
Pachuca.- La colonia Palmitas, enclavada en uno de los cerros de Pachuca, ubicada en un entorno gris en el que escasea la esperanza, está siendo transformada en un gran arcoíris. ¿Cómo? Gracias a la intervención artística que ha utilizado como gran lienzo las 209 casas de la comunidad, cuyo resultado será un impresionante macromural.
Se trata de uno de los proyectos artísticos más ambiciosos del país, que es realizado en una colonia popular de la capital de Hidalgo: el mural más grande de México, que contará con 20 mil metros cuadrados. En su elaboración participa la comunidad bajo la dirección del Colectivo Germen (CG).
Una explosión de color envuelve ya a la comunidad de Palmitas, catalogada por la Subsecretaría de Prevención del Delito y Participación Ciudadana de la Secretaría de Gobernación como uno de los sitios afectados por la inseguridad y las conductas antisociales.
Con ese antecedente, el Ayuntamiento de Pachuca de Soto lanzó la iniciativa artística del macromural, encabezada por el CG, con la que se busca beneficiar a la sociedad y a los jóvenes que son víctimas de la violencia, pero también a quienes la perpetran.
El proyecto del Macromural Palmitas, asegura Enrique Gómez, Mibe —artista y representante del CG, quien está al frente de este singular esfuerzo—, ha demostrado que la cultura es una herramienta de transformación del tejido social y de consolidación de la identidad.
“Eran familias que habían estado en constante conflicto desde hacía más de 10 años. Incluso hubo pérdidas humanas como resultado de los conflictos que aquí se vivieron”, indica el artista.
Durante el paseo por los callejones y escaleras de Palmitas, Mibe sostiene que, a través de esta estrategia artística de refuncionalización del espacio público, han utilizado la fuerza del color para una transformación dinámica de la sociedad.
“En esta colonia, fundada hace 45 años, tenemos a familias de bajos recursos, que cada día luchan por una vivienda digna. Gracias al proyecto de este macromural, desde hace siete meses se ha erradicado la violencia entre los jóvenes. Las dos pandillas que tenían problemas desde hacía años y conflictos muy pesados, ahora trabajan juntos en un mismo equipo, tolerándose, respetándose y sin ningún conflicto”.
Para Mibe, lograr que la comunidad participe en esta propuesta estética ha sido un acierto que demuestra que el arte es un derecho, no un souvenir.
