El trilema de Javier Gándara

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El Zancudo
(No mata, pero hace roncha)

Arturo Soto Munguía

Corrijo la columna de ayer. Javier Gándara no tiene un dilema, sino un trilema.

Si se asume como el candidato de Padrés, pierde por la carga negativa del gobierno en turno; si se deslinda, las consecuencias pueden ser terribles para su familia, considerando todo lo que saben de eso en el gobierno estatal, y si no hace ni una ni otra cosa, corre el riesgo de que su campaña de casi tres años, se desinfle.

Algo serio está pasando en la campaña de Javier Gándara Magaña, y vayan estas observaciones sin ánimo chingativo, sino con la intención de un enfoque más o menos objetivo a partir de elementos muy concretos advertidos por algunos protagonistas directos del primer debate entre candidatos a la gubernatura de Sonora.

Me consta que el candidato del PAN ha intentado con la elocuencia que le es posible, pintar una raya que lo distancie de la línea de continuidad de un gobierno a todas luces fallido como el de Guillermo Padrés, al que ni por equivocación se animó a mencionar durante el debate, lo que si no es inédito, por lo menos es histórico en un candidato del partido en el gobierno.

Eso muestra, sin duda, que Javier Gándara está empeñado en convencer a los electores de que él no es lo mismo que Guillermo Padrés. De hecho lo ha dicho en frases como “Javier Gándara es Javier Gándara” o “No me echen en el mismo costal”, como lo expresó en la Mesa Cancun la semana pasada.

Sin embargo, también es obvio que se le dificulta demasiado tomar distancia, sobre todo por la ‘campaña paralela’ que desde el gobierno del estado se viene desarrollando, haciendo uso del manual que han seguido en estos casi seis años y que les ha arrojado muy buenos dividendos en las finanzas personales, pero también números rojísimos en términos de credibilidad y de aceptación ciudadana.

En este espacio se ha asentado en anteriores ocasiones, que no hay antecedentes de un candidato del partido en el gobierno, que se deslinde de éste. El único que lo intentó hace 20 años fue Luis Donaldo Colosio y mal terminaba de ver un México con hambre y sed de justicia, cuando le metieron una bala en la cabeza.

El ejemplo es extremo, claro, pero guardando las proporciones hay ciertas similitudes en lo que se refiere a una campaña que no despega por el pesado lastre del gobierno en turno que el candidato debe llevar a cuestas.

Pero hay más. Platicando ayer con Carlos Navarro López, el candidato del PRD, me decía que Javier Gándara sí llevaba consigo un abultado fólder con ejemplares del periódico Reforma y otros, así como legajos similares a los que mostró Claudia Pavlovich para atajar los cuestionamientos de Jaime Moreno Berry, el candidato del PT, sobre el asunto de la avioneta rentada.

Por alguna razón que quizá algún día se explique, Javier no hizo uso de esos documentos para atacar a la candidata de la alianza “Por un gobierno honesto y eficaz”. Esa razón puede ser la indisposición del candidato del PAN a involucrarse personalmente en la guerra de lodo que a propósito de las aeronaves se ha intensificado en estos días, al revelarse información de que él también trae algunos asuntos pendientes en ese renglón, que involucran a su familia.

Y Javier Gándara siempre ha sido muy cuidadoso de no involucrar a su familia, sobre todo a su esposa, Marcela Fernández, en temas tan corrientes como los que insisten en mantener vigentes desde el ala dura del PRI, y desde el bunker de talibanes del PAN.

Pero insisto, cada vez se le dificulta más, porque este mismo día, el señor Pedro Pablo Chirinos, gurú importado como ‘non plus ultra’ de la mapachería legal y la campaña negra, firmó un desplegado que suponía, debería estar empatado con los cuestionamientos que Javier hiciera a Pavlovich, pero que no los hizo. Claro, el gurú de marras igual puede alegar, como ya lo hizo una vez, que él no firmó el desplegado, pero que investigaría quién fue el responsable.

El punto es que los intentos de Javier por convencer ya no sólo al populacho de que él no representa la continuidad del padrecismo, han resultado infructuosos no solamente en ese sector, sino que ahora tiene que lidiar con el azoro de la clase empresarial -particularmente el poderoso sector de la construcción y otros-, que se sienten amenazados incluso en su privacidad, por el espionaje del que están siendo objeto.

A este espacio han llegado documentos de uno y otro lado, en los que se acusa, juzga y sentencia tanto a Javier como a Claudia por el uso de aeronaves en condiciones de presunta ilegalidad. Reproducir todas esas acusaciones, juicios y sentencias requerirían de un espacio mucho más amplio, del que no disponemos y del que, en realidad, la mayoría de los lectores tampoco están dispuestos a ocuparse.

Claudia ya tiene una denuncia en la PGR por el presunto uso indebido de una avioneta, y Javier tiene otra por lo mismo. Es decir, entrar en la competencia por ver quién es el que puede ser inhabilitado por actos ilegales es un ejercicio ocioso, sobre todo en México, donde estos asuntos no se dirimen en los tribunales, sino en las cúpulas partidistas. Lo demás son fuegos de artificio mediático.

Lo que sí se puede advertir es que en esta contienda, los cartones no sólo se han emparejado, sino que después de venir de una precampaña de más de dos años, Javier Gándara llegó al punto en que debe tomar decisiones, porque el padrecismo no solamente no lo deja crecer, sino que para ese gran sector del panismo que en Sonora simpatizaba con la opción blanquiazul por considerarla una alternativa contra el priismo corrupto, se está dando cuenta ya de que mantener la línea de continuidad con el gobierno de Padrés, no resulta, para nada, atractivo.

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