De mapaches y cosas peores

El Zancudo
(No mata, pero hace roncha)

Arturo Soto Munguía

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Confieso que dudé cuando comenzó a llegar información sobre las boletas electorales encontradas de manera circunstancial en Mexicali, Baja California, cruzadas a favor del candidato del PAN al gobierno de Sonora, Javier Gándara Magaña.

Y es que a diario, las redes sociales reportan un sinfín de acontecimientos relacionados con la coyuntura electoral, muchos de ellos falsos: imágenes trucadas, declaraciones adjudicadas a quien nunca las emitió; grabaciones editadas, videos manipulados, notas sin firma o con autores ficticios. En fin, un catálogo de leperadas sobre las cuales se debe tener mucho cuidado para no irse con la primera finta.

En este caso dudé, porque un hallazgo de esta naturaleza me remitió a ciertos pasajes archivados en el Museo del Horror de la democracia mexicana y los métodos más churrigurescos empleados por el entonces partido casi único, el PRI, para ganar elecciones: urnas embarazadas, tacos de votos, ratones locos y demás joyitas que creíamos eran material para asustar a nuestros hijos.

Pero conforme fue fluyendo la información se fueron cotejando fuentes y comprobamos que efectivamente, las boletas son reales, están cruzadas a favor de Gándara Magaña y ya la Fiscalía Especial para Atención de Delitos Electorales, de la PGR tomó cartas en el asunto.

Que sean reales no significa que sean auténticas. Es decir, las boletas existieron y alguien las dejó, casual o deliberadamente, donde fueron encontradas, para escribir un capítulo más de la historia de este proceso electoral que se perfila como uno de los más nutridos de episodios ilegales, truculentos y mapacheriles.

Más tarde, el Instituto Estatal Electoral sesionó para analizar el caso y llegó a la conclusión de que las boletas son falsas, lo que no elimina la posibilidad de que pretendieran ser usadas con el fin de alterar el resultado electoral del siete de junio. Tampoco la posibilidad de que existan más.
En este mismo espacio comentábamos hace unos días, a propósito de la presunta integración de grupos de choque y operativos de ‘movilización’ para el día de la jornada electoral, que el panismo gobernante en Sonora era un caso típico del alumno que pretende superar al maestro. Después de esto, habríamos de considerar seriamente suprimir el “pretende”.

Como era de esperarse, el asunto caló hondo en Sonora. El PAN acusó al PRI de ser el autor de esa maniobra con fines de ensuciar la elección, y el PRI acusó al PAN, concretamente al gobernador del estado, de estar intercambiando favores con su homólogo de Baja California, Kiko Vega, a quien Padrés ayudó en la elección pasada con recursos humanos, materiales y financieros para que ganara la elección.

Esta última versión es la menos descabellada, sobre todo si se considera que durante el sexenio padrecista, desde Sonora se han enviado ‘comandos’ de funcionarios públicos, muchos de ellos agrupados en la tristemente célebre falange conocida como “Fuerza XXI”, a quienes por cierto no les fue tan bien como hubieran querido, pues fueron aprehendidos por las policías locales en Coahuila, Michoacán y Sinaloa, entre otros estados.

Pero esto de las boletas ya son palabras mayores. Una lanzada de esta naturaleza va más allá de cualquier mapachería y debe ser investigada seriamente, pues el Instituto Nacional Electoral y la propia Fepade no pueden darse el lujo de validar un retroceso de décadas en la de por sí muy accidentada construcción de la democracia mexicana.

Una pena que Sonora vuelva a ser ejemplo de este retroceso, y de nuevo esté en el ojo de la opinión pública nacional por las prácticas delincuenciales de su clase política que parece empeñada en servir de inspiración para un nuevo capítulo de la saga fílmica que comenzó con La Ley de Herodes.

El descubrimiento de las ya famosas boletas electorales es apenas el principio de una investigación que la Fepade deberá apurarse a concluir, pero además, es una señal de alarma que levantó todas las antenas de la opinión pública nacional respecto a lo que pueda suceder en Sonora.

II

Ayer fue otro día intenso, como seguramente serán los que restan de aquí al siete de junio y, a no dudarlo, después de esa fecha.

Hubo una nuevas denuncia contra Javier Gándara, ahora de parte del Partido Verde Ecologista de México, quien lo acusó de daños ambientales por la operación de una granja de producción y engorda de tilapia en la presa El Novillo.

Le siguió con el pronunciamiento Manuel de Jesús baldenebro, candidato del Partido Encuentro Social a la gubernatura, que en lo que resta de la campaña, promoverá el voto útil a favor de Claudia Pavlovich, algo que algunos quisieron desestimar, pero en el contexto de una contienda tan apretada como la que se perfila, los votos que pueda ganar en el estado cuentan.

Posteriormente, Salvador Díaz, el dirigente del sindicato de trabajadores del Ayuntamiento de Hermosillo, que agrupa a mil 750 integrantes hizo un pronunciamiento a favor del candidato de la Coalición por un gobierno honesto y eficaz, Manuel Ignacio Acosta “El Maloro”.

El argumento es que los gobiernos panistas han desatendido sus demandas, señaladamente las que tienen que ver con apoyos para vivienda. El dirigente sindical expuso que El Maloro ha hablado con ellos y ha establecido compromisos en ese sentido. Dijo que los trabajadores están en libertad de votar por quien lo deseen, pero según sus cálculos, el 80 por ciento de los sindicalizados le dará su apoyo al candidato aliancista.

III

Ya sólo quedan cuatro días efectivos para hacer campaña electoral. Los principales contendientes están llevando a cabo sus cierres en los municipios más importantes del estado, echando el resto de la carne al asador y tratando de impresionar con el músculo de las movilizaciones.

A estas alturas del partido, ni eso ni lo que puedan hacer ‘por aire’ (en medios de comunicación) influirá sustancialmente en la votación. Todo queda en los respectivos aparatos para la movilización y vigilancia del voto el día de la jornada electoral.

Eso no descarta, ni mucho menos, que en los días que vienen, incluyendo los de la llamada ‘veda electoral’ se vayan a presentar situaciones de escándalo que busquen, más que ganar simpatías, descarrilar la campaña del adversario.

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