victorias importantes, pero evidentemente están muy lejos de las expectativas que tenían.
Lo que parece estar en el fondo de esta impugnación del padrecismo, es un último intento por negociar impunidad para sus más destacados personeros, muchos de los cuales quedarán sin el fuero al que aspiraban buscando una posición electoral.
Y es que finalmente fueron sorprendidos por los electores, de quienes no esperaban una reacción tan adversa, pero es obvio que, como dijo Damián Zepeda, los electores enviaron el mensaje de que ya no querían ser gobernados por el PAN. Esa es una lectura que se niegan a hacer algunos, y buscan estirar la liga hasta el litigio poselectoral.
Pero ante tan contundentes resultados, no deben esperar otra cosa que una escalada en la repulsa social, que ya les cantó Las Golondrinas y lo que deberían hacer es retirarse con un poquito de vergüenza política, recoger sus cosas, reagruparse y recomponer su organización interna.
Muy importante será ver la reacción de Javier Gándara en esta nueva etapa, pues mantenerse en el carro del padrecismo rabioso puede traducirse en el más completo desprestigio, confirmando la idea de que su ambición de poder raya en lo enfermizo, algo que aún está a tiempo de evitar.
Mañana se despejarán algunas dudas.
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